El mapa de los delitos rurales suma todo el tiempo nuevos capítulos. Esta vez le tocó al presidente de la Sociedad Rural de San Pedro, Lisandro Gordo, a quien el fin de semana pasado le cortaron 700 metros de alambrado recién colocado, en el marco de un aluvión de casos que golpean a ese y otros municipios de la zona.
En las costas del río Paraná el abigeato y la inseguridad ya no perdonan a nadie. A los casos ya conocidos de Corrientes y Entre Ríos, que generaron “ruido” político durante las últimas semanas, se suman desde hace ya un tiempo los del norte bonaerense, en donde los productores ensayan sus propias tácticas de defensa y hasta colaboran económicamente con la policía rural para paliar la falta de recursos.
En ese escenario se inscribe lo que acaba de sucederle al ruralista sampedrino, que, tras levantar las últimas varillas que dejaron los delincuentes y radicar una nueva denuncia en la fiscalía local, contó a Bichos de Campo los detalles de lo que le sucedió días atrás.

El campo de Lisandro se ubica en una zona de bañados, donde hasta hace poco tiempo no era común alambrar por los efectos que provocaba sobre esa infraestructura la crecida del agua. Pero, en vistas de los hechos ocurridos durante el último tiempo, en el que empezó a hablarse de cuatrerismo y vandalismo rural a diario en los medios locales, el productor decidió llevar a cabo esa mejora pendiente.
“Parece que a los vecinos no les gustó. Estuvimos alambrando durante semanas y el domingo a la madrugada cortaron 700 metros”, relató el referente local, que afortunadamente no lamenta la pérdida de animales por la premura con la que se manejó junto con la policía.
En su caso, asegura tener identificados a los delincuentes, y, mientras evalúa volver a cercar su establecimiento y mejorar el sistema de cámaras instalado, no deja de insistir mediante la vía judicial. “Es mucho más lenta, pero es la única que tenemos”, explicó.
Lejos de ser un caso aislado, lo suyo es uno más de un extenso listado. De hecho, días atrás el propio vicepresidente de la Rural local también lamentó robos en su vivero. Y como él, muchos más
“Hay zonas calientes en las que el modus operandi es robar hacienda cortando alambrados y arreándola por los campos. Cortan y siguen por varios kilómetros, cruzando incluso por encima de la ruta 9”, relató el Gordo, que asegura que, aunque hoy trabajen de forma fluida con el personal policial, ni sus recursos, ni los de la Justicia, resultan suficientes para dar una respuesta contundente.
Gracias a la gestión del histórico dirigente Raúl Victores, que supo estar al frente de la filial local y ser un militante muy activo, San Pedro cuenta con su propia fiscalía temática, especializada en delitos rurales y usurpaciones. Se trata de la Unidad Funcional de Instrucción7, a cargo de María del Valle Viviani, que suele llevar a cabo un trabajo coordinador con la patrulla y el sector agropecuario, pero hace ya un tiempo que dejó de dedicarse exclusivamente a ello.
“Funcionó muy bien en un comienzo, pero después se colapsó. Hoy, además de delitos rurales, trabajan con asesinatos y robos convencionales, se destematizó y la fiscal tiene que trabajar en problemas que son mayores a los nuestros”, lamentó el ruralista.
Sobre esa falta de recursos específicos también se expidió el Foro de Seguridad Rural. En un comunicado recientemente difundido, a propósito del caso denunciado por Gordo, señaló que “nadie investiga, nadie responde y nadie da explicaciones” y apuntó directamente contra la Justicia: “Con decisiones que favorecen a la impunidad, termina de cerrar un círculo que deja a la ciudadanía totalmente desamparada”.
Más allá de lo que le ocurrió días atrás, en su rol de presidente de la Sociedad Rural sampedrina, Gordo sí destacó el buen vínculo que tienen a nivel local con la policía rural que, más allá de contar con recursos también escasos, complementa sus esfuerzos con el aporte de los propios productores. En muchos casos, son ellos los que pagan un “service” de las camionetas, compran neumáticos o proveen de fondos.
“Entendemos que a alguien hay que echarle la culpa, y la gente se enoja mucho con la policía, pero sabemos que es lo único que tenemos para jugar este partido. Si encima nos enojamos, nos quedamos sin nada, y así como estamos no podemos patalear”, explicó.
Eso aplica, también, a la búsqueda de alternativas a los patrullajes, que se saben insuficientes para cubrir un área rural tan extensa. Por eso, ya son muchos los productores que colocan cámaras de vigilancia en sus propios campos, y se trabaja en proyectos para cubrir también zonas “calientes”, como los puentes o cruces de caminos donde se sabe que transitan los cuatreros cuando cometen los ilícitos.




