La centenaria firma Lácteos Verónica, con más de un siglo de trayectoria, atraviesa una crisis que se profundiza día a día. Sin pago de salarios, con deudas acumuladas y sin producción propia de leche, la empresa parece encaminada hacia un desenlace judicial. La falta de reacción de la familia propietaria, los Espiñeira, refuerza la percepción de que el futuro inmediato se definirá en tribunales.
La semana pasada, una manifestación en la planta de Clason expuso la fragilidad del vínculo entre los trabajadores y la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra). Con escasa participación obrera, fue la estructura sindical la que intentó mostrar respaldo, aunque las bases sienten más abandono que acompañamiento. La distancia entre el sindicato y los empleados ha erosionado la confianza en las instituciones que deberían garantizar derechos básicos. Esto volvió a ocurrir en las últimas horas.
La situación se traduce en pagos irrisorios: tras dos semanas sin cobrar, los trabajadores recibieron entre 24 y 60 mil pesos, montos que apenas alcanzan para cubrir una mínima compra de supermercado. Mientras tanto, circulan versiones sobre una supuesta venta de la empresa, impulsadas por el gremio, aunque sin confirmación de la familia propietaria.
En las últimas horas, los mensajes de los delegados reflejaron la confusión reinante. Primero se organizaban traslados hacia la planta; luego se anunció que, por falta de fondos, los vehículos del gremio dejan de funcionar hoy mismo. La explicación sobre el costo del combustible contrasta con otros gastos de la seccional.

Con varias plantas en Santa Fe —Clason, Totoras, Lehmann y Suardi—, las comunidades observan con preocupación el avance de la crisis. El final de la feria judicial podría traer novedades, ya que con el paso de los días se estima que el lunes podría presentarse el pedido de apertura de un concurso de acreedores, alternativa que sinceraría la situación financiera pero que también podría retrasar una eventual venta total o parcial de la firma.
De todas maneras esto es difícil de confirmar, ya que este miércoles cerca del mediodía y con una convocatoria arrebatada de Atilra, con ínfima presencia de trabajadores y sí un cúmulo de delegados y dirigentes sindicales, se convocaron frente a las oficinas de la empresa en la localidad de Totoras, donde la familia Espiñeira mantenía una reunión.
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Después de un rato de espera, Alejandro Espiñeira salió a dialogar y sólo fue increpado por los presentes, donde se incluía al secretario general de la Seccional, Juan Lucena, que según comentan recién regresó de sus vacaciones. Desde la gremial le dijeron “vayan y miren las tumbas de sus padres”, a modo de provocación en la búsqueda de algún tipo de reacción, tal como lo muestra un video de FM Nueva de Totoras.
Lo que uno de los dueños pudo explicar en ese clima de angustia es que “estamos tratando de salir”, que “no hay vaciamiento” de la empresa, “hemos pedido una reunión con el Ministro de Producción de Santa Fe”, “porque lo que nosotros queremos es sostener a las fuentes de trabajo”.
Fondeo provincial no va a haber, por lo tanto la alternativa judicial es la que más números tiene en una tómbola compleja a la que se arriesga la láctea.

Mientras el sindicato intentaba hace días explicar que estaba negociando la venta de la empresa, el encuentro de las últimas horas con Espiñeira demuestra que todo eso no era más que un enredo para intentar estirar los tiempos frente a quienes quieren saber cuál será su futuro.
La deuda por salarios se suma a obligaciones con proveedores de insumos y servicios, con tambos ahogados por los pagos pendientes, mientras la falta de leche cruda desde julio marca el punto crítico de la crisis. Con contratos de fasón para terceros en un limbo, los 700 trabajadores de Lácteos Verónica enfrentan una realidad cada vez más insostenible.




