Este jueves y viernes se hará en el sur de Bolivia La 51° Reunión Ordinaria de la Comisión Sudamericana de Lucha contra la Fiebre Aftosa (Cosalfa). Pese a haber enviado algún representante, la Argentina será la gran “ausente” en la discusión, sencillamente porque va prácticamente a contramano de casi toda la región que ha decidido dejar de vacunar contra esa enfermedad de los bovinos. Aquí en cambio, ese debate aparece congelado por otros intereses.
En materia de fiebre aftosa, las cosas están por cambiar radicalmente en todo el continente sudamericano de modo histórico y este párrafo es la muestra más perfecta: “En el presente momento (abril de 2025), la región cuenta con el 99% de los rebaños de bovinos en zonas reconocidas por la OMSA como libres de fiebre aftosa (36% sin vacunación y un 64% con vacunación). Si Bolivia y Brasil logran obtener el estatus libre sin vacunación en mayo de 2025 tendremos 66% del rebaño libre sin vacunación y un 34% con vacunación”.
Es decir que el mes que viene la tortilla se dará vuelta y será más el ganado bovino que ya no se vacuna contra la fiebre aftosa que el que sí se vacune en la región. Dos terceras partes contra una.
La Argentina, absorbida por completo por sus recurrentes crisis y cruzada por intereses y negocios de todo tipo y color, no es protagonista sino una mera testigo de todo este proceso histórico. Aquí, por diferentes motivos, no se discute lo que han venido debatiendo y ejecutando los demás países de este región, que es cómo migrar de un modelo sanitario que aplica la vacunación, con altos costos para los productores y barreras que se mantienen en los mercados internacionales, a otro modelo que prescinde de la vacuna y pone el énfasis en un sistema de alertas, para actuar rápido en el caso de un rebrote o emergencia sanitaria.
El párrafo precitado, que muestra cómo virará la situación regional frente a la aftosa a partir de la decisión de Brasil y Bolivia de suspender la vacunación, para aspirar al reconocimiento de “país libre sin vacunación” que le otorgará la OMSA (Organización Mundial de Salud Animal) el mes que viene en París, forma parta de un documento presentado por Panaftosa, el brazo especializado en esa zoonosis de la OPS (Organización Panamericana de la Salud).
En ese documento que repasa la situación de cada uno de los países se dice también que esta reunión de la Cosalfa marcará “el final del tercer Plan de Acción 2021-2025 del Programa Hemisférico de Erradicación de la Fiebre Aftosa (PHEFA)”, considerado un hito en los esfuerzos por erradicar la enfermedad en las Américas y fortalecer los sistemas de prevención y preparación mediante la mejora de los Servicios Veterinarios y la participación activa de los ganaderos dentro de eso proceso.
Este es el documento:
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Los 13 países miembros de la Cosalfa son: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Venezuela y Uruguay. La mayoría de ellos han dado pasos concretos para dejar de vacunar y montar sistemas de vigilancia. Eso supondrá un gran ahorro para sus ganaderos, que en el caso argentino gastan unos 150 millones de dólares anuales en aplicar dos dosis.
Aquí la discusión sobre dejar de vacunar está congelada por intereses concretos sobre el negocio de la vacunación, no solo de los laboratorios que producen las vacunas sino también por la propia dirigencia rural, que convive desde la década de los 90 con un sistema de fundaciones sanitarias, que se hace cargo de la aplicación de esas vacunas. En el último año se discutió mucho sobre los costos de ese operativo sanitario (que llegan a los 2 dólares por dosis aplicada), pero no sobre la posibilidad de dejar de hacerlo, como sucedió en el resto de los países que ahora celebran los avances en la reunión de Bolivia.
En la Argentina los últimos focos de fiebre aftosa datan de 2006. Pero el recuerdo de la gran crisis que se desató en 2001, luego de que el gobierno de Carlos Menem decidiera en 1999 aplicar la última vacuna y la gestión de Fernando De la Rúa escondiera la reaparición de cientos de brotes, sirve de excusa perfecta para no dar la discusión que se produce en el resto de la región. El consenso general parece ser mantenerse dentro de ese 30% que seguirá vacunando.
Mientras países como Brasil y Bolivia reorientan parte del dinero que los productores gastaban en la vacuna a construir sistemas preventivos, en la Argentina no solo está congelada la discusión sino que los costos del operativo son mucho más elevados que en el resto del continente. La Mesa de Enlace y el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, revisarán además hoy una agenda que implica retroceder en vez de avanzar en materia de vacunación. Es que el gobierno busca flexibilizar con el ingreso de asado la histórica zona libre de fiebre aftosa sin vacunación de la Patagonia, más que ir abandonando paulatinamente la vacunación en el norte.
En las reuniones previas realizadas el martes por la Cosalfa, el único enviado del Senasa argentino fue Horacio Angélico, jefe del Programa de Vacunación Antiaftosa, que casi no habló porque no tenía nada bueno qué decir: como único progreso para Argentina, el documento de la Panaftosa describe que “a partir de marzo de 2025 se excluye la cepa C3 Indaial de la formulación de vacunas”, y con esta decisión “todo el continente queda sin vacunación contra el serotipo C”. En efecto, Senasa dispuso pasar de una vacuna tetravalente a una bi o trivalente. Pero la justificación de esa medida fue solo la de habilitar un resquicio para que el mercado local pueda comenzar a ser atendido con vacunas importadas, cosa que difícilmente sucederá.
Hace cinco años, en 2020, en declaraciones a este medio, Angélico había declarado que en vez de abandonar la vacunación en ciertas zonas, la estrategia argentina sería otra: “Estamos analizando si nos convendría dejar de vacunar por categorías, año a año, y en tres o cuatro años dejar libre todo el país. Se evalúa dejar de vacunar las categorías que tienen menos riesgo de enfermarse”, explicó.
El primer paso en esa dirección fue anunciado el año pasado por el ex vicepresidente del Senasa, Sergio Robert, que incluso tenía escrita la resolución para dejar de aplicar la segunda dosis anual a categorías de animales mayores, lo que iba a suponer un ahorro para los productores de al menos 15 millones de dólares. Peor misteriosamente el secretario coordinador Juan Pazo decidió luego despedir a ese técnico y cajonear esa resolución sanitaria.
Mientras tanto, el grado de avance del resto de los países de la región es envidiable. Eso es lo que se revisará en la reunión que se inicia hoy en Bolivia:
- Brasil, entre noviembre de 2022 y abril de 2024, suspendió la vacunación en más de 170 millones de bovinos en transición a un estatus libre sin vacunación y en 2024 presentó a la OMSA el dossier para el reconocimiento de todo su territorio como libre sin vacunación. Será aprobado en mayor próximo.
- Bolivia avanza en esta misma transición, con casi 6 millones de bovinos, siendo la última vacunación en 2023. También presentó a la OMSA el dossier para el reconocimiento de todo su territorio como libre sin vacunación en 2024.
- Ecuador sigue su plan alineado con Panaftosa. Está finalizando una evaluación de riesgo iniciada en 2024 para decidir sobre la retirada de la vacuna.
- Colombia planifica iniciar la transición para el reconocimiento como libre sin vacunación de la región amazónica (departamentos de Amazonas, Guaviare y Vaupés).
- Argentina, Paraguay y Uruguay aún no han definido un cronograma con su hoja de ruta. Pero Paraguay anunciará su decisión de dejar de vacuna su rodeo em 2028, tal como anticipó a Bichos de Campo el titular de su servicio sanitario.