El 2025 fue un año de logros para el sector vitivinícola de la provincia de Jujuy, ya que se concretaron todos los trámites necesarios para la declaración de la Identificación Geográfica (IG) que distingue al vino de los valles templados de Jujuy, que es fruto del trabajo de productores vitícolas y bodegas de esa región con epicentro en Perico.
La Identificación Geográfica es un reconocimiento que permite distinguir un producto agroalimentario a partir de su origen geográfico, como en este caso, donde se diferencian a los vinos o bebidas espirituosas de origen vínico de la zona de los valles templados de la provincia de Jujuy. En nuestro país, a partir de la ley 25.380, y su modificatoria 25.966, se consolidó el marco normativo que posibilita utilizar a la IG como herramienta de protección y promoción de productos que tienen características diferenciales relacionadas a una zona geográfica.

Lourdes Avalos, ingeniera agrónoma que trabaja en la Dirección de Vitivinicultura de la provincia de Jujuy. es además una de las técnicas de referencia del Centro de Desarrollo Vitícola (CDV) de Jujuy por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR). También forma parte del equipo del Centro Enológico para el Desarrollo de la Vitivinicultura de Altura de la UNJu. Ella contó los pormenores del trámite a Bichos de Campo.
“Iniciar los trámites para este reconocimiento fue principalmente impulsado por los productores y bodegueros de la región de valles templados y por la Secretaria de Desarrollo Productivo de Jujuy, con la intención de poder visibilizar, caracterizar y posicionar a esta región dentro de la provincia y, junto a la Quebrada de Humahuaca, contar con dos regiones edafoclimáticas distintas, pero complementarias”, comienza diciendo Avalos.

Según su relato, para promover la IG de valles templados fue fundamental el Estudio de Caracterización de las Regiones Vitivinícolas realizado por la COVIAR y Consejo Federal de Inversiones (CFI) con apoyo del gobierno local, a partir del cual se pudo conocer en profundidad a cada zona y reconocer sus rasgos distintivos. El estudio resultó fundamental para poder hacer el pedido de IG al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
Pero, también, fueron claves los aportes e impulso de los productores: “Hubo una bodega en particular (El Molle), que puso a disposición a su técnico para complementar los informes enológicos que requerían estos trámites. La predisposición y articulación de los técnicos y directivos del INV y de la secretaria fueron fundamentales para llegar a buen término”, señala la entrevistada.

“Para el productor la IG es una gran herramienta. Si bien no es un sello, es una mención oficial y de distinción que va a tener su etiqueta que indica su lugar de procedencia, lo que ayuda en la comercialización en diferentes mercados. Tener una IG dentro de la botella me dice, este vino se produce en una zona con características únicas y diferentes a todas las demás regiones vitivinícolas, constituyéndose en una gran herramienta de marketing, de comercialización, y fundamentalmente le da identidad dentro de la provincia y país”, festeja la ingeniera.
Sobre la historia de este territorio Lourdes aclara que “si bien la región de valles templados tiene una herencia vitivinícola muy fuerte, se detuvo su desarrollo debido a legislaciones pasadas que promovieron a la región de Cuyo frente a las demás zonas vitivinícolas del país. Por ello, ocurrió una destrucción de viñedos, donde los productores mutaron a ser principalmente tabacaleros, con una diversificación frutícola, en algunos casos”.

Dentro de las políticas de fomento de la actividad fue que, a principio de 2025, se iniciaron reuniones con productores, tanto de valles templados y de la Quebrada de Humahuaca, para ver las demandas y las problemáticas de cada sector. En ese marco surge el pedido de productores y bodegueros, ante la necesidad de posicionarse, y ampliar la comercialización de sus vinos, pudiendo mejorar los mercados, a partir de esta distinción.
“Luego de esas reuniones”, rememora Lourdes, “cuando se hace la reunión de Consejo Consultivo Vitivinícola, que es una mesa de reunión que junta a referentes de cada sector vitivinícola de la provincia, es donde surge la demanda concreta por parte los productores que se canalizó a través de la secretaria Ministerio de la Producción, quien fue llevando adelante todos los trámites necesarios”.
Jujuy cuenta con la Ley 5.882 de promoción y fomento de la vitivinicultura, que incluye a todas las actividades, desde la primaria hasta la enoturística. Actualmente, el Ministerio de Turismo ha publicado la nueva ruta del vino que tiene Jujuy, en donde se incorporan y se diferencian las dos zonas, y donde esta IG es de gran utilidad.

