Un nuevo proyecto de cultivo de cannabis medicinal arrancó en Mendoza con un ambicioso objetivo que lo haría prácticamente único en el país: que sea regenerativo, con una planificación biodinámica y sintrópica, con un producto final orgánico, y como si esto fuera poco, desarrollarlo a escala industrial.
Ese es el proyecto de Sweet Pacha, liderado por el vicepresidente de la Cámara de la Industria del Cannabis y el Cáñamo (CAINCCA), Nicolás Vitullo, junto Horacio González Di Rosa y Tomás “Colibrí” Bulit Goñi, quienes ya hicieron una prueba piloto en otra provincia cuyana, San Luis, y ahora van por el proyecto a gran escala.
El desafío es importante, porque estos tres pilares están en la vereda de enfrente de los procesos tradicionales de la producción industrial. Sin embargo, el proyecto apunta a reunir lo mejor de los dos mundos.
La meta se apoya, además, en una doble perspectiva que la hace posible y prometedora, tal cual detalla Vitullo a Bichos de Campo: “La primera, que Cuyo es la mejor zona del país para producir cannabis medicinal por su clima seco, su inmensa cantidad de días soleados, su gran amplitud térmica, bajo índice de lluvias y la posibilidad de tener riego controlado, lo que evita la aparición de hongos que no deben estar en el producto. La segunda, que Mendoza es la provincia más avanzada y mejor adecuada con la normativa legal de cannabis para los emprendimientos privados”.
El proyecto de cultivo arrancó en el departamento de Las Heras y cubre casi 2 hectáreas. Su perfil “regenerativo, biodinámico y sintrópico” busca maximizar los beneficios naturales del suelo para obtener un mejor producto; planificar la producción en base a los ciclos lunares y proteger o potenciar el cultivo con otras especies vegetales, prescindiendo así del uso de agroquímicos y prácticas que afecten negativamente al ambiente.
Tomás “Colibrí” Bulit Goñi explica de qué se trata y da los detalles. “Al hablar de un procedimiento regenerativo nos estamos refiriendo a la calidad y la salud del suelo sobre el que vamos a cultivar. Por ejemplo, en Mendoza sembramos el cultivo de cannabis en un lugar donde antes se emplazaba una plantación de ajo, y donde también, durante cinco años se sembró alfalfa, lo que nos provee de la cantidad suficiente de nitrógeno para planta, un suelo ablandado por las raíces de los cultivos anteriores y la ausencia de nematodos que suelen atacar las raíces”.
“La biodinámica en cambio, -continúa Bulit Goñi- involucra la planificación del cultivo en base a los ciclos lunares y planetarios, lo que permite equilibrar los perfiles silíceos o calcáreos de cada unidad agrícola. Si sembramos cuando la Luna está en conjunción con otros planetas, esto otorga vigor y resiliencia a la semilla, la planta y sus frutos y eleva la calidad del producto”.
En cuanto a la sintropía, puntualizó: “Es el cultivo sucesivo de plantas que apuntan a generar el ambiente ideal para el desarrollo de determinadas especies, tanto vegetales como microbianas y fúngicas, protegiendo o potenciando el cultivo principal. Así como se planta albahaca al lado del tomate para que esta se lleve las plagas que atacan al fruto, también se siembra el poroto al lado del maíz para fijar el nitrógeno que necesita para crecer”.
Por su parte, Nicolás Vitullo remarca que “nuestro proyecto es avanzar con esta metodología y escalar a un nivel de producción industrial, aunque no se aplique normalmente este proceso a gran escala. El objetivo es, estar produciendo en 2 años un cannabis con certificación orgánica y biodinámica”.
Para saber si ese horizonte será posible Vitullo debe esperar entre 60 y 90 días que el cultivo crezca, cosechar y avanzar en los análisis: “Todavía no tenemos datos concretos, pero cuando la investigación tenga su primer lote vamos a poder hacer la comparación para saber si es escalable”.
Estos resultados se pueden cotejar en laboratorio, donde, como indicó, “se hacen pruebas analíticas de cromatografía gaseosa, se puede medir el nivel de microbiología en el producto final y el nivel de metales pesados que suele arrastrar el agua o contener el propio suelo”.

