Este último fin de semana de carnaval, tuvo lugar la Expo Rural de Bariloche. Se extendió desde el viernes 13 al domingo 15. En esos tres días se expresó el sector rural de una de las ciudades más turísticas de Argentina.
En el predio de la Sociedad Rural de Bariloche no faltó el color local, con estacas de costillares, música en vivo, peñas y una amplia oferta gastronómica que incluyó platos con productos regionales y la infaltable cerveza artesanal.
También hubo espacio destacado para los productores de diversas zonas de Río Negro, que llevaron sus productos a base de peras y manzanas, además de destilados con plantas silvestres de la zona, tejidos con las lanas de la esquila patagónica, trabajos en madera, entre otras bellezas.
Sin embargo, los protagonistas indiscutidos fueron los productores ovinos y bovinos de la zona, que están viviendo un momento de cambios y una larga lista de adversidades que llevan a repensar las actividades.
La producción de ovinos, la más extendida al sur del Río Colorado, atraviesa una tormenta de frente que se está llevando mucha de la histórica rentabilidad lanera. La sequía que se registra en casi toda la Patagonia no encuentra antecedentes cercanos en el tiempo. Los más veteranos cuentan a Bichos de Campo que no recuerdan ver los campos como los ven ahora, prácticamente sin pastos para alimentar la hacienda. Los mallines, aquellos sectores geográficos de las estancias que deberían tener extensiones verdes cual vergel, hoy se parecen más a un páramo que a un lugar de pastoreo.
Las precipitaciones son muy escasas, y ya van varios años de reducción sostenida de las mismas. Los incendios trágicos que se vieron en los últimos días son la expresión de esa sequía extrema.
Los patagónicos deben, por esta razón, convertirse también en combatientes contra el fuego, y ponerse en la primera línea para salvar los campos contra el avance de los incendios. En campo propio o el de un vecino.
También, los patagónicos sufren aun los coletazos de la crisis de la lana, que en los últimos años encontró precios históricamente bajos. Posteriormente los valores repuntaron algo, pero aún no satisfacen a quienes deben invertir en producción.
En el segundo lugar de la lista, los sureños hablan de los depredadores y de la tendencia demográfica que expulsa a personas de los campos. Producto de esto, muchos productores abandonan los campos, que se vuelven refugio de jabalíes, ciervos y guanacos, que a su vez atraen predadores como el zorro colorado o el puma. Este proceso genera proliferación y migraciones, que afectan a las majadas de quienes están cerca.
También deja despoblada la zona para encontrar mano de obra baqueana. Ante la falta de puestos de trabajo, muchos deciden mudarse a los centros urbanos y probar suerte allí, en detrimento de la vida en el campo. La falta de infraestructura ayuda mucho a ahuyentar a las personas del campo. En la Patagonia todo es más extremo, pero en este caso se trata de un fenómeno global.
En materia sanitaria, la sarna empieza a preocupar también a los ganaderos, que deben estar atentos a no tener un brote en la región, que afectaría significativamente la producción y los costos. En vastas zonas hay focos confirmados de sarna y se está trabajando en ello, pero esta problemática dejó de estar circunscripta a Río Negro y avanzó hasta Chubut. En Santa Cruz aún no hubo noticias, pero la alerta está encendida.
Como consecuencia de estas adversidades comenzó a ganar terreno la ganadería bovina, disputándole algo de terreno al ovino, pero no puede ser extendido, debido también a la falta de pasto. Los precios y la actualidad de bonanza que atraviesa la producción bovina tienta a que muchos productores achiquen sus majadas para dejar espacio a los rodeos. Además, requieren algo menos de manejo.
En la zona, debido a la crisis de los precios internacionales de la lana, comenzaron a ganar espacio razas ovinas más carniceras, y hasta planteos bovinos de ciclo completo, con cría, recría y engorde, para abastecer a la industria turística de la zona. Lo que tratan de hacer en la zona es fomentar un consumo distinto de la carne de cordero, para que sea aprovechada como cortes más pequeños para preparados diarios, contra la imagen extendida del cordero entero en una estaca para muchas personas, que se asocia a una fiesta.
La ganadería de animales mayores es una de las caras optimistas de los aciagos días de los patagónicos. Con el turismo y la exportación como grandes mercados demandantes, la esperanza no se pierde del todo. En la zona ya se habla de planteos regenerativos, diversificación productiva, incorporación de tecnología de punta, y alternativas a lo tradicional como el turismo rural.
La contracara, es la decisión oficial de flexibilizar la barrera sanitaria patagónica, que permitió el ingreso de carne vacuna con hueso al sur del Río Colorado, región que posee status de zona libre de aftosa sin vacunación, a diferencia de lo que ocurre en el norte. Según el argumento oficial, esta medida iba a llegar para bajar los precios de la carne vacuna. Tal como muestran los datos del INDEC, no solo que el precio de la carne no bajó, sino que subió, y está dejando a muchos frigoríficos patagónicos en severas crisis.

Otro de los caminos que decidieron emprender los ganaderos es el de buscar elaborar un plan para poder comercializar productos con Chile. Ya se iniciaron conversaciones con los productores trasandinos para escribir una propuesta de apertura comercial para poder importar pasturas y exportar cortes de carne a otros valores y genética. Las charlas seguirán en los ámbitos comerciales y sanitarios, pero a ellos les resolvería un cuello de botella logístico interno.
Producir en la postal perfecta no es fácil, está llena de obstáculos. Pero también de oportunidades. En este caso, luego de varios años, el agro y el turismo se comenzaron a amigar y se pusieron a trabajar juntos. Algunos hoteles ya ofrecen en sus restaurantes platos con carnes producidas en sus propios campos. Hay grandes estancias que alquilaron hectáreas para que se destinen a recorridos de cabalgatas, con grandes criadores de caballos detrás.
Detrás de esa postal idílica de montañas caprichosas, lagos de colores confusos, cielos interminables, bosques perfectos y una nieve que decora, hay una producción agropecuaria que se combina. Entre nubarrones y signos de esperanza, a la crisis del ovino muchos buscan combatirla con ingenio agropecuario.