¿En qué se diferencia esta región con respecto a la Quebrada de Humahuaca?, sobre esto Avalos plantea que “son regiones con diferencias muy marcadas en torno a las condiciones edafoclimáticas, como las culturales y las paisajísticas, pero que se complementan entre sí”.
En la Quebrada se produce en viñedos que se adaptan a las formas escarpadas de los terrenos, con una altitud elevada, a partir de los 2200, hasta los 3300 metros sobre el nivel del mar, lo que le da comisiones únicas. Las frutas reciben gran radiación solar y son expuestas a una marcada amplitud térmica entre el día y la noche, que a veces llegan hasta los 14° de diferencia, lo que genera una maduración lenta y con mayor acumulación de polifenoles, otorgando mayor intensidad de color, mayor concentración de taninos. Son vinos con muchísima presencia, con gran acumulación de azúcar lo que puede llevar a un producto con alta graduación alcohólica”.

A lo que complementa, por su parte, “los valles templados es una región más húmeda y cálida. Dentro de la misma región hay sectores diferentes respecto a esta característica como la zona como Pampa Blanca, El Carmen y la capital. La amplitud térmica en los valles como en Región de Quebrada de Humahuaca también es amplia, a veces llega a 12°. Las uvas se comportan con una maduración más corta. Los meses donde ocurre la maduración hay mayor nubosidad, lo que lentifica la acumulación de azúcares, generando un producto un poco menos alcohólico.Son vinos bien frutados, frescos, livianos, más ligeros que los de la Quebrada.
Muchos enólogos señalan la ventaja de que es una zona muy buena para hacer bases de espumantes, para líneas blancas, vinos jóvenes, productos que ahora son muy demandados”. Además, los enólogos que estudian la fruta de los valles templados señalan que tiene una marcada acidez natural, condición que favorece a la producción de vinos blancos. “Son vinos de calidad enológica muy buenos”, celebra esta ingeniera apasionada por los vinos de Jujuy.

Y agrega que “los tintos tienen menos acumulación de color, o sea, de antocianinas, otorgando una coloración menos intensa que en el caso de la Quebrada. En los valles, la época de maduración y cosecha de la vid, es donde ocurre la mayor ocurrencia de precipitaciones, hay una gran nubosidad dificulta la acumulación de azúcar. Para el enólogo, como para el agrónomo, es un gran desafío poder determinar el punto o la ventana de cosecha adecuado para el vino que se quiere elaborar y escaparse, a la vez, de las lluvias.
En Jujuy la vendimia más temprana sería la de los valles templados y la vendimia más tardía en la Quebrada de Humahuaca, que suele extenderse hasta el mes de abril y en algunos casos en variedades criollas hasta mayo. Podemos afirmar que los valles templados de Jujuy tiene una de las primeras vendimias en Argentina.

Según datos del INV, la región de Valles Templados cuenta con 13 emprendimientos vitivinícolas de los cuales 3 tienen su propia bodega, ocupando 15,3 hectáreas, con una producción de 696 hectolitros de vino y 626 quintales de uva. El total de superficie en Jujuy es de 73,3 hectáreas con una producción de 4185 quintales y 2705 hectolitros. La zona de El Carmen tiene el mayor número de hectáreas y número de viñedos.
Las variedades tintas más difundidas son Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah, Tempranillo, Marcelan, Pinot Negro y Bonarda. En cuanto a las blancas son: Sauvignon Blanc, Chardonnay, Viognier y Torrentes Riojano.

Avalos reflexiona: “Sabemos que nunca vamos a poder competir con el volumen y tipo de producción de la zona de Cuyo o con la mayor producción del NOA, como Cafayate, porque somos distintos, somos más chicos. Entonces siempre buscamos contar con herramientas y actividades que nos diferencien, como esta IG”.
Y concluye diciendo que “el desafío es llevarla bien alto a la IG de valles templados, es decir, seguir estudiando, investigando, probando las variedades en la región, ver cuál es la que mejor expresa. Debemos cuidar esta IG, cuidar que todo funcione bajo la ley, que se produzca y se elaboren los vinos dentro de esta región. Con la actual desregulación de los controles por parte del INV, tenemos que trabajar que todos los actores hagamos las cosas bien, garantizar que todo el producto que se coseche y se elabore sea en la zona de origen de la IG y, de nuestra parte, poder ayudar a concientizar eso, por el bien de los productores y de los consumidores”.




