Los precios del poroto de soja en el mercado estadounidense CME Group (“Chicago”) registran este jueves un impulso alcista proveniente de tres causas diferentes.
La primera es que el presidente Donald Trump afirmó hoy que mañana viernes anunciará medidas de ayuda para el sector agropecuario de EE.UU. Se prevé que entre los anuncios se instrumente finalmente el mandato de uso interno de biocombustibles.
A mediados del año pasado la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) propuso un uso interno obligatorio de biodiésel de 5610 millones de galones para 2026 versus 3350 millones en 2025, mientras que para 2027 crecería a 5860 millones. Además, EPA propuso reducir los incentivos fiscales tanto al biodiésel importado como a las materias primas importadas empleadas para elaborar el biocombustible en territorio estadounidense.
Esa propuesta no cayó nada bien a la industria petrolera de EE.UU., que hizo lo posible por retrasarla. Ahora, con la nueva coyuntura global planteada por la guerra en Medio Oriente, los biocombustibles pasan a ocupar un rol relevante en la agenda de la administración Trump.
También podría haber novedades relativas a la reglamentación necesaria para que los elaboradores de biocombustibles puedan calcular los créditos fiscales que recibirán en función de la materia prima empleada, un aspecto crítico para consolidar el sistema de incentivos en el sector.
Esa movida coincide con un alza del valor internacional del petróleo y los combustibles ante la evidencia de que EE.UU. e Israel no tienen capacidad para doblegar a Irán, lo que convalida la hipótesis de un conflicto por demás extenso.
En ese marco, los futuros del aceite de soja en el CME Group cotizaban este jueves con alzas intradiarias, las cuales contribuyen a sostener los valores de poroto. En EE.UU. el aceite de soja es el principal insumo empleado para fabricar biodiésel.
El tercer aspecto es la fortaleza que sigue mostrando el valor de la harina de soja, fenómeno que ocurre de la mano del creciente apetito por las proteínas cárnicas en un contexto en el cual la carne aviar y porcina –principales consumidores del derivado de soja– se tornan muy competitivas frente al encarecimiento de la carne vacuna, que se está transformando en un “producto de lujo”.






