La acumulación de estiércol en los feedlots es uno de los principales riesgos ambientales que tiene aquel sistema productivo. Esto se debe no solo a la contaminación que puede generar de no ser manejado correctamente, sino también al porcentaje de emisiones de gases de efecto invernadero que supone.
En ese contexto es que, desde 2016, el INTA General Villegas, en la provincia de Buenos Aires, viene impulsando distintas líneas de investigación que apuntan a analizar cómo aprovechar y valorizar ese residuo, que no hace más que crecer.
“Comenzamos a estudiar esto para ver cómo transformar el estiércol en un recurso de alto valor agronómico. Formamos parte de un grupo de gestión ambiental con distintos productores, y en 2017 iniciamos un ensayo de larga duración en el campo de uno de ellos. Al día de hoy sigue vigente y tenemos resultados muy interesantes”, contó a Bichos de Campo Marianela Diez, ingeniera en Recursos Naturales y Medio Ambiente y coordinadora del área técnica de aquel grupo.

La base para aquel trabajo fue el establecimiento de la empresa Agropecuaria La Criolla, con una capacidad para 20.000 animales. Allí se planteó un esquema de barrido de corrales, recolección de residuos, estacionamiento y compostaje, que dio lugar a un insumo con aptitud agrícola.
“Empezamos a usar el estiércol como fertilizante, en dosis de 10 y 20 toneladas, que aplicamos previo a la siembra cada dos años. Llevamos hechas aplicaciones en 2017, 2019, 2021, 2023 y 2025, con resultados interesante. Hoy analizamos no solo lo que sucede en el suelo sino también su efecto en el rendimiento del cultivo”, explicó la ingeniera.
Entre los parámetros más destacados encontraron un importante aporte de fósforo, así como cambios en el pH, la conductividad eléctrica y la disponibilidad de materia orgánica.
La clave está en la etapa del compostaje, que no solo permite eliminar patógenos sino, por ejemplo, semillas, que luego pueden convertirse en malezas a campo, y suponen la necesidad de aplicar herbicidas.
“Claro que al ser residuos orgánicos hay diferencias con una fertilización de síntesis química, donde cada uno conoce su composición y la forma en que ese nutriente está disponible. Por lo tanto, lo primordial es sostener la práctica en el tiempo”, afirmó Diez.
Y para ensayar con diferentes dosis, la experimental comenzó a aplicar este compost en parcelas propias dentro de la Experimental, en dosis de 20 y 40 toneladas año por medio. Los resultados de esa experiencia serán difundidos por la especialista en un próximo encuentro a campo con productores, a realizarse el 4 de marzo en la sede del INTA local.
-Hay varias técnicas de revalorización de residuos, y ustedes fueron por la del compost en vez de, por ejemplo, probar con un biodigestor. ¿Por qué?- le preguntamos.
-Son tecnologías con un costo totalmente diferente una de la otra, y el compostaje es la forma más económica y sencilla de estabilizar un residuo orgánico. Ya cuando hablamos de digestión anaeróbica, que es otro tratamiento, estamos hablando de una estructura totalmente diferente. Para empresas de escala pequeña o intermedia, esto se hace de manera sencilla, sin necesitar tanta infraestructura. Solo hace falta un espacio bien acondicionado.
-¿Ves a los productores enganchados con la iniciativa? ¿O todavía falta un camino por recorrer en difusión?
-Es impresionante la cantidad de consultas que tenemos respecto a este tema. El productor tiene la necesidad de limpiar los corrales, porque algunos están cargados de mucho estiércol. Es ahí que llaman al INTA y nos dicen que necesitan un protocolo para su gestión, nos preguntan por los cálculos a realizar. Hay mucha demanda de información, por lo tanto es un tema recurrente que está en la cabeza y agenda del productor.





