“El campo siempre fue mi cable a tierra, donde despejaba mi cabeza de las presiones del fútbol. Siempre supe que era mi destino”, confiesa el ex arquero de la selección argentina, campeón con Boca y hoy contratista, Roberto “Pato” Abbondanzieri. Protagonista de uno de los últimos capítulos de la sexta temporada de El podcast de tu vida, señala: “Igual que en el fútbol, en el campo hay muchas rivalidades, pero tenemos que ponernos más de acuerdo”.
Nació en Bouquet, provincia de Santa Fe, una zona muy de productores y tremendamente fierrera. Se dedicó al fútbol y una vez terminada su carrera volvió al pago para ser contratista. Vive en el campo, a 3000 metros del pueblo.

Recordemos rápido su derrotero futbolístico: inició su carrera profesional en Rosario Central, descolló en Boca (llegó en 1997), defendió el arco de la Selección Nacional (Copa América 2004 y 2007 y Copa del Mundo 2006) y se retiró en el Inter de Porto Alegre (fue campeón de la copa libertadores), entre otros equipos. Con Boca Juniors fue campeón de la libertadores y campeón intercontinental en 2003 (atajó dos penales en la final). Es considerado el 8° mejor arquero de la primera década del Siglo XXI por la Federación Internacional de Historia y estadísticas de fútbol.
En esta charla les propongo un abordaje personal desde su infancia en el pueblo rural, su desarraigo para irse a Rosario a intentar ser futbolista profesional, y su regreso al campo tras el retiro.
-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés?
-Cosechar. Me encanta manejar mi cosechadora. Todo lo que eso conlleva, los movimientos que hay que hacer para cosechar. Sí me aburre cuando llueve y tenés que pasar mucho tiempo en la casilla. O cuando te quedan varadas las máquinas por el barro. Pero estoy acostumbrado.
-¿Y qué cultivo te gusta más?
-El preferido es el maíz. Sin dudas. El más fácil. Donde menos rompés, donde estás más tranquilo y la cosechadora trabaja de la mejor manera. El trigo también. Pero hace mucho calor y hay que tener cuidado con que no se prenda fuego nada. Y la soja es lo más difícil. Porque pasa de todo. Se desgrana, se revuelca si está seca, y si la planta está verde se empiezan a romper cosas.

-¿Qué te acordás de pibito en el campo?
-Desde que me acuerdo tenía 4-5 años y estaba arriba del tractor como acompañante. Era la época en la que se pasaba la rastra, después rastra y rolo, después había que esperar que lloviera, se pasaba el disco, otra vez la rastra. Una locura como se movía la tierra para sembrar. Y jugar al fútbol tampoco me paró porque cuando tenía dos días libres o vacaciones me venía para Bouquet para estar arriba de un tractor o una cosechadora. Nunca dejé. Lo que sí cambió mucho desde esa época es la tecnología de las cosechadoras hoy en día, porque más allá de que son sencillas cuando le agarrás la mano, son complicadas cuando se te rompe algo. Antes por ahí lo arreglábamos, ahora es todo electrónico. Pero tengo tres hijos y el más chico trabaja conmigo de tractorista y maquinista y me da una mano enorme, es joven, y sabe más de tecnología que yo.
-¿Y tu viejo?
-Mi papá trabajó muchos años con una familia que tenía seis cosechadoras y a mí me enloquecía ir con él arriba de la máquina, sea la Vasalli 316, o la Senor, máquinas emblemáticas. Me enloqueció toda la vida hasta el día de hoy. Mi oficina hoy es la cabina de la cosechadora. Y los que tenían campo eran mi abuelo, papá de mi mamá, y mi tío, hermano de mi mamá. Yo hoy, además de mi campo, le trabajo a mi mamá.

