Javier Azpiroz hace ganadería en el sur de Corrientes desde mediados de la década del ochenta, e inquieto y perspicaz, conoce bien el paño. Con él hablamos a fondo sobre un tema controversial:
-Hablemos de la garrapata. ¿Cómo te sentís hoy respecto a esa lucha sanitaria y cuál es la situación de la garrapata en Corrientes?
-Hoy no me preocupa, salvo por los coletazos de la eterna campaña de erradicación. No se puede hablar de garrapata en la zona subtropical en la Argentina sin considerar la historia de la lucha. Y la historia de la lucha comenzó en el Pleitoceno, porque fue en el 1905 cuando la modificación de la ley de la policía sanitaria. ¿Cómo comenzó? obligando al productor a hacer un montón de cosas. Esa lucha era producto del positivismo de la época: Se decía, a la garrapata la terminamos. Algo así como Trump ahora: a los mexicanos lo sacamos del otro lado.
-Suena fácil en los discursos, pero nunca lo es…
-No es tan fácil. La garrapata está muy cómoda en determinadas circunstancias muy definidas de temperatura y humedad. ¿Y qué pasó? La lucha se inicia con la consigna de exterminar la garrapata. Eso demuestra una soberbia en la que yo también pude haber caído, porque yo llegué al norte como productor y me parecía un retrógrado la persona que planteaba que había que abandonar la lucha o modificarla. Pero al final también veía que era imposible erradicarla, que en la práctica no se podía. Era una lucha perdida.
-¿Por qué?
-Es una lucha perdida porque esa lucha en general se miraba desde los campos donde era más fácil la pelea, donde se inició la lucha, que era en el límite sur, por ejemplo Venado Tuerto, donde la temperatura media era más fresca que acá y había un déficit hídrico más prolongado, por lo cual la garrapata en invierno estaba muy inestable. Allá esa inestabilidad generaba la posibilidad de victorias rápidas en un principio. En cambio, desde Entre Ríos, incluso en el sur pero digamos que de Villaguay para arriba, la garrapata está en un paraíso. La prueba está que nunca se la pudo erradicar. Y entonces se mentía cuando se decía que se había erradicado, por ejemplo, en La Paz, o en Federal, o en Corrientes, o en Sauce.
En este punto, Javier afirma que detrás de la prédica erradicante está el objetivo de algunas estructuras de conseguir fondos. Y que en este caso, la estrategia es recuperar incumbencias ante la perspectiva del fin de la vacunación antiaftosa obligatoria. En Corrientes, la FUCOSA es homóloga de la FUCOFA. Es decir que las organizaciones tienden a expandir sus incumbencias para alcanzar los objetivos de “la línea” que reemplazan a los que en su momento justificaron la creación de dichas organizaciones.
“Para eso los erradicantes se presentan como milicias dispuestas a inmolarse en una lucha fracasaron rotundamente en el objetivo de ‘exterminar’ la garrapata primero y ‘erradicar’ después. Pero la verdad es que ese costo inútil lo asumiría Corrientes”, indicó el ganadero.
-¿Pero por qué se mentiría?- insistimos.
-Esa mentira era necesaria para seguir consiguiendo fondos. El proclamar victorias, vamos ganando, era parte del asunto. ¡Vamos ganando! Y no íbamos ganando. O sea, en un principio, cuando aparecieron las primeras moléculas químicas, con la garrapata sorprendida, se conseguían avances muy rápidos, pero la garrapata tiene muchas generaciones por año según las zonas, y en cambio los principios químicos, los grupos de moléculas, aparece uno nuevo cada un montón de años.
-¿O sea que la garrapata evoluciona más rápido que la industria que desarrolla productos para controlarla?
-Evoluciona más rápido que los acaricidas, porque es un ácaro. Pero todo eso se generó porque se pretendía imitar la estrategia de Estados Unidos, En Estados Unidos no querían erradicar una zona para producir mejor, ellos pretendían erradicar en Texas, en el Golfo de México, para poder llevar la hacienda al norte a los frigoríficos. Ese era el objetivo, no porque erradicar generara ventajas zootécnicas sino porque la hacienda de esa zona era resistente. Los famosos Longhorn eran resistentes, eran inmunes.
Azpiroz hace una pausa didáctica. Define que hay dos problemas sanitarios asociados a la garrapata. Un problema es la extracción de sangre que realiza el ácaro, que para que produzca un daño significativa en el bovino, tiene que haber una cantidad de garrapatas visualmente observables en el cuarto de un animal, no menos de 50 garrapatas adultas en cada cuarto trasero. “Ese es un problema, pero con dos o tres tratamientos por año, acá en Corrientes o en Formosa, lo terminás”.
El segundo peligro de la garrapata es que es vector de enfermedades, básicamente de la enfermedad de la tristeza bovina.
