En el portfolio de herramientas multipropósito para el agro, el mini tractor Chango, diseñado por el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (Cipaf) del INTA, encabeza hace tiempo la lista de los más completos.
“Cumple con todos los requerimientos de un tractor. Sirve para motorizar y mecanizar diferentes labores y además tiene una toma de fuerza, con lo cual también habilita a mover distintos complementos”, dijo con orgullo Sergio Justianovich, desarrollador de Chango e investigador del CIPAF INTA, a Bichos de Campo.
Pero lo que vuelve a esta herramienta especialmente interesante es la posibilidad de implementarla con gran versatilidad dentro de las producciones de baja escala, sin importar lo distintas que estas sean.
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“En general, las tecnologías que vienen de afuera te venden una unidad motriz con un set limitado de herramientas a la cuales vos no les podés conectar otra cosa. Y en general sobre problemas que no son propios. Es decir, la producción de mandioca en Corrientes tiene su particularidad, al igual que la horticultura en la quebrada de Humahuaca. La idea de esto es justamente potenciar todos esos conocimientos que ya existen, distribuidos en la heterogeneidad que tenemos como país, y reforzarlos a partir de la mecanización”, sostuvo el diseñador industrial.
Respecto a sus características, Chango posee un sistema de transmisión y motorización dentro de la rueda, que le brinda un diseño compacto y le permite transferir su potencia a las herramientas que se le conectan. Es así que puede mover implementos como sembradoras, pulverizadoras o discos de labranza, a la par que puede energizar una bomba, una moledora, una picadora o una ensiladora de forrajes.
“Es una tecnología abierta porque habilita a que las PyMEs ubicadas en aquellos lugares donde se producen los alimentos puedan desarrollar o ajustar los equipos que ellas tienen”, afirmó Justianovich.
Esta tecnología, que INTA ya le transfirió a INTeA, ya se encuentra en etapa de producción, de la mano de una empresa de Olavarría.
“Es una empresa industrial que produce el equipo e INTeA lo comercializa. Ya hay equipos que se han vendido para la yerba mate, para ganadería y para horticultura”, detalló el investigador.
-Haciendo un análisis de mercado, ¿cómo está la demanda?– le preguntamos.
-Según el último censo agropecuario, hay menos de 1.500 tractores de menos de 15 HP, o sea tractores chicos. Eso te da una idea de que se hace todo a mano, que no están mecanizadas esas unidades productivas, que son la mayoría. A nivel nacional esta tecnología tiene muchísimo para crecer. Datos de la FAO muestran que el 90% de los establecimientos del mundo tienen menos de una hectárea, con lo cual las posibilidades como nicho de mercado con muy grandes.
-¿Es caro acceder a esto?
-No, no es caro. En un establecimiento hortícola, usándolo 30 minutos por día, se pueden mecanizar casi todas las labores y en menos de 3 años recuperaste la plata que sale del equipo. En cosecha de uva son 27 días de trabajo, en cosecha de banana serían alrededor de 3 meses. Estamos hablando de que es una tecnología que se amortiza rápido.





