Ushuaia acaba de registrar oficialmente su primer viñedo y Argentina tiene ahora la producción más austral del mundo. Se trata del emprendimiento ubicado en el predio de Tolkeyén Ushuaia Hotel, un lujoso establecimiento del grupo Arakur a orillas del Canal Beagle y en una zona donde lo que parecía imposible es ahora un proyecto sostenido.
Nació como una tesis de grado, participó en él un reconocido enólogo de la región y, tras cuatro años de prueba y error, ya crecen allí variedades tintas y blancas, tanto bajo cubierta como a la intemperie. Este miércoles, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) lo registró oficialmente, convirtiéndose así en el primer proyecto de ese tenor que tiene la provincia.
Con la tinta aún fresca del aviso enviado por el organismo, Bichos de Campo entrevistó al gran ideólogo de este emprendimiento, un joven ingeniero industrial de sólo 26 años que, a partir de una idea universitaria, terminó abriendo una nueva línea de negocio para su empresa familiar.

Héctor Abolsky cursó gran parte de sus estudios en la sede que la Universidad de Buenos Aires tiene en el bajo porteño, donde reserva las instancias más avanzadas de sus ingenierías. La carrera se vinculaba en parte a la trayectoria de su abuelo, un reconocido empresario tecnológico que, gracias a su experiencia en microchips, desembarcó en Tierra del Fuego, donde luego el resto de la familia llevó adelante importantes iniciativas turísticas.
El joven no fue ajeno a su historia familiar y por eso, para su tesis de grado, pensó en grande: instalar el viñedo más austral del mundo en uno de sus hoteles y consolidar así un proyecto con arraigo local, agregado de valor y un futuro prometedor, al menos, en términos turísticos. Algo de eso ya había intentado su padre anteriormente, y la “sangre joven” de la familia le dio el impulso necesario.
Tras años de trabajo, sobre todo desde lo agronómico, el proyecto empezó a marchar. Y si bien son muy cautelosos para hablar de números, hacer proyecciones o sembrar demasiadas expectativas, en la familia Abolsky sobrevuela una certeza: con el visto bueno del INV, algo importante ya se ha logrado y han superado la prueba de fuego.
En total, se trata de una extensión de no más de 1500 metros cuadrados, algo así como el equivalente al 15% de una hectárea, en la que distribuyeron plantas de Pinot Noir, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling y Gewürztraminer. Algunas de ellas a la intemperie, a la vera de los vientos polares y las bajas temperaturas, y muchas otras bajo cubierta.
Es una porción muy chica, y aún experimental, en la que trabajan muy arduamente para evaluar el comportamiento de la uva a sólo 40 metros del Canal de Beagle, donde los desafíos son múltiples.
“Nosotros no somos una bodega y ni siquiera teníamos hecho un desarrollo agronómico, con lo cual no fue fácil desde el principio. Y no sólo con el traslado de las primeras plantas a la isla, sino para entender incluso lo más básico”, recordó Héctor, que comenzó en el proyecto con apenas 22 años y avanzó codo a codo con el enólogo y reconocido asesor Darío González Maldonado, pionero en la introducción de la vitivinicultura en las zonas más australes del país.

“Como éramos los primeros, no teníamos ninguna referencia productiva. Nada nos garantizaba que las plantas no se murieran, por lo que no fue una inversión sencilla”, explicó el joven ingeniero, que por eso confió su proyecto en un especialista que tenía experiencia demostrable en el tema y muchas ganas de afrontar el desafío.
De hecho, consultado por este medio, Maldonado asegura que el proyecto del hotel Tolkeyén es “la frutilla del postre” de una carrera que inició a principios del milenio y que abocó por completo a ver crecer viñedos en zonas que parecían inaccesibles. Con el tiempo, fue quien demostró, desde el sur de Río Negro hasta Ushuaia, que, con un buen planteo, la uva aprovecha el frío para engrosar su piel y así obtener vinos y espumantes de la más alta calidad.
Así y todo, trabajar a pocos metros del canal de Beagle, en el punto más austral del mundo para una producción de ese tipo era elevar toda esa experiencia a la décima potencia. Se sabía que había variedades que funcionaban en la región, y que se necesitaba hacer un ciclo corto, pero no más que eso. El resto fue todo aprender sobre la marcha, a prueba y error.
“La extensión elegida es suficiente para poder hacer los ensayos. Probar con más cantidad hubiera sido incluso imprudente”, expresó por su parte Héctor, que explica que por eso hubo también hermetismo en torno a la noticia: “No queríamos generar ninguna falsa expectativa con una gran noticia, sólo quisimos anunciarlo cuando tuvimos la certeza de que va va a funcionar o que, al menos tiene potencia”, aseguró.

La postal es de por sí imponente. A metros del Canal de Beagle, en el área principal de un hotel histórico de Ushuaia, hay hileras de viñedos que prometen ser de la más alta calidad. Y eso, de hecho, ya estaba previsto en el proyecto original diseñado por el ingeniero industrial, pues, además de productivo, también es esencialmente turístico.
“El objetivo es potenciar un turismo más inteligente y apuntado a la calidad antes que la cantidad. Este es un proyecto que ofrece un diferencial y es super auténtico para el turismo”, afirmó el joven miembro del grupo Arakur, la firma familiar que opera desde 2013 en la zona y que tiene además otros importantes hoteles y agencias de viaje en la región.
Siempre que puede, Héctor visita el planteo y no puede evitar sorprenderse por su avance. “Yo lo pensé para terminar la carrera y hoy verlo, y ver la magnitud que tiene, es increíble”, asegura.
¿Y los vinos para cuando? Le pregunta la prensa, pero también sus amigos y familiares a menudo. Con mente empresaria, se permite ser conservador con su pronóstico, y asegura que “en un par de años”, y si todo avanza conforme al plan, Ushuaia tendrá su propio vino. Por ahora, una vez más, prefiere comunicar con hechos. Y el hecho es que ya montaron exitosamente el viñedo más austral del mundo.




