Ricardo Mathó Meabe es correntino y productor ganadero, actualmente ejerce además como protesorero de la Sociedad Rural Argentina (SRA). El dirigente envió a Bichos de Campo esta nota de opinión para expresar su apoyo a la decisión del gobierno de permitir la libre elección del productor para, a partir de 2027, definir quién aplica las vacunas contra la aftosa y la brucelosis a su rodeo bovino.
Estas son sus ideas:

La reciente decisión del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) de permitir que veterinarios acreditados participen también en la vacunación contra la fiebre aftosa, quitando la exclusividad a los entes vacunadores regionales, ha generado reacciones críticas de algunas entidades rurales.
Sin embargo, desde la mirada de muchos productores, esta medida no hace más que introducir un principio que el propio sector agropecuario ha defendido históricamente: la libertad de elegir.
Durante años el ruralismo ha cuestionado que los sindicatos retengan de manera obligatoria aportes de los trabajadores para financiar estructuras gremiales. Se ha reclamado -con razón- que cada empleado pueda decidir libremente a qué obra social afiliarse y si desea o no contribuir a una organización sindical.
Resulta entonces contradictorio que, en el caso de la vacunación antiaftosa, algunos sectores pretendan mantener un sistema donde el productor no puede elegir quién realiza el servicio, cuánto paga por él o en qué condiciones lo contrata.
La apertura para que veterinarios acreditados también puedan aplicar la vacuna no elimina a los entes vacunadores. Simplemente introduce competencia y, sobre todo, libertad de elección para el productor.

Además, no debería olvidarse que la responsabilidad sanitaria primaria siempre recae en el productor y en su veterinario. Nadie tiene mayor interés en mantener su rodeo correctamente vacunado que quien vive de su producción. En ese sentido, la responsabilidad profesional del veterinario actuante y la del propio productor difícilmente sea menor -y muchas veces será mayor- que la de cualquier fundación o ente intermediario.
Quienes trabajamos en el campo sabemos que la sanidad animal es un pilar fundamental de nuestra producción y de la inserción internacional de la Argentina. Pero justamente por eso, fortalecer el sistema también implica hacerlo más transparente, más eficiente y más libre.
Defender la libertad cuando nos conviene y restringirla cuando afecta intereses propios no parece el camino más coherente para un sector que siempre ha reclamado menos intervenciones y más decisiones en manos de los productores.
La sanidad no depende del monopolio de una institución, sino del compromiso del productor.
La libertad de elegir cómo cumplirla también es parte de un sistema moderno y maduro.





