En el centro de Corrientes, la Sociedad Rural de Mercedes funciona como una suerte de termómetro productivo de una región donde la ganadería no solo es actividad económica, sino identidad. Allí, la agricultura intenta hacer pie, pero todavía choca con límites estructurales que explican por qué el ternero sigue siendo el gran protagonista.
Raúl Roldán lo resume clarito. Expresidente de la Rural local, productor ganadero, cabañero y veterinario, es cuarta generación en el campo y conoce como pocos las fortalezas y las debilidades de esta zona. “Esta es una zona netamente ganadera donde la agricultura no prospera o está empezando recién, porque es una zona con mucha deficiencia de fósforo y suelos muy ácidos, lo que hace que los rindes en agricultura sean muy bajos”, explica.
El problema no es solo técnico, sino económico. “El costo de la implantación es lo que vos sacás de la cosecha y no te queda prácticamente una diferencia a tu favor. Entonces, no es que no hacemos agricultura porque somos haraganes, sino que directamente el límite que tenemos para producir es muy chiquito”, aclara.
Por eso, en gran parte del centro correntino, el esquema sigue siendo el de cría bovina, producción de terneros y una fuerte dependencia de otras regiones para el suministro de grano. “Normalmente nos proveemos de grano de otras zonas. Del sur, de la zona productora de grano de Chaco o del sur de Entre Ríos. En cualquiera de los dos casos estamos hablando de unos 500 kilómetros de flete para traer el grano”, detalla.
Ese costo logístico es una de las barreras invisibles que hacen que la agricultura, salvo excepciones puntuales, no logre competir en igualdad de condiciones. Mientras tanto, la ganadería se apoya en una ventaja comparativa histórica: el ambiente.
“Esta es una zona de pastos muy ricos, muy apta para la ganadería extensiva. Principalmente acá es una ganadería de cría”, señala Roldán. Y agrega un dato clave que explica por qué los terneros de Mercedes son buscados en todo el país: “No es de balde que el ternero de la zona de Mercedes es requerido en todo el país para la invernada. La gente del sur viene y compra con toda tranquilidad porque sabe que lleva una muy buena hacienda, bien trabajada y con muy buena genética”.
Mirá la entrevista completa con Raúl Roldán:
Esa reputación se construyó con años de selección, manejo y cultura ganadera. “Se maneja muy bien la hacienda, hay muy buena incorporación genética en los ganados. Eso es una fortaleza muy clara de nuestra zona”, subraya.
Sin embargo, no todo es ventaja. El clima subtropical y la ubicación geográfica traen aparejados desafíos sanitarios que hoy están en el centro de la escena, con la garrapata como principal enemigo.
“Estamos en una zona norte, subtropical, con una carga importante de parásitos internos y externos. Principalmente ahora se nos está complicando con el tema de la garrapata”, cuenta. El problema no es nuevo, pero sí volvió con fuerza.
Las consecuencias son concretas y costosas. “Ahora estamos con serios problemas de infección de garrapata en los campos y, por consiguiente, una mortandad importante de hacienda por el problema de la tristeza”, advierte.
El impacto productivo se siente en varios frentes. “Se nota cómo baja tanto en los porcentajes de preñez como en la ganancia de peso y, por supuesto, en la mortandad de la hacienda”, enumera. Y agrega un dato técnico clave: “Estamos pasando de un esquema de hacienda sin inmunidad a empezar a tener inmunidad. En ese proceso hay una mortandad importante, porque lleva aproximadamente tres o cuatro años para que la hacienda se inmunice”.
En ese contexto, la agricultura aparece como una alternativa parcial, con el arroz como cultivo estrella que empezó a cambiar la fisonomía productiva de la zona. Aunque para los productores tradicionales no siempre es fácil dar el salto.
“Con capitales importantes se incursionó en la explotación y en el cultivo del arroz”, relata Roldán. “Hoy Mercedes debe ser uno de los departamentos con más hectáreas sembradas de arroz, con dos empresas grandes que siembran alrededor de 5, 6 o 7 mil hectáreas cada una”.
