El productor y ex dirigente rural cordobés Néstor Roulet, que llegó a ser vicepresidente de CRA en el conflicto de 2008 por las retenciones móviles, es afecto a hacer números para explicar la realidad de los que producen. Año a año, sus plantillas para calcular los márgenes de una hectárea de soja sufren algunas modificaciones, porque se modifican los precios o las retenciones. Pero siempre la conclusión es casi la misma: “El que reparte se queda con la mejor parte”.
¿Y quién reparte en el negocio de la soja? Está claro que no es el productor que asume todos los riesgos sin saber cómo le va a ir en el negocio, ya que la mayor parte de la rentabilidad producida por una hectárea de soja queda en manos del Estado (en sus tres niveles) y en el caso del dueño de la tierra. Si el productor tiene la suerte de sembrar en su propio campo, tendrá la suerte de obtener alguna ganancia. Pero en la mayoría de los casos (el 70% de la superficie sembrada) los campos son arrendados. Y en esos casos -según estima Roulet- nuevamente se perderá plata.
Solamente en la Argentina: Sembrar una hectárea de soja es rentable todavía a pesar de la baja de precios que sufrió la oleaginosa y con la baja de alícuotas de retenciones (del 33 a 24%) que benefició a ese cultivo. Pero esa rentabilidad (o muy poco de ella) va a parar a manos de quienes asumen el riesgo productivo.
Veamos el cuadro que hizo Roulet para graficar este fenómeno:

Lo que el ruralista cordobés muestra aquí es que a los costos actuales, sembrar una hectárea de soja demanda unos 670 dólares entre costos directos (semillas, agroquímicos, contratistas, etc) y costos indirectos. Si todo sale bien, la producción obtenida rondará los 3.500 kilos, que a valores del mercado actual suponen un ingreso bruto por hectárea de 1.305 dólares.
Es decir que -a pesar de todo- sembrar una hectárea de soja sigue siendo un negocio que ofrece ganancia a pesar de que el precio haya caído de unos 500 a cerca de 400 dólares por tonelada. Y a pesar de que el Estado “desacople” la soja argentina del precio internacional, cobrando derechos de exportación de 1 de cada 4 kilos producidos.

“Si a lo que ingresa por hectárea de soja en Argentina, le restamos el costo total por hacerla producir, obtendremos la renta de esa hectárea de soja. Lo interesante es saber cómo se distribuye esa renta entre los distintos actores de la cadena. Y por lo que observamos es el Estado (Nacional, provinciales y municipales) el que aprovecha de la misma, quedándose con el 82,6 %”, sostuvo Roulet respecto de las estimaciones realizadas para la cosecha próxima a comenzar.
Esto es así porque restando los costos de los ingresos, queda una renta bruta de unos 635 dólares por hectárea, pero luego (en inevitablemente en la mayor parte de los casos) se sufrirán descuentos por impuestos nacionales por 463 dólares (solo las retenciones implican un descuento de unos 100 dólares por tonelada), lo que se consume el 73% de la ganancia proyectada.
Luego, entre las provincias y el municipio se las ingenian para recaudar otros 60 dólares por hectárea del productor, lo que equivale a cerca del 10% de la ganancia proyectada. En este caso, vale hacer notar la enorme preponderancia que tienen los impuestos nacionales sobre los de jurisdicciones de menor rango. Aquí no va eso de Luis Caputo diciendo: “vayan a reclamar a sus gobernadores e intendentes”.
En el análisis efectuado por Roulet, entonces, al productor le quedan limpios finalmente unos 151 dólares por hectárea cosechada, el 23,8% del ingreso bruto. Pero eso si y solo si es el dueño del campo que sembró. Son la menor parte. Porque si fuera arrendatario perdería finalmente unos 40 dólares por hectárea en las circunstancias actuales.
“El trabajo está calculado en campo alquilado a 12 quintales por hectárea, al dueño del mismo se le resta al ingreso por alquiler (396 U$S/ha), se le restan los impuestos nacionales (al cheque, ganancias) y provinciales (Ingreso bruto, sellado del contrato, inmobiliario, tasas municipales)”, precisó este estudio.
Dólares más o menos, la conclusión es siempre la misma.





