“Que nos divida un río no hace que los problemas cambien, son exactamente los mismos. Y si no nos pasó, es porque nos va a pasar”. Con esa frase, el piloto agrícola Julio Placeres nos deja debidamente advertidos: hay que mirar lo que sucede fronteras afuera para adelantarse a lo que aquí podría pasar.
Y el testimonio del referente uruguayo, que acumula más de 35 años de experiencia en la aeroaplicación, es ilustrativo en ese sentido ya que, si bien el país vecino guarda muchas similitudes en lo normativo respecto a Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia, también acumula experiencias bajo el ala que aquí -al menos por ahora- no tuvieron su debido despliegue.

Se trata específicamente de la utilización de drones para la aplicación de agroquímicos, una práctica que en Argentina no está aprobada plenamente por la falta de una Ley de Fitosanitarios que regule a todas las aplicaciones en general y la aprobación específica de productos para que puedan ser empleados por estos vehículos aéreos no tripulados (VANT).
El caos normativo que aún subsiste puertas adentro ya ha sido superado por el país oriental, que si bien ya permite que allí los drones operen a la par de los aviones agrícolas, -con una debida autorización y un carnet específico para el operador- enciende alarmas entre los pilotos tradicionales por la falta de controles exhaustivos.
“Nuestra preocupación es que el Estado no tiene la capacidad de fiscalizar la cantidad de drones que hay y que son operados sin la debida autorización”, expresó Placeres, consultado por este medio.
Volviendo a su afirmación inicial, si ya sucedió del otro lado del Río de la Plata, seguramente no demore demasiado en avanzar aquí. De hecho, en los últimos meses la autoridad sectorial, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), comenzó a flexibilizar trámites y permisos para habilitar el uso de drones. En algunas provincias, como el caso de Entre Ríos, se crearon normativas específicas y de alcance propio.
La legalización a la que asistió Uruguay hace pocos años comenzó del mismo modo, pero parece no haberse sellado el debate plenamente, porque es la falta de una autoridad de aplicación efectiva y con capacidad de control lo que despierta el recelo entre los pilotos agrícolas.
“Para nosotros, el dron una herramienta más, no lo vemos ni con buenos ni con malos ojos. Lo que sí tratamos es que la competencia y la fiscalización sea igual para los dos”, expresó el referente oriental, que, del mismo modo que han replicado voces autorizadas en Argentina, asegura que allí también la aeroaplicación es una de las actividades más reguladas.
“Las buenas prácticas se han instrumentado y protocolizado hace no mucho tiempo, pero es algo en lo que la entidad sectorial ha venido trabajando desde su fundación, hace 25 años”, afirmó. Cabe señalar que en su institución de cabecera, la Asociación Nacional de Empresas Privadas Aeroagrícolas (Anepa), Julio fue presidente en varios períodos.
Mirá la entrevista completa:
Naturalmente, en comparación con Argentina, el sector aeroaplicador uruguayo está considerablemente menos poblado porque debe cubrir una menor demanda. Contra los 2000 pilotos, las 1500 aeronaves habilitadas y más de 800 empresas activas que hay en nuestro país, la actividad en tierra oriental cuenta con poco más de 200 pilotos, 120 aviones y 27 empresas habilitadas.
“Igualmente, la normativa que nos rige es básicamente muy similar a la que existe en Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. La nuestra es una actividad muy regulada”, explica Placeres.
Asimismo, de igual modo que ocurre en los países vecinos, también allí la aeroaplicación, afirma, “está a la orden de lo que la necesiten”, ya sea para el combate de incendios o de plagas, tareas que le han dado renovado protagonismo al sector.
Pero el referente uruguayo no sólo virtió advertencias, sino también que destacó los avances e importantes cambios a los que asistió en sus 35 años de experiencia.
Si hoy volar un avión aeroaplicador es mucho más seguro y previsible que antes, explica Placeres, no es sólo por la aparición de las turbinas -un paso considerable para el sector- sino, y sobre todo, por el “boom” de la tecnología GPS y los mapas satelitales.
“Eso sí fue un antes y un después, porque nos permite, con la georreferenciación, trabajar en forma mucho más autónoma y sin necesidad de personal en tierra para realizar la aeroaplicación”, destacó, y agregó: “Hoy prácticamente lo haces todo desde un escritorio. Luego, sólo tenés que subirte al avión e ir al lugar sin posibilidades de que te pierdas. Es mucho menos estresante”.




