El bolsillo de los productores no anda nada bien y la presión tributaria sigue siendo una mochila en ese aspecto. De eso da cuenta el último informe trimestral del la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), que luego de medir comocada trimestre la presión fiscal sobre una hetcárea agrícola promedio, analizó lo que les queda al productor luego de afrontar todos sus costos que, en el caso de cultivos como el trigo, es sencillamente cero.
No, el título de esta nota no exageraba.
El panorama está marcado por aspectos coyunturales tanto locales como internacionales. En el primer caso, de acuerdo con el Índice FADA de marzo, el 62,5% de la renta se va en impuestos, lo que supone un aumento de 6,1 puntos porcentuales respecto a diciembre de 2025. Esto significa que de cada 100 pesos que genera una hectárea agrícola, 62,5 se van en tributos nacionales, provinciales y municipales.
A esto hay que sumarle el fuerte impacto de la guerra en Medio Oriente y el bloque del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo, el 25% del gas y el 50% de la urea a nivel global. Esta última, que es un fertilizante clave para la producción agrícola, registró un aumento del 43% respecto a diciembre y del 39% en términos interanuales, lo que impacta de manera directa en el esquema de costos, especialmente en trigo y maíz.
“La suba de los costos de producción hace achicar la renta agrícola, y la actualización de impuestos provinciales y tasas municipales hace que haya más pesos a pagar por cada hectárea. Así, cuando la renta se achica, los impuestos representan una porción más grande”, explicó Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa de FADA.

Discriminado por cultivo, el panorama cambia. En la soja, por caso, el Estado participa en el 61,6% de la renta, mientras que en maíz el indicador alcanza el 56,8%. En girasol, el porcentaje trepa al 80,3%, mientras que en el trigo se da el punto más crítico, justamente debido a la suba de los costos.
Fada marca el despropósito de que la presión tributaria sobre una hectárea de trigo llegue al 104% (nunca antes había sucedido algo así en este medición), lo que implica decir que el productor tiene que poner plata arriba para producir el cereal y pagar los tributos.
“Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada, en otras palabras, que el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”, enfatizó la economista Fiorella Savarino.
Y como si esto fuera poco, otros costos presionan sobre la rentabilidad de los productores. Además de las actualizaciones que sufrieron los impuestos provinciales y municipales, que pasaron de explicar el 6,4% del total de impuestos a fines de 2025 a un 9,7% a inicios del 2026, los salarios agrícolas también se incrementaron en un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación.
A eso se suman los fletes, que también registran subas –impulsadas por el aumento del combustible- de 8,4% en pesos y un 12% en dólares respecto a la medición anterior. Esto impacta directamente en la competitividad, especialmente en regiones alejadas de los puertos.
Finalmente, Fada registra un evidente deterioro en la relación insumo-producto, ya que para adquirir una tonelada de urea hoy se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 toneladas de trigo, una relación menos favorable que la de un año atrás.
“Todo esto configura un escenario en el que producir requiere cada vez más recursos, reduciendo los márgenes del productor”, concluyó la economista Luz Silvetti.
Lo dicho: en el bolsillo de los productos hoy quedan más pelusas que dinero.




