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Desde Paraguay, la yerbatera Oñoirú le encontró la vuelta: Reúne a 130 productores, exporta a varios países y hasta encontró en la luna una atractiva estrategia de marketing

Lola López por Lola López
3 agosto, 2024

-Hoy cosechamos, así que ¡a prepararse!, dice Pedro con entusiasmo.

-Nooo, yo no voy a cortar mi yerba en luna nueva.

-¿Por qué? ¿Qué tiene que ver?

-Que si cortás en luna nueva la planta después se debilita, no crece y hasta se seca.

“Ah, ¡cómo me piché (molesté) ese día!”, recuerda Pedro Vega (foto), ahora, entre risas. “Pero en vez de quedarme enojado me puse a investigar y resulta que ese productor tenía razón: hay una explicación científica para no cosechar en luna nueva”.

Pedro tiene 37 años y es el gerente de Oñoirú, una asociación de pequeñas familias campesinas dedicadas a  la producción de yerba mate orgánica en el departamento de Itapúa, en Paraguay. Están a 500 kilómetros de Asunción pero muy cerca de Posadas (100 kilómetros) y de Jardín América (40), en la provincia de Misiones y suelen realizar intercambios de experiencias agroecológicas con productores argentinos. 

Oñoirú significa compañero/a en guaraní. El nombre hace homenaje al cooperativismo y al hecho de trabajar juntos: son 130 productores con, en promedio, 2 hectáreas de yerba cada uno que rinden unos 8.000 kilos de hoja verde por año (son yerbales nuevos, en el futuro rendirán más). La organización nació en 2001 con la figura de Comité Productivo, más tarde se convirtió en asociación y ahora están pensando en ser cooperativa. Desde hace unos años tienen su propio secadero de yerba.

“Hoy los que estamos somos los hijos de los fundadores del Comité, nosotros tuvimos oportunidad de estudiar y ahora nos dedicamos a hacer crecer la asociación y difundir esta forma de producir sin agroquímicos”, describe Pedro que, luego de hacer su secundario en una escuela con orientación agroecológica, fue a capacitarse a Curitiba, Brasil, en la Escuela Latinoamericana de Agroecología, Allí también aprendió mucho sobre cooperativismo y se especializó en asistencia a pymes y en el trabajo con comunidades.  

“Desde pequeño estuve muy vinculado al hacer comunitario y a la agroecología porque acompañé a mis padres en el proceso de fundación del Comité y la mayor parte del trabajo colectivo y de los ensayos de chacras sociales fueron desarrollados en la finca de mi padre”, agrega, y explica que  desde el inicio se decidió trabajar con agroecología porque Itapúa es el departamento del Paraguay donde se concentra “la mayor producción del agronegocio, con mecanización, agricultura intensiva y gran uso de agroquímicos”.

“Se empezó a cuestionar esa forma de producción a gran escala y dependiente de insumos porque debido a ella muchas familias campesinas fueron expulsadas de sus chacras a las grandes ciudades y nosotros queríamos cambiar esa situación. Nos decidimos a defender nuestro modelo de producción de alimentos sanos porque de lo contrario también terminaríamos expulsados de nuestro propio territorio”, enfatiza. “La asociación nació para dar respuesta con otro modelo de producción y mostrar que se puede producir de otra manera”. 

Oñoirū es una yerba mate orgánica, elaborada por familias campesinas que se dedican a la agricultura agroecológica y han hecho de esta forma de producir su marca registrada y su marketing. Tienen clientes tanto en el mercado local como en el exterior, ya que le venden a Argentina, Chile, México, Francia, Estados Unidos y Polonia, y todos valoran que la yerba sea agroecológica, con certificación internacional y producida por pequeños productores. Para el mercado de Estados Unidos  certifican orgánico, comercio justo y agricultura regenerativa y, además, tienen un cliente que les pide algo especial: yerba producida asociada al monte y bajo sombra. ¿El motivo? Que de esta forma la yerba intensifica su porcentaje de mateína y resulta ideal para la elaboración de bebidas.

Cuando Pedro se incorporó formalmente a la asociación, su principal objetivo era armar un modelo de negocio que asegurara a los socios un ingreso competitivo y una rentabilidad sólida que permitiera sostener este modelo de producción. Uno de los primeros pasos fue lograr que el productor también pudiera estacionar y comercializar su producto, es decir, que participara de toda la cadena. Con el tiempo fueron realizando estudios de mercado para poder avanzar e innovar tanto en aspectos técnicos como de comunicación y desde 2016 trabajan fuerte estos temas para lograr una marca e identidad propia y distintiva. 

En cuanto al hecho de producir sin agroquímicos, Pedro explica que no es un problema ya que la yerba mate (ka´a, en guaraní) es una planta nativa de la zona, por lo tanto es un cultivo muy resistente y sin  mayores problemas sanitarios. “Nuestro mayor riesgo es la contaminación externa por el uso de químicos tóxicos, es decir, por los residuos”, remarca. “Y las pocas enfermedades que surgen en la planta  se tratan con bioinsumos aceptados por la ley orgánica, pero por sobre todas las cosas trabajamos con dos pilare: mantener y cuidar el suelo y la biodiversidad. Nos basamos en ese conocimiento y así abaratamos aún más los costos de producción”.

“En Oñoirú no solo cultivamos la yerba mate de forma 100% natural (orgánica), sino que lo hacemos asociada a árboles nativos, además de reforestar las fincas con otras especies de árboles locales para regenerar nuestros bosques”, se enorgullece Pedro. “Y además tenemos 5 guardianes de semillas que hacen rescate y conservación de semillas criollas para autoconsumo de maní, caña de azúcar, mandioca, frijoles, hortalizas y abonos verdes”.

 

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-Una última pregunta: ¿cómo es lo de la luna y la cosecha?

-La yerba se cosecha en cuarto menguante. Culturalmente acá en Paraguay desde siempre se respetan mucho las fases de la luna, pero yo no sabía bien por qué, así que me puse a investigar. 

-¿Y cuál es la explicación?

-Que en luna nueva la presión atmosférica es más débil, entonces todo lo que son energías, agua y nutrientes se concentran en la parte aérea de las plantas y, si se corta en ese momento, la planta pierde vigor, queda debilitada y se torna vulnerable a las plagas. En cuarto menguante la presión atmosférica es mayor y toda la energía, agua y nutrientes van a las raíces, por lo tanto en la cosecha no sufren una pérdida significativa de esos elementos, y no se debilitan.

-¡Muy claro!

-Sí, además nos resulta un marketing buenísimo, porque a la gente le llama la atención y se acuerda de Oñoirú, “la yerba agroecológica que se cosecha en cuarto menguante”.

Etiquetas: campesinos paraguayoscooperativasinfluencia de la lunaitapúaOñoirúParaguaypedro vegapequeños productoresyerba mateyerba orgánica
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