“Ahí empieza el bolazo, porque la enfermedad de la tristeza es un complejo de varias enfermedades, de las cuales la garrapata transmite sólo una, que es la babesiosis. En cambio la anaplasmosis, se transmite por tábano, o por jeringas en la vacunación. Después de cada vacunación de aftosa hay picos de garrapata y picos de tristeza, producto de lo que se transmite vía jeringa”, remarcó Javier.
“Entonces, cuando decimos vamos a erradicar la garrapata para solucionar el problema de la tristeza, es falso. No lo solucionás”, sentenció.
-¿Y cómo se soluciona?
-El problema se soluciona con la inmunidad de la hacienda, y la mejor inmunidad es la inmunidad del ternero que se crió en un ambiente con garrapata, desde chico, moderando la carga con tres tratamientos por año. Yo soy productor en el norte, no solamente en Perugorría, sino en zonas donde nunca se intentó erradicar, por lo cual nunca tuve problemas, porque nunca fue castigada.
-No entiendo…
-Lo que digo es que la campaña de erradicación de garrapata, en el fondo, es una campaña que castiga la inmunidad natural del rodeo, porque genera lo que se llama inestabilidad enzoótica. Algunas generaciones de bovinos conocen garrapata, otras no conocen garrapata porque hubo impulsos en las campañas de erradicación, por lo cual ese ternero no conoció garrapata. La expresión “conocer garrapata” es fácil de entender, ¿no es cierto? Entonces no conoció garrapata quiere decir que no fue inmune a la babesia. Ese animal es la primera consecuencia del positivismo cientificista de erradiquemos la garrapata.
-Pero entonces lo que estás erradicando, lo que le estás prohibiendo, es que ese ternero adquiera defensas naturales contra la enfermedad.
-Exactamente, y esa inmunidad sólo se adquiere a cierta edad. Por lo cual si le prohibís, es como si a un chico le prohibiese aprender a hablar de chico. Va a hablar de adulto, puede ser, pero va a tener problemas. Hay edades donde se genera la inmunidad.
Tras décadas de fracasos, se concreta una histórica flexibilización de la lucha contra la garrapata
-A ver si entiendo. Hasta ahora, se intentó erradicar, exterminar un ácaro pero no se puede, porque evoluciona más rápido…
-No se puede. Es imposible en ciertas zonas, sobre todo del litoral. Entonces se transforma en una lucha casi tonta, ridícula, porque no vas a ganar y gastas un montón de recursos de los ganaderos. Y mientras luchás, y a veces tenés triunfos esporádicos, vas impidiendo la que sería la mejor estrategia, que es la convivencia. Vas castigando la convivencia. vas multando al productor. Donde se le encontraban garrapatas en el ganado, venía un dedo acusador y un señor que te decía, usted es un desprolijo.
Para Javier, que suele discutir estas cosas con una franqueza brutal con sus colegas ruralistas, el origen de este error de concepción es el mismo que para muchos otros males que padecemos los argentinos: “Todos tenemos una salidita estatista”, define. Y agregó: “Ese estatismo no solamente se da en cuestiones de economía. También se da en que generamos algo muy parecido a entes estatales”.
-¿Te referís a las fundaciones de productores que tienen el poder de policía sanitaria?
-Nosotros caemos en esa trampa. Nosotros los productores caemos en lo que criticamos.
-¿Pero entonces qué es lo que hay que hacer?
-Lo primero que hay que hacer es respetar los límites biológicos, ecológicos de la garrapata. ¿Eso qué significa? Por supuesto que como el clima varía año a año, un año aparece garrapata porque es cálido y húmedo, y entonces hay problemas de tristeza un poco más al sur y un poco más al oeste, por ejemplo Rafaela, de la zona de distribución normal.
-¿No hay que asustarse por los movimientos de la naturaleza?
-No, no, pero ese límite, esa zona buffer, tiene que estar ubicada dentro de la zona naturalmente limpia, no en la zona naturalmente sucia. Eso es lo que hizo Australia, por ejemplo. La zona buffer tiene que coincidir con la zona de distribución de la garrapata, y esa zona llega más al sur de la que los combatientes talibánicos asumen. No sólo en Corrientes, sino que en Santa Fe hay que darse estrategias, en Entre Ríos hay que darse estrategias.
-¿Lo que no se debe seguir haciendo es condenar a los norteños a inmolarse por la garrapata, sino asumir que es un problema de todos, compartido?
-Yo no lo asumo, yo digo que es un problema de ellos. Pero es así… Porque no tienen inmunidad y porque además la tristeza es una enfermedad local. Ellos pretenden que hagamos una Línea Maginot a nuestro costo para defenderlos a ellos (en referencia al sistema de fortificaciones construido por Francia entre 1929 y 1936 para defender su frontera con Alemania).
Para zspiroz, la estrategia adecuada sería redefinir las responsabilidades entre las zonas, porque ya no va más lo de una zona buffer en Corrientes para proteger el sur del país de eventuales brotes de garrapata. “Hay zonas endémicas de mayor y menor aptitud. En la Mesopotamia el límite entre ambas -de acuerdo a parámetros internacionalmente admitidos- estaría más o menos en Villaguay, pero nunca en el norte de Entre Ríos, menos que menos en Corrientes”, aseguró.
