Durante los últimos meses, el nombre de Metalfor empezó a aparecer en conversaciones, corrillos del sector y reportes del mercado de capitales asociado a tensiones financieras, renegociaciones y un proceso de reordenamiento que encendió luces amarillas en una de las fábricas de maquinaria agrícola más queridas del interior productivo.
Estos ruidos responden a una combinación de factores que confluyeron en el peor momento. Los ruidos: un modelo de negocios intensivo en financiamiento, la crisis del agro, el cierre del mercado de capitales para todo el sector y la demora de un crédito clave del exterior.
“Para entender la dinámica financiera de Metalfor, hay que entender que Metalfor es uno de los pocos fabricantes que tiene integrada la cadena comercial”, explica a Bichos de Campo su presidente, Eduardo Borri, al repasar una arquitectura comercial que es, al mismo tiempo, una fortaleza y una fuente permanente de tensión financiera. Borri accedió a una entrevista con este medio para explicar la coyuntura que vive la empresa.
La empresa no solo fabrica, sino que controla cerca del 90 o 95% de su red de ventas, con alrededor de 25 sucursales propias en todo el país. Ese modelo implica que por cada máquina nueva vendida, la empresa recibe una usada, que debe ser reacondicionada, actualizada tecnológicamente y luego revendida, casi siempre con financiamiento a pequeños productores y contratistas.
“Por cada máquina nueva que vos vendés, recibís una máquina usada que tenés que reacondicionar y financiar. Y muchas veces son pequeños productores o contratistas que necesitan tres o cuatro años para poder pagarla”, detalla Borri. Las máquinas nuevas, que pueden valer entre 300.000 y 500.000 dólares, rara vez se venden al contado. La empresa, entonces, vive estructuralmente apalancada en fideicomisos, obligaciones negociables, pagarés bursátiles y financiamiento del mercado de capitales.
Ese esquema funcionó durante años con relativa normalidad. Incluso, hasta fines de 2024, Metalfor renovaba sin sobresaltos su deuda en la Bolsa. “El 26 de diciembre de 2024 tuvimos 102% de renovaciones de deuda, incluso un poquito más de lo que teníamos”, recuerda Borri. Pero el contexto cambió de manera abrupta cuando la crisis de varias empresas del agro contaminó a todo el sector. Insumos, acopios y otros jugadores entraron en problemas, y el mercado financiero dejó de discriminar.
“Nos metieron a todos en la misma bolsa por estar en el mismo sector”, resume. A partir de ahí, el acceso al financiamiento comenzó a cerrarse. Lo que antes se renovaba automáticamente, empezó a cortarse. Para una empresa cuyo modelo depende de descargar ventas al sistema financiero, el golpe fue directo.
En paralelo, Metalfor venía trabajando desde 2024 en un proyecto de financiamiento estratégico con la United States International Development Finance Corporation (DFC), el banco de desarrollo del Tesoro de Estados Unidos. La empresa presentó su caso en agosto y septiembre de ese año, poniendo sobre la mesa su esquema de economía circular, reacondicionamiento industrial de maquinaria usada y fuerte incorporación de tecnología estadounidense en agricultura de precisión, motores, transmisiones y componentes.
El proceso fue largo y exigente. “Tuvimos siete u ocho entrevistas de due diligence, mucho virtual y también una presencial, con técnicos que vinieron a revisar la empresa”, relata Borri. El crédito, por hasta 50 millones de dólares a ocho años, estaba pensado para respaldar el funcionamiento integral de la compañía, no solo para una unidad puntual.
Pero el préstamo se demoró. Lo que se esperaba para mitad de año terminó llegando recién en tres tramos, entre octubre, noviembre y diciembre de 2025. En el medio, hubo cambio de gobierno en Estados Unidos, turbulencias políticas en Argnetina, suba de tasas y un clima financiero más restrictivo. “Esa demora, para nosotros, fue compleja, porque entramos en el segundo semestre con más turbulencia, con más presión de tasas y con el mercado local más cerrado”, admite.
Mientras tanto, Metalfor siguió haciendo frente a sus compromisos. Entre diciembre de 2024, marzo de 2025 y junio de 2025, la empresa canceló cerca de 20 millones de dólares en obligaciones negociables. Al mismo tiempo, fue reduciendo pasivos de corto plazo, consumiendo stock y bajando la deuda con proveedores a mínimos históricos. “Si vos fueses proveedor de Metalfor, dirías que estamos comprando menos, pero en realidad estamos en mínimos históricos de deuda con proveedores”, explica Borri.
Ese proceso implicó un estrés financiero inevitable. La empresa pasó por momentos de estrechez, con necesidad de sentarse a renegociar plazos, patear cheques y administrar tensiones típicas de una economía argentina golpeada por la sequía, la baja rentabilidad del productor y la fragilidad de la cadena de pagos. “No ejecutamos clientes, tratamos de ver cómo puede pagar. La sequía del 23 fue terrible y tuvo coletazos. Hay cheques que vuelven, se repacta, se corre un poco más, se corre un poco menos. Es la dinámica de producir en la Argentina”, describe.
En ese contexto, Borri pone especial énfasis en el punto de la deuda de Metalfor, que está directamente vinculada a las cuentas por cobrar a sus propios clientes. “Hoy tenemos exactamente el mismo monto en financiamiento que en cuentas por cobrar. Está supercalzado. Tenemos ocho años para pagar 50 millones de dólares y esos 50 millones se cobran en dos o tres años”, explica. Desde su mirada, la foto de la deuda no puede analizarse sin mirar del otro lado del balance: el financiamiento al productor. Además, la empresa Bertotto Boglione, accionista de Metalfor, aportó y capitalizo 10 millones de dólares en 2024/25.
Pese a todo, la empresa siguió operando y, según Borri, mantuvo el liderazgo en ventas durante buena parte de 2025, aunque con un segundo semestre más resentido. También hubo ruido sectorial, como las versiones que vinculaban el crédito del DFC con una supuesta intención de importar maquinaria usada. Borri lo desmiente de fondo, explicando que el crédito está orientado al reacondicionamiento de equipos propios y a sostener el modelo industrial, no a traer pulverizadoras del exterior para vender en la red local.
Hoy, la radiografía es distinta. Con el crédito del DFC ya desembolsado, la estructura de deuda cambió de manera significativa. “A comienzos de 2025, el 90% de nuestra deuda era de corto plazo. Hoy es al revés: el 90% es de largo plazo”, remarca. Para Borri, ese cambio es clave para llevar tranquilidad.
“Estamos bien, estamos honrando nuestros compromisos. El carácter de los accionistas fue impecable. Ante un problema, yo me siento con quien tenga que sentarme. Doy la cara. Una empresa seria no es la que no tiene problemas, es la que enfrenta los problemas y sale adelante”, afirma.
Con una campaña que promete buenos rindes, expectativas de una ExpoAgro dinámica y un escenario político y financiero más estable, Borri proyecta un 2026 mucho más ordenado. “Me parece que vamos a tener un año bueno, con tasas que deberían acomodarse y con más tranquilidad”, dice.
El mensaje final apunta a despejar dudas y a reafirmar el lugar de Metalfor en el entramado productivo nacional. “Metalfor es líder en pulverizadores y fertilizadoras, está muy arraigada en el interior, genera muchísimo empleo y tiene una cadena comercial propia que nos da cercanía con el cliente. Siempre encontramos la vuelta para financiar y acompañar. Hoy tenemos un perfil crediticio mucho mejor que a comienzos de 2025. La empresa está muy bien y dispuesta a seguir batallando”, resume.





