La Vendimia 2026 llega con un complejo panorama para el sector vitivinícola en su totalidad, quizás el más difícil de los últimos años.
A la crisis bodeguera -con cierres y cesaciones de pagos en históricas firmas- y el quebranto de los viñateros -que cobrarán por su uva lo mismo que hace 2 años atrás-, se suma también, y por decanto, el duro presente de los trabajadores, hoy en conflicto por la negociación paritaria. Tal es así que en la previa del 90° aniversario de la Fiesta de la Vendimia, que se celebrará del 6 al 10 de marzo, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) acaba de anunciar un paro para este viernes en rechazo a los ofrecimientos del sector empresario.
La última ronda de diálogo, celebrada en Mendoza ante la Secretaría de Trabajo de la Nación, había concluído con un 0,5% mensual para los peones de la viñas y el 1% para los de las bodegas durante 6 meses. Un ofrecimiento muy lejano al 3% de piso exigido por el sector, que calificó la oferta de “miserable” y convocó al cese de actividades en plena zafra.

La polémica, en realidad, se venía gestando mucho antes de que se pusieran sobre la mesa estos incrementos. Es que desde el propio gremio trabajador desmienten que haya una crisis del vino como tal y aseguran que esos “escenarios alarmistas” no hacen más que deprimir las negociaciones salariales. Actualmente, un trabajador del sector cobra un básico de alrededor de 500.000 pesos, que asciende a los 700.000 con extras.
“Nosotros entendemos que hay dificultades, pero no aceptamos que se utilice ese argumento para condicionar la discusión paritaria y de cosecha”, opinó Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA.
“Cuando se habla livianamente de crisis, lo que muchas veces se busca es justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos a los trabajadores y trabajadoras del sector”, agregaron desde la conducción nacional, que se movilizará este fin de semana en el marco de los festejos por el inicio de la cosecha y las tradicionales reuniones sectoriales.
Lo cierto es que el escenario actual ha generado rupturas en toda la cadena. En un contexto de caída sostenida del consumo de vino, pero además de las exportaciones, y un paralelo aumento sostenido de los costos productivos, el primer sector en encender las alarmas fue el bodeguero, en el que se registraron deudas acumuladas y quiebras desde grandes firmas -como Norton y Bianchi- hasta las más pequeñas.
Esa crisis industrial derramó también en el sector primario, que semanas atrás se movilizó fervientemente en rechazo de los precios irrisorios ofrecidos por su uva, los mismos que hace dos años atrás, y sin contemplar siquiera la inflación acumulada. En muchas viñas, el panorama es de subsistencia pura.
El último eslabón al que derrama esta crisis generalizada es al de los trabajadores, que denunciar que el último ofrecimiento patronal es “inadmisible en el marco de la discusión salarial vigente”, rompieron la negociación y convocaron a una medida de fuerza en un fin de semana clave para el sector.





