La reciente compra de Profertil por parte del grupo agroindustrial Adecoagro empieza a mostrar sus primeros planes de expansión. Mariano Bosch, CEO de la compañía, anticipó que está en estudio una ampliación de la planta ubicada en Bahía Blanca que podría implicar una inversión de hasta 2.000 millones de dólares.
La posibilidad fue mencionada por el ejecutivo en una entrevista concedida a la revista Forbes, donde explicó que el proyecto forma parte de la estrategia para aprovechar el potencial del gas argentino y transformarlo en insumos clave para la producción agrícola.
De acuerdo con Bosch, el proyecto de ampliación forma parte de los planes de crecimiento que evalúa el grupo tras la adquisición. La iniciativa implicaría construir una nueva línea de producción o incluso una segunda planta en el mismo complejo industrial, con el objetivo de aumentar significativamente la capacidad de fabricación de urea.
“Nosotros no nos dedicamos a los anuncios, sino a desarrollar proyectos de ingeniería que tengan sentido y sean competitivos. Tenemos que armar un proyecto con los mejores costos para competir contra la urea que viene de Qatar o de África, donde también tienen gas barato. Estamos trabajando en esa ingeniería para tener una fábrica súper eficiente. Las condiciones están dadas para seguir avanzando y ojalá podamos arrancar la obra pronto, pero lo que nos ocupa es el desarrollo técnico, no el anuncio en sí”, dijo Bosch a Forbes.
La inversión estimada para ese salto productivo podría rondar los 2.000 millones de dólares, una cifra que ubicaría al proyecto entre los más importantes del sector industrial vinculado al agro en la Argentina. La decisión final dependerá de las condiciones macroeconómicas y del marco de incentivos a las inversiones, entre ellos el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que busca atraer proyectos de gran escala.
“Estamos trabajando en eso, pero estimamos un rango de entre 1.500 y 2.000 millones de dólares. En cuanto a los plazos, la construcción de una planta de esta magnitud toma entre tres y cuatro años”, anunció tímidamente Bosch.
La operación se concretó en dos etapas. Primero se adquirió el 50% que estaba en manos de la canadiense Nutrien y luego se cerró la compra de la otra mitad, que pertenecía a YPF, por unos 600 millones de dólares. Con ese movimiento, la empresa pasó a quedar bajo control privado con fuerte vinculación con el sector agroindustrial.
El anuncio se produce pocos meses después de que Adecoagro completara la adquisición de la principal empresa productora de fertilizantes nitrogenados de la región, en una operación que reconfiguró el mapa industrial del sector.
A fines de 2025, la compañía, junto con la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), compró el total del paquete accionario de Profertil por unos 1.200 millones de dólares. Adecoagro quedó con el 90% del capital y ACA con el 10% restante.
Profertil es el mayor productor de urea de Sudamérica y uno de los proveedores centrales para la agricultura argentina. Su complejo industrial se encuentra en el polo petroquímico de Bahía Blanca y produce aproximadamente 1,3 millones de toneladas anuales de urea y cerca de 790 mil toneladas de amoníaco, volumen que le permite abastecer alrededor del 60% del consumo local de ese fertilizante.
El negocio tiene una lógica particular dentro de la cadena agroindustrial: transforma gas natural en fertilizantes nitrogenados, un insumo clave para elevar los rendimientos agrícolas. Esa ecuación explica el interés de los nuevos dueños en expandir la capacidad productiva de la planta.
El potencial de crecimiento de Profertil no es nuevo. Desde hace años se analiza la posibilidad de ampliar la capacidad instalada para aprovechar la disponibilidad de gas natural y la creciente demanda regional de fertilizantes, especialmente desde Brasil. Con la llegada de nuevos accionistas y mayor capacidad financiera, ese viejo proyecto volvió a la mesa.
Para Adecoagro, la compra de Profertil implicó sumar una pata industrial estratégica a un grupo históricamente ligado a la producción agropecuaria y a la energía renovable. La empresa considera que el negocio de fertilizantes encaja con su lógica productiva: conecta energía, industria y agricultura en un mismo esquema de valor.
Si finalmente se concreta, la ampliación de la planta de Bahía Blanca marcaría un nuevo capítulo en la historia de una compañía que, tras más de dos décadas como joint venture entre una petrolera y una multinacional de fertilizantes, acaba de entrar en una nueva etapa bajo control directo de actores ligados al agro.




