Para el veterinario y experto en carnes Eduardo Malia, “la propuesta de abandonar el sistema de Fundaciones para retornar a un esquema descentralizado de comercialización y aplicación de vacunas reabre un debate que el sector ya saldó hace décadas: el de la eficacia real versus la apariencia de menor costo”.
Malis, que fue especialista en carnes del INTI y trabajó mucho tiempo en Senasa y la ex ONCCA, consideró que la decisión del gobierno de “regresar al modelo previo de libre comercialización no es nueva” sino que “es, en rigor, el mismo sistema que el sector pecuario ya abandonó tras verificar su fracaso”.
Criticó la decisión, por cuanto “los registros históricos de cobertura vacunal bajo ese esquema hablan por sí solos: valores insuficientes para sostener una barrera sanitaria efectiva frente al virus de la fiebre aftosa”, en referencia a la ineficientes campañas de vacunación que se desplegaban hasta los años 90, cuando se decidió impulsar el esquema de fundaciones y entes sanitarios.

Malis se pregunta: ¿Por qué presentar como innovador un esquema cuyos resultados negativos ya fueron documentados? Es lo que hizo el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, al elogiar hoy su decisión de que cada productor pueda vacunas a sus rodeos contra la aftosa y la brucelosis utilizando un veterinario privado, al margen de las Fundaciones sanitarias que existen en cada zona.
Haciendo un poco de memoria, el especialista remarcó que “el esquema anterior (a las Fundaciones) no solo presentó coberturas vacunales bajas sino que demostró ser estructuralmente permeable a irregularidades de diversa índole”. Entre las más documentadas citó:
- Simulación de compras y aplicaciones de vacunas sin respaldo efectivo.
- Adquisición de dosis sin registro fehaciente de aplicación en el rodeo.
- Incorporación de vacunas de origen dudoso o sin trazabilidad de cadena de frío.
- Uso de biológicos con concentración antigénica insuficiente y menor duración de la inmunidad (vacuna brasilera).
- Cadena de frío deficiente, de escaso control y con antecedentes de ruptura sistemática.
“Estos antecedentes no son menores en un contexto donde el estatus sanitario del país -y el acceso a mercados internacionales de carne- depende directamente de los índices de cobertura y la calidad de la inmunización”, advirtió.
También criticó el argumento del costo de la vacunación utilizado por el gobierno. “Un análisis técnico-económico del contexto actual matiza fuertemente esa premisa. Con los valores actuales del ganado bovino en el mercado doméstico, el costo de un esquema vacunal antiaftosico representa una fracción mínima del valor del rodeo protegido. A lo que debemos agregar que con los cambios propuestos los menores costos se logran con vacunas de inferior calidad que deben aplicarse dos veces al año en lugar de una vez, y con prácticas de aplicación de dudosa transparencia”, señaló.
“Dicho de otro modo: la inversión en sanidad nunca fue tan accesible en términos relativos. Priorizar el ahorro en este rubro con bajas en la calidad del programa, frente a otras variables que inciden más directamente en la productividad (genética, nutrición, gestión reproductiva) resulta, en el mejor de los casos, una decisión de dudosa racionalidad técnica”, agregó el especialista.

Para Malis, finalmente, “existen márgenes concretos para mejorar el funcionamiento del sistema de fundaciones sin necesidad de desmantelarlo. Las áreas de intervención regulatoria más evidentes incluyen: mayor transparencia en la gestión y rendición de cuentas de las entidades, controles periódicos de calidad biológica de los productos distribuidos, auditorías de cadena de frío con trazabilidad digital, y mecanismos de sanción efectiva ante irregularidades comprobadas”.
“El debate sobre cómo organizar la vacunación antiaftosa no debería reducirse a una dicotomía entre costo aparente y eficiencia real. Para técnicos y profesionales del sector, la evidencia acumulada indica que los sistemas descentralizados sin control robusto no son una innovación: son una regresión con nuevo envoltorio”, concluyó.