-¿Qué olores, sabores, se te vienen a la cabeza de esa época?
-Mi abuela me malcriaba muchísimo cuando me quedaba en el campo y me hacía unas tremendas milanesas con puré. Después mucho salame. Y a la noche no se cenaba. Se tomaba el café con leche, pan casero, chorizo casero o mortadela, y queso. Y después los churros y tortas fritas cuando llovía no fallaban.
-¿La mejor comida de la casilla?
-El asado seguro, pero también agarramos la moda con mi equipo de hacer cosas al disco y al horno, sea carne o pollo. Casi siempre a la noche. Porque al mediodía son sanguches. Eso me mata. ¡Engordo entre 5 y 8 kilos cada cosecha! Pero la verdad que, en general, se come muy bien. Hoy no es como antes la casilla, tenés más comodidades, internet, heladeras solares, televisión, tenemos todo.

-Te hago una en la que mezclo fútbol y campo. ¿Te costó el retiro? ¿El campo fue tu aliado para pasar ese cimbronazo?
-Totalmente. El campo fue mi aliado. Yo estuve 10 años en Boca. Dificilísimo. Mi cable a tierra era el descanso en el campo. Se te quemaba la cabeza en la semana, más cuando te tocaba perder, que por suerte nos tocó ganar bastante. Pero la presión que tenía yo la descargaba en el campo. Toda la vida supe qué iba a hacer el día después del fútbol. Siempre supe que el campo iba a ser mi destino.
-En algún momento fuiste ayudante de Martín Palermo.
-Si, vino Martín y me insistió tanto que quería que lo acompañe en el cuerpo técnico y no tuve otra que decirle que sí. Eso me sacudió un poco. Estuve nueve años yendo por todos lados con él. A mí no me gustaba ser técnico. Nunca quise. Pero bueno, era acompañar a un amigo. Después vino la pandemia, falleció mi papá, y dije: ¿Qué carajo estoy haciendo que se me está pasando la vida y yo lejos del campo con casi 50 años?. El “loco” me entendió.

-Bueno, con el loco corriste en auto también…
-Siempre fui fanático del automovilismo después del fútbol. Cuando dejé el fútbol hice dos años de karting con amigos del pueblo y la pasé muy bien. Esa movida con “el loco” viene por el Top Race, fue un año en el que los autos estaban pintados con colores de distintos equipos de fútbol. Y con Martín nos invitaron a participar de una carrera en Buenos Aires en el Top Race Series. Yo corrí con un Chevrolet Vectra, que soy fanático de Chevrolet, con Palermo convocamos a la hinchada de Boca, estallaba el autódromo (N de la R: Abbondanzieri terminó 16to., Palermo 19no). Después corrí otra más en Paraná. Y pude ser también acompañante en Turismo Carretera incluso. También corrí en Mini Cooper. Yo por mí hubiera corrido mucho más.
-Armame un podio de pilotos que te gusten…
-No sólo por ser hincha de Boca, Guillermo Ortelli es mi ídolo. Fue quien me acompañó en el auto de carrera a aprender. Marcos Di Palma me ayudó muchísimo. Agustín Canapino, fenómeno. El primero que me llevó por primera vez en un auto de Top Race fue un amigo de acá cerca de Las Parejas, Guido Falaschi. Por eso cuando falleció lloré muchísimo. Después tengo un gran amigo, el gringo Del Bo, campesino como yo que corría con la coupé Chevy que fue el que me invitó a ver carreras en su casilla siempre.
-¿Hay algo de lo que suceda en el campo que se asemeje a la gloria y las sensaciones que pasan en una cancha de fútbol?
-Llegar con la máquina al galpón que llegue todo bien, pero también que me haya ido bien respecto de lo que fui a buscar en la cosecha. Hoy poner en la calle a un equipo, ser contratista es muy riesgoso, hay mucho dinero en juego, y puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. Y estás asustado.
-¿Cómo está la cosa hoy para el contratista?
-Te diría que bien. Lógicamente que cada uno pelea lo suyo, tenés que discutir mucho para llegar al número que te cierre. Hay muchas máquinas. Creo que podemos dar más si nos ayudan desde las políticas, bajando las tasas, las retenciones, todo va a ir mejor. Yo soy de esos que quiere trabajar. Tengo un equipo nuevo y no quiero tenerlo en el galpón, pero tampoco puedo bajarme los pantalones porque si no estoy quedando mal con el colega. Tenemos que ponernos de acuerdo entre nosotros, que a veces es lo más difícil. Porque igual que en el fútbol, hay mucha rivalidad en el campo. Hay envidias. Pero siempre llego a un acuerdo. No me quiero enriquecer, pero quiero que trabaje mi equipo. Y del lado del que contrata, tampoco puede ser que quede todo para él. Es como cuando peleás una prima cuando tu representante peleaba un contrato.