La llegada de esas empresas no solo sumó hectáreas, sino también servicios y tecnología. “Antes conseguir una cosechadora era casi imposible. Hoy cruzás los caminos y hay máquinas por todos lados. También hay contratistas, aviones que fumigan. La zona se transformó”, describe.
“Porque seamos ganaderos no es que no podamos pensar en la posibilidad de la agricultura”, afirma. En su propio establecimiento ya hay infraestructura pensada para el arroz. “Tenemos una represa de 550 hectáreas de espejo de agua que da para sembrar casi mil hectáreas de arroz. Eso todavía no lo estamos haciendo, pero está pendiente, es una carta pendiente de jugar”, admite.
Además, las grandes empresas ya están probando otros cultivos. “Están haciendo un poco de maíz, un poco de trigo, probando variedades, cantidades de fertilizantes, todo lo necesario para ir mejorando los rindes. Ya están logrando algunos rindes interesantes”, cuenta.
“Yo creo que de acá a 10 o 15 años va a surgir otra vez un cambio. Vamos a pasar de lo que conocimos como ganadería tradicional a una zona que va a ser prácticamente mixta”, proyecta.






LA LUCHA DE ALDO GALLO Y PREMIUM BEEF CON UNA JUSTICIA QUE DUERME MIENTRAS DELINCUENTES ESTAFADORES SAQUEAN SU FRIGORIFICO.
La indiferencia institucional de la justicia en la causa del Frigorifico Premium Beef.
En las localidad de Curuzú Cuatiá, Corrientes, se traza un cordón vital para la industria frigorifica y su apalancamiento a la producción ganadera, pero desde hace tiempo el aire viene siendo enrarecido. Curuzú Cuatiá desde hace tiempo, o al menos desde 2008, viene siendo escenario de una tensión silenciosa que trasciende el hecho delictivo para instalarse en el terreno de la crisis institucional. Las noticias recientes que inundaron los medios locales hace que, como damnificados, no debemos permanecer ajenos a una realidad donde la norma escrita parece haber perdido su fuerza coercitiva frente a la dinámica del despojo.
El robo y usurpacion del frigorifico Premium Beef y del saqueo de todas sus herramientas y utiles en esta ciudad ha dejado de ser el “delito de oportunidad” para transformarse en una estructura organizada que desafía las bases mismas del contrato social. Cuando un empresario invierte y luego sufre la sustracción de su empresa, no solo está perdiendo su activo mas importante, sino que está frente a la pulverización de su seguridad jurídica junto a todo el esfuerzo que eso le costó, incluso por generaciones.
Desde la óptica constitucional, el derecho de propiedad consagrado en el Artículo 17 no es una mera expresión de deseos, sino una obligación de resultado para el Estado. Sin embargo, hoy en Corrientes, este derecho se encuentra vulnerado y la justicia de Buenos Aires que entiende en la causa no puede ni siquiera hacer cumplir un mandamiento de constatcion y desalojo, y ve que tampoco parece importarle los tiempos ya que llevamos 18 años esperando justicia y 13 años esperando sentencia y en 6 meses no ha podido lograr que la justicia de corrientes diligencie un mandamiento como corresponde permitiendo asi que el saqueo siga dia a dia en nuestra planta frigorifica. El impacto económico es devastador, pero el impacto moral de la impunidad es lo que termina por desarticular el tejido productivo. La recurrencia de los hechos sugiere una logística que solo puede prosperar allí donde el control estatal se ha vuelto ausente, ciego, o peor aún, donde la indiferencia se ha institucionalizado.
El exceso de ritualismo: El Proceso como Obstáculo
Uno de los puntos más críticos que observamos desde la práctica de esta batalla juridica es la metamorfosis de la Justicia en un sistema de ritualismo excesivo que en su afán por cumplir con formas procesales muchas veces vacías de contenido material, termina por revictimizar al empresario inversor.
Es común que en el expediente la coma, el plazo y la formalidad técnica prevalezca sobre la verdad del inmueble y sus corrales cada vez mas vacíos o por el contrario cuando la celeridad va de la mano de actos con cierta imagen de legalidad pero que el fondo queda muy lejos de la verdad real que en definitiva debe proteger la justicia. Cuando el proceso judicial se vuelve un laberinto de requisitos burocráticos, se produce lo que en derecho conocemos como una denegación de justicia encubierta. Una justicia que se venda los ojos para no ver la asimetría de recursos entre el infractor —muchas veces amparado por estructuras de poder local— y el empresario dagnificado que debe abandonar sus tareas para peregrinar por fiscalías y juzgados, es una justicia que ha dimitido de su función social.
