Con el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea ya firmado, cada región de la Argentina empieza a sacar cuentas. Y mientras algunas se frotan las manos para exportar más, otras se preparan para una durísima batalla comercial, tanto en franja exportadora como en las góndolas del mercado interno.
Este es el caso de la región de Cuyo, donde dos de sus tres provincias (Mendoza y San Juan) sostienen su matriz productiva agroindustrial sobre productos mediterráneos; los mismos que producen en gran cantidad y calidad España, Italia, Francia, Portugal y Grecia: hablamos del vino y el aceite de oliva.
El temor en Cuyo, sin embargo, no es la paridad de los productos europeos con los argentinos. El verdadero terror es a los subsidios que reciben los europeos en toda la cadena de producción y que hacen prácticamente imposible competir en precio.

La provincia de San Juan es la mayor productora de aceite de oliva extra virgen por lejos en la Argentina, mientras que Mendoza es la mayor productora de vinos. Sin embargo, el consumo en el mercado nacional de aceite de oliva es casi inexistente mientras que el vitivinícola es todo lo contrario: 75% del vino que se elabora se consume en nuestro país.
Y aunque las realidades de ambas actividades son completamente opuestas en el mercado interno, la suerte que temen correr con los subsidios europeos es la misma.
Para los dirigentes consultados por Bichos de Campo, el acuerdo de libre comercio con Europa “es una complicación”, “un desafío para el cual habrá que prepararse”.

Daniel Fernández, presidente de la Cámara Olivícola de San Juan, advierte que “es crucial defender el mercado local del fraccionado porque el ingreso de aceite europeo va a impedir el desarrollo de la industria nacional en esa franja”.
“Hoy -precisa- Argentina consume apenas entre 160 y 220 gramos anuales per cápita de aceite de oliva mientras que en España se consumen 8 kilos per cápita. Aquí necesitamos desarrollar el mercado interno para darle valor agregado a la industria, pero este acuerdo va a impedir dar ese paso, porque ya con un arancel vigente del 31,5% para ingresar a nuestro país, españoles e italianos igual están ofreciendo olivas más baratos en las góndolas locales”.
La palabra clave una vez más son los subsidios. La actividad del oliva está tan subsidiada en Europa que puede competir en el mercado interno argentino aún pagando un espeso arancel. El acuerdo de libre comercio reducirá gradualmente ese arancel en 15 años, y año a año será más fácil para ellos.
La visión es parecida en buena parte de la industria vitivinícola. Sergio Villanueva, gerente de la UVA (Unión Vitivinícola Argentina) y del Fondo Vitivinícola, que tiene a su cargo la promoción del vino argentino en el mercado interno, y miembro de la mesa ejecutiva de la COVIAR (Corporación Vitivinícola Argntina), alertó: “Acá, lo que se va poner en juego es el mercado interno, porque es donde vendemos el 75% del vino que producimos. Lo bueno es que el arancel cero llegará en 8 años y tenemos todo ese tiempo para prepararnos”.

Villanueva, recalcó que “la agricultura europea es el reino del subsidio, está presente en todo el proceso de producción y comercialización del vino, incluida las exportaciones”, pero señaló que la vitivinicultura argentina puede competir cara a cara con Europa por el precio en las góndolas, aunque el problema es la magnitud del rival.
“En precio sí podemos pelear, pero bueno, ellos tienen un mar de vinos y un esquema. Son grandes productores, o sea, nosotros somos el Deportivo Maipú y vamos a competir contra el Real Madrid. Está todo bien, podemos, es un partido 11 contra 11, pero ellos tienen mucho potencial. Estamos hablando de que estamos ante la mayor concentración de producción vitivinícola del mundo”, graficó el directivo.
En ese sentido, el directivo resaltó la postura que mantuvo la institución que representa junto a otros sectores de la vitivinicultura, en la gran pulseada que se dio por este tema durante los años del gobierno de Mauricio Macri, cuando se debatieron los términos del acuerdo para el sector.