-¿Cómo te reseteás para después volver a laburar?
-Mi mejor placer cuando llego cansado es tirarme en el sillón y mirar algo hasta la una de la mañana. Antes jugaba a la play después de cenar, jugué Formula 1 toda mi vida, desde que era jugador que me la llevaba a la concentración. Y después charlar con mi señora y disfruto de esa soledad.
-¿Series películas que mirás?
-Miro nacionales, también españolas. “El encargado”, “El Eternauta”. También fanático de Harry Potter, las de Disney. Y películas de acción.
-¿Música?
-Todo nacional. Fanático de Fito Páez, Charly. Y cuando entramos a la cancha, cuarteto o cumbia, soy fanático de Los Palmeras y La Konga.
-Suponete que te podés subir al auto de Volver al futuro y te podés ver a vos mismo a los 17-19 años. ¿Qué le diría el Pato de hoy a ese “Robertito” que estaba arrancando?
-¡Qué bien la hiciste! ¡Cuánto sacrificio, valieron la pena tantas lágrimas! Lo felicitaría por todo lo que hizo cuando no tenía nada, ni sus padres tenían vehículo para acercarlo a jugar al fútbol, y después, la pensión en Rosario, sufrir tanto, llorar en los cruces de ruta cuando se hacía de noche y nadie me venía a buscar o tenía que hacer dedo. ¡Qué bien aguantaste! Le diría. Desde los 9 años estuve viviendo en otro pueblo con otra familia, a 50 kilómetros de mis padres. Y si le pudiera decir otra cosa, le diría que disfrute un poco más a papá.
-¿Alguna vez pensaste que el fútbol no era para vos?
-Si, a los 17 años, cuando estaba por cerrar mi primer contrato en Rosario Central, pensé que no quedaba y me quise volver al pueblo. Me tomé el colectivo a Bouquet. ¡No duré ni 12 horas! El reto que me pegaron mi papá y mi mamá fue ejemplificador, y me mandaron con el primer comisionista que salió para Rosario. Me hicieron saber que todo el sacrificio que habían hecho desde que era chico para que yo pudiera jugar al fútbol no iba a ser en vano. Así que llorando, como tanto había llorado en esa época, me volví a Rosario. Ojo, como le pasó a muchos de mis compañeros de esa época. A veces no llega el mejor, sino el que puede sobrevivir y aguantársela.
-¿Algún superpoder que te gustaría tener?
-Me encantaría poder estar un rato de nuevo con mi viejo y contarle todo lo que estoy logrando ahora con las máquinas. Estoy luchando mucho con eso. Quiero que se me aparezca. No me gusta ir al psicólogo, pero tendría que hacerlo. Si tuviese algún poder, querría comunicarme con él.
-Si pudieses viajar en el tiempo a cualquier momento en la historia de la humanidad. ¿A qué momento irías?
-Yo soy muy familiero. No pude tener la relación de chico con mamá y papá. Me gustaría volver a la infancia y ver de qué forma poder aprovechar más a mis viejos. Que mis padres en mi juventud hubiesen podido verme en los entrenamientos o cuando jugaba en inferiores. Mi viejo jamás pudo acompañarme en inferiores. Me hubiera gustado que me acompañen más en ese camino.




