“El matarife atraviesa un momento complejo”, arrancó diciendo Ariel Morales Antón, el nuevo presidente de la Cámara de Matarifes y Abastecedores de Carne Vacuna (Camya). Y explicó que sostiene eso porque “falta de hacienda gorda, subieron los precios, pero no se los puede trasladar al mostrador por la pérdida de poder adquisitivo. No se pueden convalidar los valores en la calle, las faenas han caído y los costos fijos siguen siendo altos”, resumió.
En ese contexto, explicó que el problema hoy no lo tiene la ganadería -que disfruta del buen clima y de mejores precios-, sino los demás eslabones de la cadena cárnica.
Para Morales Antón, el límite lo marca el bolsillo del consumidor: “El valor de la carne para el poder adquisitivo hoy del argentino es difícil que sostenga los kilos anteriores. Entonces toda la cadena está complicada”.
Uno de los puntos más delicados pasa por la cobranza, un problema histórico que se agrava en contextos de subas de precios. “Hoy se está arriesgando financieramente mucho más que cuando el valor es menor”, advirtió.
Y explicó: “No es lo mismo largar a la calle una cantidad de plata que otra El aumento del precio hace que la financiación en el destino final, en las carnicerías, sea más alta, con mayores riesgos y la misma rentabilidad”.
En ese marco, describió las tensiones que genera la caída del consumo: “Hay clientes de muchos años con plazos de pago que hay que respetar para que la cadena no se corte. Pero la caída de las ventas hace que no se junte el dinero en los tiempos estipulados. Si eso se desacomoda, trae problemas”.
Este es un viejo reportaje de Bichos de Campo al nuevo presidente de Camya:
Respecto de los precios ganaderos, el dirigente fue claro en señalar que el mercado está buscando un nuevo equilibrio más bajo. “Esta caída se da porque la gente no puede convalidar los precios. El mercado se está reacomodando a la baja y está marcando cuánto puede pagar la gente un kilo de carne final”, explicó.
Incluso fue más allá y dejó abierta la puerta a nuevas bajas: “Puede seguir bajando. A medida que tengamos un poco más de oferta y la gente ponga un piso, se va a estabilizar el precio”.
Según su visión, en los próximos meses podrían aparecer más animales terminados: “Se ha encerrado más hacienda, hay recría, y en esta zafra de acá a tres o cuatro meses podemos encontrar una mayor oferta que, con esta demanda, no dispare tanto los precios”.
De todos modos, remarcó que cualquier suba futura no vendrá por presión del consumo: “Creo que si aumenta la carne va a ser por una reducción en la oferta, no porque la gente empuje en el mostrador”.
En paralelo, planteó la necesidad de ordenar el funcionamiento del mercado, con fuerte foco en la carga impositiva y la informalidad. “Tenemos una carga impositiva de entre 25 y 35% sobre el margen. El destino final tiene que blanquearse”, sostuvo.
En ese sentido, consideró clave avanzar en una mayor formalización: “El matarife está sufriendo no poder hacer su remito electrónico o su factura a ese destino. El blanqueamiento va a permitir que se puedan bajar impuestos y que toda la cadena tenga un esquema más amigable”.
Pero el eje más crítico estuvo puesto en la competencia desleal. “Hay mucha carne informal y eso destruye el negocio”, alertó. Y detalló: “Hay matrículas con 20 o 30 personas arriba que no están registradas. Eso genera diferencias de precio que no tienen que ver con comprar mejor la hacienda, sino con no pagar impuestos”.
Para Morales Antón, ese fenómeno empuja a muchos operadores a moverse por fuera del sistema: “Cuando la rentabilidad es baja y los impuestos son altos, termina siendo un negocio impositivo. Entonces la gente busca faenar bajo otra matrícula para evitar costos y competir”.
Por eso, adelantó que uno de los ejes de su gestión será avanzar contra esas prácticas: “Tenemos que atacar la informalidad. El que quiera estar en la actividad tiene que hacerlo de manera registrada. Nosotros representamos al matarife que quiere hacer bien las cosas”.
Y concluyó: “La transparencia del negocio se logra sacando a la luz lo que hoy está oculto. Si no, la competencia desleal termina perjudicando a toda la cadena”.