Según esta mirada, La Paz, Feliciano y también Chajarí e incluso Federal nunca estuvieron realmente limpios de garrapata, a pesar de definiciones motivadas en la necesidad de demostrar éxitos. A costa de los ganaderos correntinos.
“Mantener limpia esa franja implica juntar todo el ganado alrededor de 10 veces por año. Y eso significa gasto en acaricidas, en personal e instalaciones, y sufrimiento del ganado”, agregó el ganadero.
-¿Sufrimiento del ganado?
-Por cabeza, un día de juntada o encierre equivale lo que ese animal ganaría pastando tranquilo durante 4 días. O sea que se dilapida la ganancia de carne de 40 días por año, aunque la verdad es que la tarea de bañar un lote determinado suele insumir más que un día, algo que en nuestra zona es casi imposible, pues es necesario juntar primero, dedicar uno o dos adicionales a “recoluta” y uno más para largar de nuevo a su potrero.
“Es que no estamos hablando de campos fáciles de buen piso y sin monte”, enfatizó Azpiroz.
De todos modos, el ganadero correntino aclaró que “el costo más importante es resignar la posibilidad de que el ganado adquiera a la edad apropiada una buena inmunidad natural, permitiéndole ‘conocer garrapata’ y convivir con este parásito dentro de rangos de pérdidas nulas o bajísimas”.
Y sin inmunidad, el ganado de la zona en donde la garrapata pretende ser erradicada, vive permanentemente en situación de riesgo ante reinfecciones que no solo se originan en ganado vacuno que eludió los tratamientos sino en otras especies, porque ya se ha probado que otros animales son hospedantes del parásito, como los ciervos Axis, los perros, los yeguarizos y muchos más, incluso aves como la garcita “Bubulcus ibis”, en las que aun sin completar el ciclo, la garrapata puede trasladarse ocasionalmente.
-Pero las Fundaciones, tanto de Corrientes como Entre Ríos, insisten en que la garrapata está presente y sigue provocando pérdidas económicas importantes…
-¿Pero cómo nos va a provocar pérdidas económicas si durante años castigaron a quienes promovían la inmunidad natural? El objetivo es mandame plata, mandame plata.. Cosas como “tengo que seguir con esta lucha, que lleva décadas y que no da resultados”.
El entrevistado siempre objeta alguna interpretación del periodista, pero el espíritu de lo que dije fue respetado y solo puedo observar algún error semántico… No es fácil transcribir mi verborragia.
Por ejemplo, no creo que después de las campañas de vacunación antiaftosa haya picos de garrapata, sí hay brotes de Anaplasmosis, por más que los vacunadores limpien sus herramientas después de cada “mangada”.
Aunque no lo dije explicitamente, el artículo transmite mi idea de que el concepto qué en un principio (Reforma de la Ley de Policía Sanitaria) pretendía “exterminar” y años después “erradicar” las garrapatas, era un lindo ejemplo de “mala gobernanza”estatal… y privada.
Otro concepto bien entendido y comunicado en la transcripción, es que en el fondo las campañas de erradicación penalizan la inmunidad contra la Babesia dejando inerme el rodeo ante el principal quebranto producido por el ácaro.
También que la “frontera” entre las áreas “sucia” y libre de garrapatas -la línea Maginot- debe coincidir o estar algo más al sur del límite natural entre las zonas endémica “de mayor aptitud” y de “menor aptitud”, copiando el esquema de Australia.
Además de injusto es comprobadamente ineficaz, imponer a los productores del norte -qué ya tienen sus problemas- la inútil y onerosa carga pública de cuidar a sus colegas de Gualeguay, Lechiguanas.. o la cuenca del Salado.
Un genio don Javier aportando una visión totalmente distinta e innovadora para un problema viejisimo y que cuesta muchísima plata a productores y en algunos casos las cargas de estas “luchas” que no solucionan mucho terminan fundiendo pequeños productores
Nunca hubo tanta garrapata…cómo ahora en La Paz o Feliciano…entonces??
Amigo
Lo primero, si producto de años de intentos fallidos de erradicación, su ganado no es inmune, tengo que decirle que Ud está en problemas.
Quizás debería consultar a un chamán.
Mientras tanto, solo puedo aconsejarle que vaya premunizando sus terneras y vaquillas de reposición con hemovacunas.
Si su ganado es inmune, planifique un programa con algunos tratamientos por año en fechas estratégicas con el objetivo de bajar la carga, le sugiero hacerse asesorar por un buen veterinario que no esté infectado por el talibanismo erradicante.
También puede involucrarse en su sociedad rural y por si no lo saben, avisarle a sus dirigentes que el rey esta desnudo, como lo hicimos nosotros, primero en Perugorria y Goya, luego en toda la zona de lucha del sur de Corrientes donde la fantasía terminó.