La frase lanzada por Javier Milei en la apertura de sesiones legislativas —esa idea de llevar la producción agrícola argentina a 300 millones de toneladas en pocos años— empezó a funcionar como un disparador dentro del propio sector.
No tanto por su precisión técnica como por su potencia simbólica. Federico Landgraf, director ejecutivo de Casafe, se ubica en esa línea: no lo descarta, pero lo lee como un horizonte exigente más que como una meta inmediata.
“Me parece un aspiracional, la verdad que muy bueno”, definió en plena Expoagro. La cuenta es simple, pero la discusión es más profunda: qué condiciones deberían darse para que ese salto deje de ser una consigna y empiece a tener sustento.
Landgraf no esquiva la comparación regional. “Brasil está en 350 (millones de toneladas). Yo creo que podemos pensar en objetivos, no sé si tan lejanos, pero sí tan desafiantes como eso”, aseguró.
Desde la mirada de la industria de fitosanitarios, uno de los engranajes clave en la intensificación productiva, el punto de apoyo está en la innovación. “Tenemos una oportunidad de la mano de la innovación, de la mano de los aumentos de la productividad, del reconocimiento de la propiedad intelectual. Todo ese paquete nos puede llevar en un mediano plazo a soñar con unas 300 millones de toneladas y que sean posibles”, sostuvo.
Pero ese “mediano plazo” es, justamente, uno de los nudos del planteo. “La clave va a estar en qué entendemos por mediano plazo”, advirtió. Y dejó una frase que resume cierta idiosincrasia local: “En Argentina a veces mediano plazo son dos semanas”. Más allá de la ironía, lo que propone es correr la mirada hacia una planificación sostenida: “Tenemos que pensar en una proyección de largo plazo planificada”.
En ese esquema, la innovación no aparece como un concepto abstracto sino como un flujo concreto de tecnologías en desarrollo. “Hoy tenemos un pipeline de innovación que es súper desafiante para adelante, pero la potencialidad que va a llevar todo lo que es inteligencia artificial y las herramientas actuales nos pueden sorprender rápidamente”, explicó.
Ahora bien, para que ese flujo se traduzca en mayor productividad -y más toneladas- hay condiciones estructurales que no pueden soslayarse. Landgraf menciona algunas de manera general: “Tenemos que acompañarlo con la logística”. Es decir, infraestructura, reglas de juego y un entorno que no limite la adopción tecnológica.
Dentro de ese paquete, hay un punto en el que insiste con especial énfasis, y es el de la propiedad intelectual. Aunque en el debate público suele asociarse casi exclusivamente a la Ley de Semillas, desde CASAFE buscan ampliar el foco. “Tenemos que pensar en la propiedad intelectual de una manera amplia”, remarcó.
Mirá la entrevista completa con Federico Landgraf:
En el caso de los fitosanitarios, el eje está puesto en la protección de los datos que respaldan los registros de nuevos productos. “Para registrar un producto fitosanitario necesitás hacer ensayos no solamente de eficacia, sino vinculados a la toxicidad, ecotoxicidad y al impacto en el ambiente”, detalló. Ese proceso, además de complejo, es costoso y prolongado.
Por eso, plantea la necesidad de resguardar esa información. “Toda esa serie de ensayos, que muchas veces son los más difíciles y más costosos, necesitan un paraguas de protección. Para que la información no sea utilizada por otros y no haya competencia desleal”, explicó. Y aclaró el espíritu del planteo: “No hay una restricción a que otros generen esa información, pero sí que quienes hicieron el camino tengan un reconocimiento”.
“Si generás un desarrollo y después te lo pueden copiar rápidamente, te va a desalentar en el proceso de innovación”, sintetizó. Por eso insiste en que “el marco jurídico que acompaña a la innovación tenga su protección” para generar un círculo virtuoso.
Según indicó, este tipo de esquemas ya funcionan en otras regiones. “Es una protección que la tiene Estados Unidos, la tiene la Unión Europea, la tienen todos los países que promueven la innovación. Argentina es un pendiente”, señaló, aunque se mostró confiado en una convergencia futura.
En definitiva, la respuesta a la pregunta inicial queda abierta, pero encuadrada. Para Landgraf, las 300 millones de toneladas no son una quimera, pero tampoco un resultado automático. Son, en sus términos, un “hermoso aspiracional” que exige algo más que voluntad política: requiere innovación sostenida, reglas claras y una mirada de largo plazo que hoy, en la Argentina, todavía está en construcción.




