El pedido me resultó un tanto llamativo porque no suelo cubrir cuestiones triviales, pero, de todas maneras, asistí a la reunión –solicitada por el agroinfluencer– para averiguar de qué se trataba.
– Mirá –me dijo con una mirada sobreconfiada–, yo tengo un campo de cría y estoy buscando un lugar para recriar, pero en mi zona no encuentro a nadie que quiera hacerlo en el marco de un contrato de pastaje.
– Pero podés usar las redes sociales para buscar un interesado –repuse–. Con millones de seguidores, seguro que alguno vas a encontrar.
Me dijo que no le gustaba mezclar las cosas, porque su empresa de marketing digital (así la denominó) era una cosa y la producción pecuaria era otra diferente. “Mejor cada cosa en lugar”.
El agroinfluencer quería un acuerdo 50-50%
– ¿Repartir en partes iguales los kilos ganados?
– Sí, en partes iguales, pero en mi caso abonando el pastaje con bienes y servicios alternativos.
O sea quería todos los kilogramos ganados para él, mientras que la parte del propietario del campo sería abonada con apariciones públicas en videos del personaje, canjes de indumentaria (que posiblemente no eran de su talle o simplemente no le agradaba) y bolsas de semilla de girasol. Incluso me mostró algunas.
– ¿Es linoleico o alto oleico? –pregunté.
– Me mataste con esa pregunta; lo mío es la ganadería. Pero parece que el girasol se va para arriba.
Ni ganas tuve de reírme. Quise saber que tenía que ver yo con todo eso. Me explicó que quería le busque un interesado.
– Siempre leo tus notas sobre ganadería, me parecen muy interesantes.
– Muchas gracias, pero no creo que sea la persona más indicada para llevar a cabo esa tarea. El ámbito ganadero está colmado de profesionales…
– Pero no, querido, por favor. ¿No querés ganarte una cena para cuatro personas en esta cadena de hamburgueserías? –dijo mientras agitaba en el aire unos papeles como si fuesen billetes de lotería de un premio multimillonario.
– Me sorprendés con esa oferta. La verdad que es muy tentadora,
– Ya nos vamos entendiendo, ¿viste?
Le dije que sí, que estaba encantado. Dejé pasar dos días y le pasé el contacto de un productor que tenía el campo arrasado por una granizada que había terminado de liquidar el poco pasto que había dejado una sequía devastadora.
– Llamalo que es admirador tuyo y tiene el campo que le explota de pasto –dije. Luego de eso, no volví a saber de él. Hasta que un día descubrí que, finalmente, había encontrado un socio, aunque, con el tiempo, las cosas no quedaron bien entre ellos. Quién sabe. Quizás las apariciones en los videos no tenían tanto impacto como imaginaba. O la ropa era horrible. O la semilla de girasol era un perno agronómico. O el canje por hamburguesas incluía una feta de carne pero sin ningún otro acompañamiento.





