Don Ángel Campagna llegó desde Italia en los años 50, con apenas 25 años, y se instaló en Mendoza donde desarrolló la empresa comercializadora y exportadora de ajos, Ajo Príncipe. Sus hijos hicieron crecer el emprendimiento y ahora es el turno de la tercera generación que va por más.
Germán, uno de los nietos del fundador, lidera la firma actualmente junto con uno de sus hermanos. Cuando se metió de lleno en la empresa decidió que había que dar un paso más y decidió sumar al eslabón productivo. La intención era asegurarse parte de la provisión de la mercadería necesaria para atender a los clientes internacionales, sin por eso descuidar a sus proveedores históricos.
Este joven empresario es de los que creen que estos dos eslabones de la cadena -producción y exportación- deben aunar esfuerzos, trabajar en conjunto y, en lugar de estar peleando por una porción chica del negocio, apuntar a potenciarlo.
“Somos exportadores desde hace 30 años. Yo estoy metido desde los 15 en el galpón. Trabajamos en familia. Estoy junto con mi hermano, mi padre y mi abuelo que todos los días está en el galpón, pero más con un rol de asesor”, contó Germán a Bichos de Campo.
“Cuando entré a la empresa decidimos comenzar a producir el ajo. Hoy comercializamos cerca de 1 millón de kilos ya terminados. Son unas 100 mil cajas de 10 kilos, que es el envase más común para la venta. De ese total producimos cerca del 70%”, explicó a continuación.
Para Germán, la decisión era clara: había que aprovechar que la empresa ya estaba armada y sumar esa actividad. Al sumarse su hermano avanzaron en la venta interna y pusieron un puesto de venta en el mercado de Guaymallén.
Ahora que trabaja de los dos lados del mostrador, el empresario reconoce que está el mito de que a un eslabón le va mejor que al otro, pero sostiene que ambas partes tienen grandes dificultades.
“El campo, como cualquier actividad que se realiza al aire libre, tiene contingencias climáticas que no se pueden controlar. Con las sondas de agosto, por ahí un granizo temprano te arruina la producción. Es un riesgo producir. Y también están los costos. Hoy en día el combustible, la electricidad para las bombas y la mano de obra se han disparado”, indicó.
Y la comercialización también tiene lo suyo: “Tenés más gente contratada, tenés que viajar para conocer mercados, hacer el producto cómo lo quiere el cliente. En el galpón hay un montón de procesos por hacer para lograr lo que el cliente quiere. Hoy que estoy de los dos lados te digo que ambas tienen su dificultad y hay que tener mucha pasión y mucho coraje para afrontar cualquiera de los dos negocios”, sostuvo.
Por estos días, los productores de ajo están arrancando la siembra del nuevo ciclo que termina a mediados de abril, para lo que es clave la preparación del suelo. En esta economía regional predominan los productores chicos todavía, aunque según contó Germán, hay otros que se fueron asociando para intentar crecer y no quedar en el camino, como sucede en tantas otras actividades.
“Si el productor tiene un buen aliado comercial, tiene la opción de sobrevivir. Eso es muy importante sobre todo cuando se dan años como el 2024, en donde los rindes bajaron porque tuvimos un invierno intenso. Es importante contar con un buen aliado comercial que le pueda asegurar que lo que va a sembrar lo va a sacar para seguir sembrando”, consideró Campagna.
Lo más habitual en el sector es que el agricultor salga a comercializar el ajo una vez que lo cosechó, aunque también comienza a aparecer la producción bajo contrato y con la financiación de los comercializadores.
“Creo que la tendencia es a que se fortalezcan esos lazos de productor y comercializador, porque es muy importante saber que lo que plantá lo tenés vendido”, apuntó el empresario.
Con respecto al destino del ajo, el empresario detalló que Argentina tiene una producción que supera al consumo, y que el principal mercado externo es el de Brasil. A nivel mundial compiten con China, México, España y Estados Unidos.
“El ajo argentino, y el mendocino en particular, es de muy alta calidad. Es muy requerido. También el trabajo que se hace en los empaques es muy apreciado”, afirmó.
Campagna, que también es dirigente de la Asociación de Ajeros de Mendoza (Asocamen), se refirió a las condiciones en las que se está desarrollando el negocio.
“No está nada fácil exportar porque han habido grandes aumentos de los costos en pesos para los empaques y para los productores. Y tenemos un dólar muy similar al año pasado, que aumentó pero no tanto como lo hicieron los costos. Eso hace un poco más difícil poder defender el producto. Hay que mejorar todavía más la calidad, hay que hacer varias cosas para poder ser competitivos con otros países”, dijo.
En tal sentido, indicó que hay cuestiones importantes por mejorar: “Los riegos en gran parte de Mendoza todavía no han sido tecnificados. Habría que hacer una inversión muy grande para poder hacer riego por goteo. En semillas también hay que invertir y mejorar la calidad y los rendimientos, porque no vemos que los costos vayan a bajar. Eso exige incrementar los rindes”.
Campagna cree que este sector agroindustrial no tiene el reconocimiento social que debería.
“Bastante se ha hecho sin la inversión necesaria. Cuando tenemos un año bueno te dicen “mirá lo que cuesta”, y no se tiene en cuenta que el dinero que se gana se reinvierte en las fincas para mejorar. No se reconoce la reinversión que hace el productor y no se tiene en cuenta que aún cuando el año es malo, igual tiene que volver a hacer lo mismo. Y ni hablar si le pasó una tormenta o si tuvo algún problema externo que dañó su producción. Tiene que volver a salir, volver a sacar las maquinarias y volver a invertir plata, que muchas veces la tiene guardada de una buena cosecha”, concluyó.