Más allá del chiste tonto del título (que tristemente es real, porque la cooperativa láctea argentina todavía espera el pago de una deuda de 18 millones de dólares contraída por sus envíos de leche en polvo hace muchos años a Venezuela), la noticia triste es que misiles estadounidenses tocaron por primera vez en décadas suelo de un país latinoamericano. Estados Unidos atacó finalmente a Venezuela, y el presidente del país agresor, Donald Trump, anunció la rápida captura del presidente del país agredido, Nicolás Maduro.
La Argentina, pese a no participar de ningún tipo de escaramuza, no es un mero espectador de esta crisis. El alineamiento total y casi sumiso de la gestión de Javier Milei con los Estados Unidos lo coloca claramente en un bando. Brasil ha sido mucho más moderado y el presidente Lula ha incluso ofrecido ser mediador para evitar justamente el escenario que se ha precipitado esta madrugada. Colombia y Cuba han sido los primeros países en condenar el ataque, que trae la tensión bélica hasta esta parte del mundo.
El presidente de Argentina, aliado de Trump y crítico de Maduro, reaccionó a la información sobre la captura del presidente venezolano diciendo que “La libertad avanza. Viva la libertad carajo” en sus redes sociales.

La supuesta intención del gobierno estadounidense es derrocar al régimen político que gobierna Venezuela desde hace 26 años, primero de la mano de Hugo Chávez y desde su fallecimiento a través de una dictadura que tuvo como principales protagonistas a Nicolás Maduro y al segundo del régimen, Diosdado Cabello. El año pasado, el presidente ahora derrocado por la fuerza se había proclamado ganador de una elección a todas luces fraudulenta. Se supone que Estados Unidos ahora forzará la asunción de quien ganó aquella contienda y el acceso al poder del espacio liderado por Corina Machado, recientemente ganadora del premio Nóbel de la Paz.
Más allá de estas posiciones de consideración política, Venezuela es uno de los mayores productores de petróleo de todo el mundo y uno de los principales proveedores de hidrocarburos a Estados Unidos. Venezuela, que sufre un embargo desde hace año, también es un gran importador de alimentos, y por eso debería ser un mercado de interés para muchas empresas de los Estados Unidos.
La relación comercial entre Argentina y Venezuela fue muy intensa a principios del milenio, cuando Chávez estrechó una sólida alianza política con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. En aquel momento las exportaciones hacia allá llegaron a los 2.000 millones de dólares anuales. De allí viene la relación con la láctea Sancor, que exportó grandes cantidades de leche en polvo al país caribeño. A principios de 2025, según fuentes de la propia cooperativa, todavía quedaba un saldo impago de aquel intercambio por 18 millones de dólares, que incluso mereció algunas gestiones de la Cancillería.
Ahora el intercambio bilateral está en mínimos históricos, en sintonía con el congelamiento político de las relaciones. En 2023 se exportó por 113 millones de dólares, sobre todo maíz, leche en polvo, legumbres. También el rubro aceite de soja forma parte del menú exportador hacia la nación invadida.
A nivel regional no es una buena noticia la operación de las tropas norteamericanas, pues se trata de una injerencia directa de una potencia en la vida política de la región y generará tensiones entre naciones hermanas, según su nivel de alineamiento o rechazo hacia los Estados Unidos.




