Aunque sus estallidos poblacionales son cíclicos, el regreso de las tucuras a la Patagonia no deja de generar preocupación por el gran impacto que ocasionan en cultivos y pastizales.
Las alarmas se encendieron por primera vez este año en las provincias de Río Negro, Chubut y Santa Cruz, en donde desde octubre rige la emergencia agropecuaria declarada por Senasa, en particular por la variedad Bufonacris claraziana, mejor conocida como “tucura sapo”. Ahora, el temor se extendió hasta Neuquén, donde ya se detectaron nacimientos de la variedad Dichroplus maculipennis o “de alas manchadas”.
Aunque se trata de especies distintas, que habitan ambientes diferentes, estos insectos herbívoros son capaces de producir grandes daños a la producción agropecuaria, degradando todo tipo de pasturas o vegetación como los mallines cordilleranos.
Esto se debe principalmente a su capacidad de trasladarse por grandes áreas. Mientras que la tucura sapo lo hace caminando y saltando, ya que es áptera (sin alas), la tucura de alas manchadas puede volar por cortas distintas y moverse en forma más rápida.
Aquel daño que producen lo hacen sobre todo en los estadios adultos, por lo que las autoridades sanitarias recomiendan hacer monitoreos periódicos para detectar los ejemplares juveniles –huevos o ninfas- y facilitar las tareas de control. Esto clave teniendo en cuenta que los nacimientos no ocurren de forma simultánea sino que se dan en forma paulatina (pudiendo extenderse por casi un mes) y están atados a las condiciones ambientales del lugar.

Desde Senasa indicaron que, de ser necesaria una intervención, es “fundamental utilizar únicamente productos fitosanitarios autorizados, respetar las recomendaciones agronómicas y cumplir con la legislación vigente”.
Para la tucura sapo, por caso, desde los brotes de 2019 y 2020 se encuentran habilitados insecticidas como la cipermetrina, la deltametrina, la lambdacialotrina y el dimetoato. Aún así, las autoridades apuntan a reducir las aplicaciones, para lo cual es necesario detectar los brotes a tiempo y evitar grandes estallidos.

En Chubut, donde la plaga ya se encuentra más activa, el gobierno provincial autorizó pruebas con pulverizaciones aéreas a través de drones, en campos de Cushamen, Teca y Leleque. El éxito de la experiencia llevó a replicar la estrategia en Río Negro, donde ya se hicieroin aplicaciones en campos del paraje Llama Niyeo, a 70 kilómetros al sur de Maquinchao.
La emergencia fitosanitaria declarada para esa región de la Patagonia regirá hasta el 31 de marco de 2026.





