¿Qué puede estar haciendo un especialista en resistencia antimicrobiana, de la Universidad Complutense de Madrid, en un encuentro sobre producción de llamas en Catamarca? Nada menos que difundir información sobre esa problemática difundida globalmente, de la que ni aquellos camélidos son capaces de escapar.
“Ya hay muchas publicaciones donde se encuentran resistencias en camellos y llamas”, contó a Bichos de Campo el veterinario español, Manuel San Andrés, que durante años compartió líneas de estudio junto a profesionales argentinos como Rogelio Allignani.
“Este es un problema que hemos creado entre todos y que entonces tenemos que intentar solucionar entre todos”, señaló el especialista, que definió a este fenómeno como uno asociado al uso no adecuado o excesivo de antibióticos, que le confiere a distintos microbios la capacidad para resistir a los tratamientos que buscan combatirlos.
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“El problema es que usamos la misma dosis, la misma técnica, para una vaca, para un perro, para una llama, y eso hace que el antibiótico no funcione bien. El metabolismo, o sea, el hígado, el riñón de cada especie, funciona distinto. Entonces el tiempo y las concentraciones que alcanza ese antibiótico son distintos. Y esto no afecta solo a animales de producción sino a nuestras mascotas y a nosotros. El perro me puede pasar resistencias y yo a él, o puedo tomar alimentos que vengan con factores de resistencia. Es toda una cadena”, explicó el especialista.
Para graficar esto, San Andrés indicó que del mismo modo que las personas se automedican con antibióticos como amoxicilina durante estados gripales, los ganaderos muchas veces aplican antiparasitarios como la ivermectina antes incluso de que estos patógenos aparezcan dentro del rodeo.
“Hoy hay un 20% a 30% de resistencia a la ivermectina. Tú tratas al ganado y no desaparece todo. Además es que como matas a los que son sensibles y no a los que son resistentes. Esos caen al campo y lo toma otra vaca u otra oveja que los adquiere ya con resistencia, con lo cual le tratas y lo mismo”, dijo, remarcando que lo mismo sucede en las personas.
A continuación, dio cuenta de que en España, la Agencia del Medicamente creó el Plan Nacional de Resistencias Antimicrobianas, que ya se encuentra trabajando en algunas producciones donde se detectó el uso indebido de antibióticos.
Tal es el caso del sector porcino, donde la colistina –diseñada para atender diarreas en lechones- es aplicada en forma regular durante la época del destete.
“Cuando el cerdito se le quita de la madre, ahí entraban con unas diarreas y el productor le daba colistina. Era como un gasto asumido. Llega la Unión Europea y nos dice, por otra serie de cuestiones, que no se puede usar tanta colistina. Dice, bueno, pues hay que hacer algo para reducirla. Ahí se hizo un acuerdo entre ganaderos, la administración, veterinarios y tal 7 años se ha reducido el 97% del consumo de colistina, mejorando simplemente las técnicas de manejo”, contó San Andrés.
Esto incluyó mejoras en el saneamiento y manejo dentro de los establecimientos.
-¿Nadie está a salvo?– le preguntamos.
-No, nadie. Aquí se buscó en peces capturados en el Atlántico Sur, en las costas argentinas, incluso en Pacífico. Y dices, ¿cómo en los peces si no se les han dado nunca? Bueno, pues por la cadena, por las aguas de los ríos, es todo un circuito. Le echábamos la culpa a toda la producción de antibióticos en China, en India, al sureste asiático, porque los laboratorios vertían los residuos de las aguas y esas aguas van a los ríos, los peces toman esos antibióticos a dosis muy baja, lo justo para que sus bacterias se acostumbren, en fin, es todo un círculo. Esos peces luego entran a Europa, etc.
–Nosotros debemos estar en escala ascendente todavía en Argentina, pero ¿se puede bajar?
-Se puede y se debe bajar. Porque es que nos encontramos con que dentro de unos años, cuando necesites un antibiótico porque te tienes que operar de una hernia y tal, coges una infección, como pasaba en el siglo XVIII, XVII, y te mueres.
-¿Y qué se puede hacer?
-Lo primero que hay que hacer siempre es decir “tenemos un problema”, localizarlo, dimensionarlo e intentar solucionarlo paulatinamente. Primero tengo que saber qué dimensión tiene, cuánto antibiótico se consumo, por qué, a qué se destina. Esto tanto en humanos como en veterinaria. Cuando yo sé cuál es el problema debo ver con qué herramientas cuento. La principal herramienta es la concientización, y nosotros empezamos por las escuelas. Los niños le tiraban la bronca a los padres de que les iban a dar un antibiótico con apenas una tos. La conciencia siempre se crea de abajo hacia arriba.
-Con lo cual podemos esperar que llegue en algún momento a Argentina.
-Yo creo que antes que tarde. Sois un país que absorbe muy bien las necesidades y los cambios que se están produciendo. Para mí sois un gran país.





