El productor y dirigente rural de Chubut, Osvaldo Luján, describió un presente comercial alentador para la producción ovina patagónica, con valores firmes tanto para la carne como para la lana, y mercados externos que se mantienen sostenidos, aunque advirtió que los problemas sanitarios, los predadores y las dificultades productivas continúan condicionando el crecimiento del sector.
“Desde el punto de vista comercial, estamos en un momento interesante e importante, con un buen precio de la lana acompañado también por un buen precio de la carne”, señaló Luján en conversación con Bichos de Campo. Además, destacó que los mercados internacionales muestran estabilidad y una tendencia alcista sostenida durante varios meses, impulsada por referencias positivas surgidas en los recientes remates australianos.

El contexto macroeconómico, en paralelo, también juega a favor del negocio ovino. “Hoy tenemos un dólar que, no sé si es real, pero por lo menos acompaña los costos, algo muy distinto a lo que teníamos anteriormente, cuando el tipo de cambio no llegaba ni al 50% de los costos productivos”, explicó.
En términos concretos, el productor indicó que el cordero liviano —principal categoría comercial en esta época del año— se paga entre 7.500 y 8.000 pesos por kilo vivo, mientras que el animal adulto ronda los 4.500 pesos. Sin embargo, marcó que uno de los grandes desafíos sigue siendo el bajo consumo interno de carne ovina.
“Necesitamos incentivar el consumo, porque está en niveles muy bajos si lo comparamos con otros países. Hoy el adulto se exporta, pero un mayor mercado interno daría más posibilidades de crecimiento al productor”, sostuvo.
Según Luján, los buenos valores actuales responden en parte a factores estacionales, ya que el mercado del cordero liviano se concentra entre diciembre y febrero, y también a una menor oferta derivada de la sequía que afecta a la Patagonia.
“Tenemos un problema de falta de oferta producto del clima. Las señaladas bajaron entre 10 y 15 puntos en muchos casos y, aunque no fueron malas en general, sí hubo un desarrollo corporal muy bajo de los animales”, explicó.

En el caso de la lana, el dirigente detalló que los precios registraron una suba superior al 45% en lo que va de la zafra, con valores que se ubican entre 5 y 7 dólares por kilo, cuando anteriormente se movían entre 3 y 4 dólares.
“Eso, sumado al valor del dólar, hace que hoy sea un negocio atractivo”, aseguró, aunque advirtió que persisten dificultades comerciales debido a la falta de demanda por parte de exportadores que mantienen stock acumulado en barracas.
Pero el escenario favorable de precios convive con una serie de problemas estructurales que siguen condicionando la producción ovina patagónica. Entre ellos, Luján remarcó el aumento de la predación por pumas y zorros, que pasó de niveles considerados razonables —entre 7% y 8%— a casos que superan el 20% en algunos establecimientos. “Eso perjudica la reposición de majadas y hace inviable el crecimiento natural en ciertos campos”, alertó.
Otro factor crítico es la expansión del guanaco, cuya población creciente genera competencia directa por los recursos forrajeros. “Hoy ocupa gran parte del campo y limita la disponibilidad de pasto y agua. Las fundaciones que trabajan con fauna deberían cuidar esos animales dentro de sus propios territorios, con alambrados adecuados”, planteó.
En materia sanitaria, el dirigente destacó la preocupación por la reaparición de focos de sarna ovina, que comenzaron en Carmen de Patagones, avanzaron hacia el sur de Río Negro y actualmente afectan al norte de Chubut.
“La sarna es muy perjudicial y puede impactar fuertemente en la producción, por eso se está trabajando con Senasa, INTA, veterinarios y las Coprosas provinciales”, indicó.

Actualmente existen unos 77 casos activos que involucran aproximadamente 30.000 animales. Aunque porcentualmente no representan una proporción elevada del stock total, Luján advirtió que el riesgo radica en la rápida propagación de la enfermedad.
“Hay siete departamentos que Senasa determinó que no están libres de sarna, por lo que se controla el movimiento de animales hacia zonas limpias”, explicó.

El dirigente también señaló que uno de los principales límites para avanzar en el control sanitario es la falta de recursos.
“La Coprosa provincial funciona con fondos aportados por los propios productores a través de las guías; este año fueron unos 180 millones de pesos destinados a técnicos que inspeccionan los campos, pero se necesita más apoyo del sector público”, concluyó.





Venía bien hasta que empezó a llorar por los pumas, los zorros y los guanacos.
Son incorregibles estos tipos.