Mientras que en el mundo el “arancelazo” general aplicado por Donald Trump provocó un terremoto económico, los productores brasileños de soja apenas lo sintieron.
El valor de referencia del maíz disponible en Campinas terminó este viernes en un promedio de 132,8 reales por bolsa de 60 kilogramos para registrar una suba intradiaria del 0,6%, según datos del Centro de Estudos Avançados em Economia Aplicada (Cepea-Esalq) de la Universidade de São Paulo.
La razón detrás de esa alza es la depreciación que experimentó el real brasileño, que este viernes tuvo su mayor alza diaria en poco más de dos años y superó los 5,80 R$/u$s después de que China anunciara represalias contra el aumento de aranceles del gobierno de Trump.
El dólar comercial en el mercado cerró este viernes en un promedio de 5,83 reales con un alza intradiaria del 3,6% y con un máximo registrado en la jornada de 5,84 R$/u$s. Ese ajuste permitió más que compensar la baja del precio internacional de la soja.
Con una macroeconomía ordenada y una inflación minorista anual que se encuentra en el 5,0%, una devaluación de gran magnitud representa una mejora inmediata de la competitividad para los sectores exportadores sin que eso genere presiones inflacionarias.
Justamente, una de las principales herramientas empleadas para contener la inflación es la tasa de interés de referencia interbancaria (Selic), que viene siendo ajustada al alza por el presidente del Banco Central, Roberto Campos Neto, con el propósito de que las mismas sigan siendo positivas en términos reales. Actualmente se encuentra en el 14,2% anual.
Si bien el Banco Central de Brasil suele intervenir en el mercado en situaciones extremas para suavizar las fluctuaciones cambiarias, el precio del dólar se mueve en función de la dinámica coyuntural, lo que permite aprovechar oportunidades y blindarse ante crisis externas.
Cuando el entorno se torna incierto –como en la actualidad– y la capacidad competitiva de los sectores exportadores pierde potencial, entonces el ajuste del tipo de cambio permite absorber tales dificultades para mantener relativamente estable la capacidad de generación de divisas de la economía.