La lentitud procesal no es un defecto administrativo menor; es una herramienta de impunidad. Un proceso contra el patrimonio del productor que se dilata años, perdiendo pruebas fundamentales y permitiendo que los autores mantengan su plena capacidad de acción, actúa como un perdón de hecho casi como un socio de los delincuentes.
El ritualismo, en este contexto, se convierte en el refugio perfecto para la perdida patrimonial de quienes con esfuerzo y trabajo vienen afrontando todos los riesgos propios del giro económico y comercial de la industria y la ganadería y que mueven la economía de la provincia en un alto porcentaje.
La Deuda de la “Tutela Judicial Efectiva”
El concepto de Tutela Judicial Efectiva implica que el Estado debe proveer no solo tribunales abiertos, sino soluciones reales y oportunas, sin embargo para la gravisima situación en la que nos encontramos damnificados y despojados de nuestro bien, en esta justicia, este principio parece ser una quimera. La distancia entre el escritorio judicial y la realidad del frigorifico es hoy un abismo.
La falta de una dedicacion y aplicacion rapida de justicia clara que no llega nunca ni siquiera a poder ordenar y hacer cumplir un mandamiento o un desalojo , demuestra una falla en la coordinación de los poderes públicos. No se trata solo de la policía que no patrulla o del fiscal que no actúa; se trata de una maquinaria estatal que, por acción u omisión, ha permitido que el empresario propietario inversor se sienta un ciudadano de segunda categoría, completamente desamparado y desprotegido.
La sospecha de connivencia que sobrevuela en nuestra causa por el frigorifico ahi en curuzú no nace del capricho, sino de la observación de una realidad donde el delincuente parece conocer los tiempos y las debilidades del sistema mejor que la propia autoridad. Esta percepción de “zona liberada” erosiona la confianza en las instituciones democráticas y empuja a la sociedad hacia situaciones de desesperación que el sistema estatal debería prevenir.
La Responsabilidad del Estado por Omisión
Desde el derecho administrativo y civil, debemos recordar que el Estado es responsable por la “falta de servicio”. Cuando la inseguridad se vuelve crónica y la justicia se torna inoperante, el Estado incumple su deber primario. Los propietarios no estamos pidiendo privilegios, estámos exigiendo la presencia real y efectiva del estado, exigimos orden y justicia.
La justicia con los ojos vendados debe ser un símbolo de imparcialidad, no de ceguera ante la evidencia. Se Necesita que el Ministerio Público y el Poder Judicial abandonen la comodidad del despacho y entiendan la urgencia del territorio. La cadena de comercialización ilegal de carne, el mercado negro que moviliza millones de dolares, requiere una investigación que, incluso, cruce fronteras departamentales.
Conclusión: El Retorno al Estado de Derecho
Para que podamos volver a crear empleo a mas de 200 familias curuzucuateñas necesitamos algo más que un clima favorable, necesita Paz Social. Y la paz social es hija directa de la Justicia. No hay producción posible bajo el régimen del despojo, del miedo y la desprotección.
Es imperativo que el sistema legal que entiende en esta causa evolucione hacia una mayor agilidad, eliminando los resabios de un ritualismo que solo beneficia a quien infringe la ley. La ley debe ser un escudo para el hombre de bien y una espada para el delincuente, y no —como parece ser por momentos un laberinto donde solo se pierde el que busca justicia.
La recuperación de la seguridad juridica entre otros es la gran asignatura pendiente. Como empresario de la industria de la carne y propietario del frigorifico Premium Beef nuestra misión es no ser indiferentes frente a estas grietas en el sistema y exigir que la balanza de la justicia recupere su equilibrio, antes de que el silencio y la indiferencia conviertan a nuestro frigorifico en otro desierto improductivo para Corrientes.
ALDO HUGO GALLO.
Pte. PREMIUM BEEF S.A.
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