Desde el pasado 27 de febrero, es decir, un día antes del ataque de EE.UU. e Israel contra Irán, los precios del contrato más cercano del poroto de soja en el mercado estadounidense CME Group (“Chicago”) subió un 4,8% de la mano de un alza sostenida del aceite de soja, insumo base del biodiésel.
El recalentamiento de los precios del petróleo y los combustibles está promoviendo alzas sustanciales del aceite de soja en EE.UU. porque en ese país el insumo es tanto un commodity agroalimentario como energético gracias a la política de promoción de biocombustibles.
En Brasil, el precio de referencia de la soja disponible Paranaguá –publicado por el Centro de Estudos Avançados em Economia Aplicada (Cepea) y la Escola Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidade de São Paulo– registró desde el inicio del conflicto en Medio Oriente una suba del 1,2%
La diferencia entre ambos mercados es entendible porque Brasil está en plena recolección de una cosecha histórica récord de soja que podría ubicarse entre 175 y 180 millones de toneladas. Está instrumentando embarques de manera frenética para evitar un colapso logístico.
En la Argentina, donde la cosecha aún no comenzó, el alza de los valores de la soja Rosario según la referencia del mercado A3 experimentó un alza de apenas el 0,9%.
Falta alrededor de un mes para el inicio de la cosecha argentina de soja de primera, que, según indicó hoy la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, se encuentra en condición normal a excelente en el 81% de la superficie implantada.
La principal razón detrás de la escasa reacción de la soja argentina es que el precio integrado de la industria oleaginosa –el mayor demandante de soja en el mercado argentino– está cayendo a causa de un descenso del valor del aceite de soja.
Mientras que Brasil y EE.UU. tienen una política de promoción de biocombustibles sólida, no sucede lo mismo en el caso de la Argentina, lo que hace que el aceite de soja argentino no pueda aprovechar el alza impulsada por la suba del petróleo y los combustibles generada por el conflicto presente en Medio Oriente (¡la consecuencia de no tener política agropecuaria!).
Pero lo importante es que el “árbol no nos tape el bosque”, ya que la cuestión central no es el ajuste relativo de precios en una coyuntura global por demás particular, sino comprender que la Argentina juega en una “liga” inferior a la que integran EE.UU. y Brasil.
Mientras que los “farmers” estadounidenses que aún tengan en su poder soja 2024/25 puede vender poroto a un valor de 445 u$s/tonelada, los brasileños, en plena cosecha de un volumen monumental, puede hacer lo mismo con un valor de 416 u$s/tonelada.
Los argentinos, que conservan escasas existencias de soja 2024/25 y se están preparando para levantar la nueva cosecha, pueden acceder a un precio en el disponible de apenas 335 u$s/tonelada a causa de los derechos de exportación aplicados por el gobierno nacional, que en el caso del poroto es del 24,0% del valor FOB. Un auténtico “robo”.






