En los últimos días comenzó a tomar relevancia nacional la problemática del abigeato en Corrientes, un tema que viene obstaculizando la tarea ganadera en esa región del Litoral. Si bien es un tema de larga data, días atrás recrudeció el tema ya que gracias a un lento accionar de la justicia, las asociaciones de productores correntinos expresaron públicamente el malestar por la inacción ante este asunto.
En concreto, el fiscal Facundo Sotelo tardó más de 30 horas en solicitar una orden de allanamiento contra un camión que transportaba animales faenados sin correspondencia con lo establecido en la documentación electrónica (DTe) que certifica la carga. Por demás de sospechoso, dado que en la zona de La Cruz – donde sucedió el hecho- se suceden hace rato este tipo de operaciones clandestinas.
Gracias a este accionar, no se pudo determinar exactamente la cantidad de animales posiblemente faenados de forma ilegal, lo que enardeció a los ruralistas, que solicitaron reuniones y respuestas urgentes de las autoridades tanto legislativas como gubernamentales.
Este suceso obligó a Juan Pablo Valdés, gobernador de Corrientes, a tomar cartas en el asunto y escuchar en boca de los propios ruralistas lo que sucede hace tiempo y recrudeció en las últimas horas.
Si bien este suceso ayudó a ubicar el tema en la agenda pública de Corrientes, se trata de un tema de larga data, que involucra, además, relaciones diplomáticas con Brasil. Es que, según los ganaderos de la región, en el último tiempo crecieron de forma exponencial los relatos de productores que tienen sus rodeos en la orilla del Río Uruguay, y padecen los ataques de bandas que provienen de Brasil con armamento poderoso, lanchas veloces y una capacidad de faena (ilegal) muy alta que hace que no solo se tema por la vida de los animales, sino también de los propios habitantes de la zona costera.
Justamente la zona de Alvear, La Cruz, Santo Tomé y toda la costa argentina del Uruguay, es una de las más afectadas por estas bandas brasileñas que cruzan a robar ganado violentamente.
Uno de los principales difusores de esta problemática es Edgar Toledo, presidente de la Sociedad Rural de Alvear, una localidad flanqueada por las márgenes del Río Uruguay y el Aguapey. Toledo explicó con detalles a Bichos de Campo lo que viene sucediendo hace tiempo, y la impotencia de los ganaderos correntinos, que no solo tienen miedo, sino que son expulsados de sus campos, dejando un estimado de 35 mil hectáreas abandonadas ante esta realidad.
“El abigeato se está volviendo una cuestión seria. Ya no es para tomárselo en broma”, advierte Toledo. Según relata, la problemática se agravó con el ingreso de bandas provenientes de Brasil, que cruzan el río en lanchas, faenan el ganado de este lado y se llevan la carne, dejando solo restos y pérdidas para los productores locales.
Mirá la entrevista completa con Edgar Toledo:
No se trata de robos menores ni de improvisados. Toledo señala que “hay bandas grandes, con buen armamento, armas largas, lanchas veloces, mucha gente y capacidad de faena importante”. La inseguridad, profundiza, no afecta solo a la propiedad: “Ellos vienen preparados, sin miedo a nada. El temor es por la familia de uno, por los productores costeros. No tienen problema de disparar si hace falta”.
En este contexto, el dirigente rural recuerda que en su pueblo hubo un caso de gran repercusión, donde falleció un comisario durante un enfrentamiento con una de estas bandas. Si bien la creación de la fiscalía rural en Santo Tomé permitió avanzar en la investigación de causas y evitar que quedaran archivadas, Toledo reconoce que la situación está “desbordada” y la zona de la costa del Uruguay se ha convertido en un foco crítico. “Se viene trabajando en el tema, pero ahora se agrava con la problemática del ingreso de brasileros”, sostiene.
La operatoria delictiva varía según las condiciones del río: “Cuando empiezan las crecientes, tienen posibilidad de llegar a los campos más adentro y ahí es donde se producen los golpes más fuertes. De tres ataques en una semana pueden pasar a cinco. Todo depende de la situación y del río, que les facilita adentrarse por los arroyos”, explica Toledo.
El impacto territorial también es significativo. “En nuestro departamento, según quienes están más metidos en la ganadería, hay más de 35.000 hectáreas desafectadas porque no se puede tener animales directamente”, revela. Esta cifra refleja un fenómeno que, lejos de limitarse a Alvear, afecta a toda la costa del río Uruguay: “Toda la costa es un polvorín”.
La inseguridad, advierte Toledo, expulsa a los productores. “Primero los somete a una situación de inseguridad, pero después los expulsa, porque en muchos casos el productor se cansa”. Además, la situación dejó de ser solo un problema interno: “Pasa de ser un asunto argentino a un asunto diplomático”, afirma, ya que las bandas cruzan la frontera y requieren la intervención de autoridades brasileras.
El dirigente también destaca la necesidad de cambios estructurales: “Tenemos que tratar de cambiar las leyes bases para ver qué soluciones podemos dar, porque se terminan armando asociaciones ilícitas metidas en todo. Muchas veces el fiscal es bueno, pero las leyes no lo acompañan”, lamenta. Por eso, las sociedades rurales buscan articularse en bloque para dar visibilidad a la problemática y reclamar soluciones sostenibles.
Finalmente, Toledo cuenta que se involucró en la Rural tras los graves incendios de 2022, que arrasaron casi el 70% del departamento. Hoy promueve la formación de nuevos grupos de trabajo enfocados en infraestructura —como caminos rurales y electrificación— y en la parte sanitaria, además del combate al abigeato. “La seguridad personal dejó de ser un tema de ‘me robaron una vaca’: ahora tengo miedo de que me maten. El productor, en vez de estar pensando en cómo producir más, está más preocupado por cómo le roban menos”, concluye.





