Mientras que en Brasil el aceite de soja es un commodity estratégico empleado para consolidar la soberanía energética del país, en la Argentina se usa como fuente de recaudación de impuestos a la exportación.
En agosto del año pasado Brasil incrementó el uso obligatorio del biodiésel con un corte del 15% con gasoil, lo que promueve un crecimiento estructural de la molienda de soja, dado que la mayor parte del biocombustible se elabora con aceite de soja.
Mientras que en 2023/24 un 54% de la producción brasileña de aceite de soja se empleó para elaborar biodiésel, la consultora S&P Global Energy estima que esa proporción terminaría en un 52% en 2024/25. Eso implica que el aceite de soja es un commodity eminentemente energético en ese país.
De todas maneras, el aceite de soja tiene en los últimos meses una fuerte competencia de un subproducto vacuno. Cuando Donald Trump impuso en agosto pasado un arancel adicional del 50% a la mayor parte de los productos de ese origen, gran parte del sebo bovino que se exportaba a EE.UU. comenzó a redireccionarse a la industrial brasileña de biodiésel, lo que promovió un menor uso de aceite de soja para ese propósito.
Como a partir de 2026 EE.UU. implementó restricciones para el ingreso de materias primas importadas destinadas a la elaboración de biodiésel, se prevé que ese fenómeno se profundice, a pesar de que las tarifas del 50% fueron en gran parte removidas a fines del año pasado por parte de Trump.
De todas maneras, el aceite de soja recuperaría posiciones cuando el gobierno implemente el corte con biodiésel al 16% (B16), algo que sucederá en algún momento del presente año.
La contrapartida del proceso implementado en Brasil es una mayor producción de harina de soja, lo que está llevando al país a aumentar de manera progresiva la oferta exportable de ese producto, además de mejorar la competitividad interna de los productores de proteínas animales al contar con harina de soja abundante y con precios reducidos.
La situación en la Argentina es completamente diferente porque el gobierno abandonó la política de promoción de biocombustibles y el uso interno de aceite de soja para elaborar biodiésel es marginal.
Con un derecho de exportación del 22,5% sobre el valor FOB, el gobierno argentino prioriza la exportación del producto con el propósito de promover la recaudación tributaria.
Argentina exporta la mayor parte del aceite de soja a India, donde compite con el aceite de palma del sudeste asiático, lo que implica que debe tener un precio FOB bajo para poder ser competitivo en ese destino.
Por fortuna, como Indonesia –principal productor de aceite de palma– implementó un corte obligatorio de biodiésel con gasoil del 40% y planea incrementarlo al B50, el valor del aceite de palma (insumo base del biocombustible) se mantiene relativamente firme.