Obviamente, no se trata de un salto al vacío. La expectativa de que el proyecto prospere se basa en una investigación de más de 15 años, que arrancó en la Provincia de Buenos Aires, y que tuvo su prueba piloto a pequeña escala, que recientemente Sweet Pacha llevó a cabo en la localidad de Merlo, provincia de San Luis.
“Hicimos una plantación boutique, más chiquita, en unos 900 metros cuadrados en Merlo, donde pudimos trabajar este protocolo regenerativo, centrado en la producción biodinámica y sintrópica. Funcionó y ahora lo vamos a probar aquí para ir a gran escala”.
La decisión de hacerlo en Mendoza tuvo que ver también con la normativa vigente: “Hace 3 años presentamos el proyecto en la provincia, en ese momento había otro marco normativo, era otro el protocolo y hoy, ese marco fue actualizado con reglas de juego más claras que nos dan cierta previsibilidad y cierta seguridad jurídica para poder realizar una inversión de largo plazo”.

El emprendimiento está estudiando, además, cuales son las variedades que mejor se adaptan a la provincia “para poder atender todas las necesidades de los pacientes”, una tarea de largo recorrido, ya que el cannabis tiene cientos de variedades, y en la Argentina se usan actualmente unas 60. Vitullo afirma que la Argentina está floja en ese aspecto y que lo ideal sería trabajar al menos con 500 variedades en el país.
La viabilidad del proyecto tiene la mirada puesta en los consumidores de cannabis medicinal, que en la Argentina suman unos 300 mil pacientes, quienes lo reciben por prescripción médica, a través de asociaciones civiles registradas específicamente para este fin, que son las intermediarias finales entre la industria y quienes lo consumen.
Al respecto, Nicolás Vitullo precisa: “El Reprocann (Registro del Programa de Cannabis) tiene 300.000 pacientes activos, y para poder atender a esos 300.000 pacientes, es necesario brindar una cadena de abastecimiento que ofrezca un servicio serio, trazable, que cumpla con todos los requisitos que manda la ley”.
En Mendoza hay 30 asociaciones civiles que proveen cannabis a pacientes con algún tipo de dolencia. Con el emprendimiento iniciado recientemente en Las Heras, Sweet Pacha, que provee a 14 en distintos puntos del país, podría proveer la totalidad de la demanda a solo dos asociaciones civiles. Con lo cual, de prosperar la iniciativa, tendría un amplio potencial de crecimiento en la provincia.
Sorteados hace unos años los prejuicios sobre el uso del cannabis para la salud y con médicos que ya no solo lo aceptan, sino que además tienen que estar especializados en la materia para recetar el producto, el famoso cultivo se ha convertido en una alternativa efectiva para múltiples tratamientos.

Su provisión se puede hacer con diferentes métodos, siempre vectorizado, ya sea a través de cremas, aceites o en cápsulas. Sin embargo, Vitullo señala que “el gran porcentaje del producto que abastece hoy la industria bajo el programa del Reprocann son inflorescencias, es decir, el uso de la flor de cannabis, que se aplica a través de vaporizadores”.
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En ese sentido, ejemplifica que “si un paciente solicita por una patología en particular vaporizar inflorescencias, el médico decide si esas inflorescencias serán ricas en THC o en CBD -quimiotipos principales de la flor de cannabis con características puntuales para tratar diversas dolencias- dependiendo la patología que presente”.
El avance de la medicina pudo determinar los beneficios del uso del cannabis para tratar diversos cuadros de salud. Vitullo señala que “para patologías del dolor se necesita el quimiotipo THC mientras que para las del insomnio se usa el quimiotipo CBD
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Hay muchos cuadros de salud que hoy se tratan con cannabis, pero en la Argentina el programa aún tiene pocos años y le falta información estadística sobre su impacto medicinal.
Por eso, Vitullo destaca: “A partir de este año todos tendrán que hacer un informe de trazabilidad de lo que sucede en el semestre. Cada 6 meses, las empresas y las asociaciones civiles, a través de sus directores médicos, tienen que subir estos resultados de historias clínicas a una base de datos nacional, donde contemos con los resultados concretos del uso del cannabis en las distintas patologías, para entender si hay que modificar o no las formulaciones y para darle trazabilidad y estadística”





