Durante décadas la industria curtidora y la marroquinería gozaron de un régimen de protección que les abarataba notablemente el precio del cuero y que era visiblemente injusta con la cadena de ganados y carnes, que cobraba la mitad por ese subproducto de la faena.
A inicios de los 70 se dispuso una intervención en el mercado que fijaba un descuento o retención sobre el valor del cuero salado y el wet blue, pero que se calculaba sobre el precio del cuero en el mercado de Chicago y no sobre el local. Como ese valor era mucho más alto que el que tenía el cuero argentino, la quita era tan importante que no convenía exportar y por lo tanto los frigoríficos quedaban obligados a vender los cueros a los compradores locales. Muchas voces del sector decían que, pescando en la pecera, las curtiembres luego actuaban cartelizadas, decidiendo el valor de us principal materia prima.
Luego de décadas de reclamos y de promesas que quedaron en la nada de parte de los sucesivos gobiernos, en especial el de Mauricio Macri, la gestión de Javier Milei dispuso, en nombre de la tan mentada libertad de comercio, eliminar esa restricción comercial lo que habilitó las exportaciones de los cueros con menor proceso industrial.
En este nuevo escenario, entre enero y julio de este año las exportaciones de cueros sumaron 68 mil toneladas, contra las 55.000 toneladas de igual período de 2024. La mejora en volúmenes fue de 23%, pero el ingreso de divisas fue similar, en torno a los 33 millones de dólares, lo que da cuenta de una nueva caída del valor de este subproducto de la faena vacuna.
Esa merma en el precio se refleja en lo que cobran los frigoríficos. Los mejores cueros de novillos se pagan 170 pesos el kilo, lo que significan unos 12 centavos de dólar En tanto, los cueros de animales más viejos -como las vacas- valen apenas 70 pesos por kilos, tan sólo 5 centavos de dólar.
En la Argentina no hay actualmente ninguna entidad que publique los precios del cuero a salida de planta frigorífica. Lo hizo el Consorcio ABC pero solo hasta 2019, cuando interrumpió la serie. Pero este gráfico de Uruguay, donde se mantiene la estadística, confirma el fenómeno que vive actualmente el mercado internacional, donde los cueros tienen cada vez menos demanda.
Localmente este subproducto tuvo diferentes precios con el paso de los años, cuando era una mercadería más demandada que ahora. Pero en promedio se puede hablar de un valor en torno a 1 dólar por kilo, lo que equivalía a la mitad del precio de Chicago sobre el cual se calculaban las retenciones y el descuento del flete.
El gobierno de Milei dio por tierra con la restricción que impedía exportar a la industria frigorífica. Este sector festejó esa definición porque entiende que indica intenciones de no seguir interfiriendo en el comercio. Pero la decisión de derogar el régimen a favor de los curtidores llegó lamentablemente en el peor momento de la historia para el comercio de los cueros. Los mismos ya casi no tienen valor y son un serio problema para los mataderos de vacunos.
Daniel Urcía, presidente de Fifra (la cámara de frigoríficos regionales), dijo al respecto: “El mercado del cuero atraviesa una situación crítica. El precio internacional de este subproducto, históricamente relevante como fuente de ingresos para la industria, ha caído a niveles casi insignificantes”.
“De hecho, algunos establecimientos han tenido que invertir en la disposición definitiva del cuero, dado su escaso valor actual. Esta pérdida impacta fuertemente, ya que el cuero solía ser uno de los principales atenuantes de los costos operativos”, agregó el industrial.
En el pasado, con el ingreso que se generaba por la venta de este y los demás subproductos (huesos, achuras y sebo bovinos) los frigoríficos pagaban sus costos fijos e incluso por momentos alcanzaba para pagarle a los usuarios de faena, los matarifes, con la intención de que no se fueran a otras plantas.
La situación es bien diferente en la actualidad, ya que los frigoríficos tiene magros ingresos por el llamado “recupero de la faena” y deben cobrarle a los matarifes y demás usuarios.
En tal sentido, Urcía agregó: “A esto se suman otros incrementos en los costos estructurales que no pueden ser absorbidos internamente. Los ajustes salariales y el aumento de los precios de la energía y los combustibles siguen presionando de manera constante los gastos operativos. Como resultado, el costo del servicio de faena aumentó. No se trata de un beneficio adicional para la industria, sino de una necesidad inevitable para poder mantener el servicio en un contexto económico más frágil, donde la escala de operación es un factor determinante”.
En provincias como Córdoba y Santa Fe ahora se cobran 150 pesos por kilo producido. Son cerca de 20.000 pesos por res, que inevitablemente se cargan en el precio de la carne y, si no se pudiera, pasan a ser una carga más en las industrias cárnicas.