La gran mayoría de argentinos que fueron de viaje a Bariloche pasaron por Tom Wesley. A la altura del kilómetro 15 de la avenida Bustillo, en esa ciudad patagónica, está ubicado el tradicional espacio para turistas que ofrece recorridos y paseos a caballo por los bosques nativos de ese rincón patagónico, con vistas panorámicas hacia la cordillera y sus lagos.
En ese lugar, hace 40 años Tomás “Tom” Wesley ofrece sus servicios turísticos, especialmente a los egresados de secundaria. La gran mayoría de paquetes de viajes para este segmento incluye la famosa cabalgata por los bosques patagónicos y su oferta gastronómica que acompaña.
En los últimos años, al paseo que se ofrece, agrega cerveza artesanal que elabora también la familia Wesley. De hecho, esa cerveza se convirtió en una de las más importantes de Bariloche, con varios bares donde la sirven. Además de cervecería, Wesley elabora su propio gin y hasta un vermut.
Detrás de la postal turística de los Wesley se esconde una vida productiva y de campo. Tanto para la elaboración de bebidas como la cría de caballos. De los tragos se encarga “Pacu”, hijo de Tom, este último al mando de un campo de Comallo, a unos 100 kilómetros de Bariloche, donde cría caballos para su emprendimiento.
La historia de Tomás Tom Wesley es la de un pionero que supo unir la tradición patagónica con la innovación y el respeto por el entorno. “Tenemos un lugar bastante privilegiado, entre Bariloche y Llao Llao, que todavía conserva un poco el sistema de chacras”, cuenta Wesley. Allí, la rutina diaria transcurre entre cultivos de alfalfa, animales de granja, y el ir y venir de turistas que no sólo disfrutan de las cabalgatas, sino también de la experiencia de conocer la vida rural de cerca.
La cría de caballos, eje central del emprendimiento, se fue adaptando a las exigencias del turismo y a las particularidades del clima patagónico. “El alimento es todo artificial. Nosotros hicimos una prueba, hicimos mil fardos durante varios años ahí en el kilómetro 15, pero el clima no es bueno para la agricultura. No podés producir más de dos cortes de alfalfa, y uno bueno y el otro más o menos. Todo se trae”, relata Tom, evidenciando las dificultades de producir en una postal que, aunque idílica para el visitante, implica un trabajo constante y desafíos permanentes para quienes la habitan.
Todo comenzó hace 40 años como escuela de equitación. Esa escuela migró a los paseos a caballos para egresados: “Hace cuarenta años que estamos con eso, así que casi todos los egresados pasaron en algún momento por acá”.
Como el espacio en el kilómetro 15 quedó chico, hubo que expandirse. “Tenemos un lugar acá en Bariloche, pero no tiene la capacidad para tener tantos animales. Entonces, de a poco fuimos creciendo y compramos un campo primero por la zona de Comallo, bien en la estepa, donde criamos, buscamos los caballos, hacemos los potros, y después los traemos acá. Los vamos amansando, y los que sirven para turismo los guardamos. Y los que no, los negociamos por ahí, los regalamos o los donamos. Usamos solamente los caballos, las yeguas no. No usamos yeguas”. Según explica, en el último tiempo compraron un campo en el Río Pichileufú, unos 60 kilómetros al sur de Bariloche, exclusivo para la cría de caballos.
La relación con la cervecería familiar es otra muestra de la búsqueda de sustentabilidad y aprovechamiento de recursos. “Ahora, con el tema de la cervecería, se usa el bagazo, que es cebada ya procesada para hacer la cerveza, y después eso va para los animales. Es muy buen alimento y, bueno, para nosotros es gratis”, explica. Así, los residuos de la elaboración de cerveza artesanal se convierten en un valioso complemento para la alimentación equina, cerrando un ciclo productivo donde nada se desperdicia.
Mirá la entrevista completa con Tom Wesley:
La experiencia acumulada a lo largo de cuatro décadas permite a Wesley anticipar y sortear las dificultades propias del oficio. “Uno va aprendiendo de los errores y vamos sabiendo cuánto puede trabajar un caballo sin agotarse, sin estresarse o tomar maña. El caballo tiene que tener su tiempo libre también”, reflexiona, destacando la importancia de contar con campos donde los animales descansen y se recuperen luego de la temporada turística.
Más allá de la postal perfecta, Wesley remarca que detrás de cada paseo hay una logística y un esfuerzo que el turista rara vez imagina: “Muchos creen que producir en la postal es fácil y lindo, pero no es todo tan bello. Hay dificultades, el alimento, hay cuestiones genéticas, miles de cosas detrás”. Su objetivo no es sólo ofrecer una experiencia diferente, sino también mostrar la realidad de quienes eligen producir en el corazón de la Patagonia.
A la hora de pensar el futuro, Tom no descarta sumar nuevas actividades ganaderas, aunque reconoce que su verdadera pasión sigue siendo la cría de caballos mansos y robustos, ideales para el turismo. “Buscamos caballos grandes, trajimos percherones de la provincia de Buenos Aires, un padrillo, para buscar caballos de buena altura y mansedumbre. No necesitamos caballos briosos, necesitamos que el turista salga y vuelva sin lastimarse”, dice.
Así, la postal de los estudiantes a caballo en Bariloche esconde una historia de trabajo, adaptación y amor por la tierra, tejida a lo largo de generaciones.





