En una búsqueda de aprovechar el fenómeno de las frutas tropicales, hoy popularizadas en redes sociales y muy buscadas por su aspecto vistoso y sus cualidades, muchos productores del Litoral y el Norte argentino empezaron a incursionar en la pitaya. De aspecto bastante extraño y con el particular apodo de “fruta del dragón”, comenzó a ganarse un lugar en las góndolas y crece el interés por cultivarla.
Los conocedores del sector aseguran que Argentina podría tener las pitayas más australes y más dulces del mundo por sus características climáticas, pero la incorporación de un nuevo cultivo, originario de otras latitudes, aún genera muchas preguntas sobre adaptación, manejo y lo más básico: las variedades que pueden funcionar.
Son algunos de los interrogantes que ahora intentan responder desde el INTA Corrientes que, tiene en la mano una baraja de 65 materiales vegetales y pone a prueba su colección para averiguar bajo qué condiciones habrá pitaya celeste y blanca.

La investigación se desarrolla en la Estación Experimental Agropecuaria Corrientes, donde los técnicos estudian el comportamiento de esta cactácea tropical para determinar sus posibilidades productivas en las condiciones del nordeste argentino.
“La investigación busca generar información local que permita conocer el comportamiento del cultivo y orientar su manejo en distintos ambientes”, explicó la ingeniera agrónoma Lourdes Burdyn, integrante del equipo de trabajo.
Uno de los aspectos más interesantes es que la experimental dispone actualmente de 65 accesiones de pitaya, es decir, materiales vegetales que se conservan para estudiar sus características. No necesariamente se trata de 65 variedades distintas, aclaró la especialista, sino de una colección bastante amplia para investigar la diversidad genética disponible. Un punto clave para averiguar los secretos de la pitaya.
El trabajo incluye evaluaciones fenológicas, sanitarias y de calidad de frutos, además de investigaciones sobre propagación, nutrición, riego y manejo del cultivo. La intención es identificar aquellos materiales que presenten características interesantes para las condiciones productivas de Corrientes y avanzar en recomendaciones técnicas para los productores.
Y es que, aunque todavía se trata de una actividad incipiente, la pitaya ya no es ninguna desconocida para quienes siguen las experiencias de diversificación frutícola en el norte argentino, muchas de las cuales han recorrido las páginas de Bichos de Campo.
Una de las primeras experiencias de investigación se desarrolló en Formosa, donde el Centro de Validación de Tecnologías Agropecuarias (Cedeva) comenzó a experimentar con esta fruta en 2012. También han crecido durante los últimos años las experiencias comerciales privadas, de la mano de productores que se animaron a destinar parte de su chacra a esta novedad.
En el Litoral el interés por la pitaya no es nuevo. No lo es siquiera en Concordia, Entre Ríos, una región tradicionalmente citrícola que busca alternativas productivas y ya tiene experiencias muy prósperas. Tampoco, desde ya, en Corrientes, donde pequeños productores trabajan hace tiempo en recuperar y promover cultivos como el maracuyá, el mamón, el mango y la propia pitaya.
La investigación que ahora presenta el INTA Corrientes se suma a esos antecedentes, y pone el foco en generar información útil para acompañarlos. El primer paso, señalaron, será conocer mejor los materiales disponibles y cómo responden a las condiciones locales antes de avanzar en recomendaciones de manejo.
En medio de una crisis generalizada de varias economías regionales, destacaron que el objetivo es “ampliar las alternativas de los productores y contribuir al desarrollo de la fruticultura provincial”.
Y agregaron: “Generar información sobre el crecimiento, la adaptación, la producción y la calidad de los frutos será fundamental para conocer las posibilidades de este cultivo y establecer pautas de manejo adecuadas a las condiciones locales”.




