Como docente de la Universidad Nacional de Rosario y especialista en aplicaciones agrícolas dentro del INTA Oliveros, Eduardo Vita analiza de cerca la transición que se viene dando en el terreno de las pulverizaciones, que hoy tienen a la mano un porfolio ampliado de tecnologías, con equipos tanto terrestres como aéreos.
La renovación de las herramientas disponibles lo obliga a realizar periódicas evaluaciones, y desde hace algún tiempo su foco se encuentra puesto en el uso de drones, cada vez más difundidos en el sector.
“El dron tiene el potencial de hacer distintas labores dentro del agro. Les puedo enganchar una sembradora, una fertilizadora o una pulverizadora. Y en algunas partes del mundo también se usan para carga. Pero no es que reemplacen. Yo no puedo pensar en trabajar con un dron pulverizador como lo hago con un equipo pulverizador terrestre, ya sea de arrastre, montado o autopropulsado. Yo acá necesito capacitarme, formarme, ya que no solamente tengo que ser aplicador sino piloto”, señaló Vita en conversación con Bichos de Campo.
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Algunas de las principales diferencias que el especialista considera que deben ser tenidas en cuenta son, por ejemplo, los tamaños de gota. Mientras algunos equipos utilizan pastillas hidráulicas para generarlas, otros trabajan con discos centrífugos. Allí, las revoluciones por minuto son las que inciden en los tamaños.
Por otro lado, los drones no cuentan un agitador, pieza clave para mantener estable la mezcla entre el agua y los agroquímicos utilizados.
“En los equipos terrestres estamos acostumbrados a tener el sistema de agitado. A través del mixer o el transportador, cargo ese fitosanitario en el tanque y genero el caldo. En los drones, el caldo necesito generarlo en forma externo, como lo hacen los aviones. Y una vez cargado, necesito que su estabilidad sea superior al tiempo de vuelo que me da la batería, para no tener problemas en la calidad de aplicación. Si el tiempo de vuelo es de 8 minutos, requiero que el caldo esté estable por al menos 10”, alertó Vita.
Si bien los productores adoptan nuevas tecnologías con rapidez, en este caso el especialista llamó a tener cautela y a estudiarla con rigurosidad antes de aplicarla en el campo.
“La tecnología está viniendo muy rápido y muchas veces las normas vienen por detrás. Esta, en particular, está creciendo mucho, es muy interesante y va a permanecer. Pero necesitamos aprender a usarla correctamente para no generar tratamiento de mala calidad ni para que ella pague el pato por alguna mala práctica que estemos haciendo”, afirmó.
En este sentido, destacó el trabajo coordinado entre el INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias, para avanzar en metodologías que faciliten, por ejemplo, conocer el tamaño de gota que se obtiene según la fuerza centrífuga, el ancho de trabajo e incluso para definir los planes de vuelo más idóneos.