“Fue una discusión muy ideologizada en aquel momento -recordó Villanueva- en donde las grandes bodegas querían firmar con arancel cero desde el primer momento, mientras que nosotros, que estamos más cerca de los medianos y pequeños bodegueros y productores, propusimos una reducción gradual del arancel durante 8 años. Esa postura fue la que finalmente se impuso y el actual marco económico e internacional nos está dando la razón”.
En el rubro exportador, los principales mercados del vino argentino son Estados Unidos, Brasil e Inglaterra. “Nuestro mercado en Brasil viene creciendo, pero en algún momento nos vamos a topar con la competencia de Europa cuando los aranceles desaparezcan”, señaló Villanueva.
La industria olivícola también logró en su momento sostener una barrera arancelaria con reducción gradual por el máximo de tiempo para defender la actividad de los productos de Europa.
“Se consiguió en 1998 que la quita de los aranceles fuera en 15 años, que es el máximo, porque demostramos todos los subsidios que tiene la Unión Europea con respecto a la producción olivícola, principalmente con España”, explicó Daniel Fernández.
Aún más, puesto en porcentajes, el 10% de arancel que hoy tiene el aceite de oliva argentino para entrar a Europa, se eliminará de inmediato con la entrada en vigencia del acuerdo, frente los 15 años que tienen que esperar los europeos para reducir gradualmente el arancel de 31,5% para ingresar con 0% a la Argentina.
Sin embargo, aunque parece una gran ventaja, Fernández explica que no es tal: “La Unión Europea subsidia a través de un tratado a la producción olivícola, principalmente a la de España, que además es ampliamente subsidiada por el Estado español y también por las distintas comunas donde se desarrolla la actividad”.

Describió que “el esquema de trabajo cooperativista que tienen allá y la tendencia de no generar que la gente se vaya de los pueblos a las ciudades, hace que España subsidie fuertemente todo el proceso del aceite de oliva”.
El presidente de la Cámara Olivícola de San Juan agregó además que “mientras en aceite extra virgen Estados Unidos es nuestro principal mercado, por otro lado, tenemos en Brasil como nuestro principal cliente en las aceitunas en conserva, producción donde la provincia de La Rioja es más fuerte, y allí también corremos serios riesgos de perder ese mercado con la política de subsidios europea”.
Además de la eficiencia, la reducción de costos, la creatividad en la comercialización y una reforma impositiva pendiente que resulte beneficiosa a largo plazo para el sector productivo, el arma clave que esperan utilizar en Cuyos los dirigentes de la olivicultura y la vitivinicultura, para frenar los efectos negativos del acuerdo, es la salvaguarda.
El referente vitivinícola Sergio Villanueva indicó que “además de estar preparados, la lucha la daremos con las salvaguardas, que se utilizan para proteger actividades cuando los desequilibrios son muy grandes”.
A priori, el acuerdo no impide la comercialización de productos subsidiados, pero Villanueva entiende que sí se puede cuestionar el nivel de subsidio, si este se convierte en una condición crucial para ganar mercado.
Sin embargo, el dirigente aclara que no es tan simple: “No bastará con que denunciemos que hay subsidios, habrá que demostrarlo, presentarlo en un tribunal que esté previsto en el acuerdo para todas estas discusiones”

El sanjuanino Fernández también mencionó la misma llave para blindar a la actividad de los riesgos que corra: “Hay en el acuerdo de libre comercio distintas cláusulas de salvaguarda, que en caso de que los precios afecten a la producción nacional se frena la baja de aranceles”.
Y agregó: “Queremos llevar esto a los legisladores cuando tengan que tratarlo, para que vean la problemática que tenemos, porque toda la actividad olivícola está preocupada, tanto en San Juan como en Mendoza y el resto de las provincias productoras”.
La Organización Mundial del Comercio señala que “las medidas de salvaguardia se definen como medidas “de urgencia” con respecto al aumento de las importaciones de determinados productos, cuando esas importaciones hayan causado o amenacen causar un daño grave a la rama de producción nacional del Miembro importador (artículo 2)”.
Y explica que “que en general adoptan la forma de suspensión de concesiones u obligaciones, pueden consistir en restricciones cuantitativas de las importaciones o aumentos de los derechos por encima de los tipos consolidados”.




