La contadora y analista Mónica Ortolani dejó una definición contundente tras su paso por Expoagro: en el nuevo contexto económico el financiamiento dejó de ser una limitante estructural para el productor y pasó a ser una herramienta disponible, más diversa y, en muchos casos, más conveniente. “La Expo nos trajo novedades muy importantes que no veníamos acostumbrados de otras muestras anteriores”, resumió.
Según explicó Mónica, uno de los cambios más relevantes es la ampliación de plazos y alternativas. “Empezamos a ver un gran abanico de posibilidades. Veníamos como máximo a 24 meses y hoy tenemos alternativas de inversión que llegan a 48 o 60 meses e incluso grandes inversiones con plazos de hasta 10 años”, detalló. Y fue más allá: “Podemos invertir porque siempre nos quejábamos de que no había financiamiento para la inversión, y hoy lo tenemos”.
A esto se suma una mejora en el costo. “Tenemos tasas más amigables, desde el 0% hasta convenios con provincias como Santa Fe, Entre Ríos o Córdoba, donde hay tasas del 16% en pesos”, indicó Ortolani, marcando un escenario más favorable que el de años recientes.

Pero uno de los puntos que más destacó como “neurálgico” es la posibilidad de transformar activos productivos en garantía crediticia. “Hoy el productor puede estar transformando sus granos y su rodeo en liquidez. Tener trazabilidad en la ganadería se convierte en un diferencial puro de acceso al crédito”, explicó. En ese sentido, precisó que “ese rodeo identificado o ese silobolsa se puede transformar en garantía para acceder al crédito”, lo que agiliza y da seguridad tanto al productor como a la entidad financiera.
Ese esquema, agregó, permite además calzar mejor los tiempos productivos. “Se puede poner como garantía ese mismo stock que querés engordar o mejorar, y el banco puede seguirlo mediante tecnología. Es un activo que se transforma en líquido sin necesidad de venderlo”, señaló.

En el caso de los granos, la lógica es similar: “Ese grano guardado en silo bolsa se convierte en garantía del financiamiento. Entonces podés hacer coincidir la cancelación del crédito con la venta y, además, aprovechar mejores precios o evitar costos logísticos en momentos de alta presión de cosecha”. En tal sentido, ejemplificó: “por ahí una soja mayo versus noviembre te da un 14% en dólares, entonces te conviene guardarla, financiarte y vender en otro momento”.
Otro instrumento que reaparece es el leasing. “Es una herramienta importante que hay que analizar. En lugar de amortizar maquinaria, lo que hacés es deducir un alquiler”, explicó, aunque advirtió que debe evaluarse caso por caso, especialmente en un contexto donde también existen beneficios como la amortización acelerada para ciertas inversiones.
A la hora de elegir entre endeudarse en pesos o en dólares, Ortolani fue clara en que no hay una única receta. “Primero hay que preguntarse qué produzco: ¿pesos o dólares?”, planteó.
Así, para actividades como el tambo o los servicios, recomendó mirar con atención las tasas en moneda local: “hoy tasas del 16% en pesos son atractivas porque están por debajo de la inflación y la devaluación”. Y advirtió: “una tasa cero en dólares, con una devaluación implícita del 29%, no es gratis”.
También llamó a comparar condiciones reales más allá de la tasa nominal: “Muchas veces esa tasa cero en dólares está escondida en el precio del producto, que puede estar inflado. Hay que mirar convenios con bancos, marcas o insumeras porque a veces es más conveniente una tasa en pesos”.
Más allá de las herramientas financieras, la analista insistió en volver a lo esencial. “Hay mucho ruido y el productor dice ‘estoy mareado, no sé qué decidir’. Entonces hay que volver a ciertas preguntas básicas”, afirmó. Entre ellas, destacó el análisis de conveniencia: “Me conviene tomar deuda si la puedo hacer rendir por encima del costo de financiamiento”.

También subrayó la importancia del calce de plazos: “No te podés endeudar a 360 días si tu negocio no genera ingresos en ese plazo”. Y sumó el análisis de rentabilidad en sentido amplio: “No solo lo medible, sino también lo intangible, como ganar escala o integrarse mejor al proceso productivo”.
Finalmente, Ortolani puso el foco en un aspecto muchas veces relegado: el propósito del endeudamiento y su vínculo con la empresa familiar. “Esta inversión me acerca a la visión de empresa que quiero tener. Por eso es fundamental incorporar al equipo y a la generación siguiente en el análisis”, sostuvo. Y concluyó con una imagen clara: “El GPS del endeudamiento hoy nos marca por dónde ir, pero no hay que perder la propia brújula, el propio norte”.





