“No soy la misma persona que era hace tres o cuatro años, me pasaron cosas que me marcaron para bien, pude visibilizar mi fortaleza, cambió el orden de prioridades de mi vida y me ayudó a disfrutar de cosas a las que antes no le daba bolilla”, confiesa Andrea Fiadone, jefa de contenidos de Exponenciar y, por ende, “titiritera” (obvio junto a un gran equipo) de todo o gran parte de lo que miles de visitantes ven cada año en Expoagro. El cimbronazo lo tuvo hace unos años cuando tuvo que luchar contra un cáncer que no la doblegó, incluso, quizás, la dejó más fuerte.
A continuación, los invito a conocer su historia que comenzó en La Dulce, a pocos kilómetros de Necochea, donde nació y se crió. Es licenciada en Comunicación Social. Hizo teatro, diseñó las bases de una capacitación para operadores de maquinaria (Admite) y hace 13 años que está en la estructura organizadora de Expoagro (con un impase de 3 años en medio). Hoy vive en Chascomús, tiene una perra (“Gringa”), es muy fanática de Boca y jugó al fútbol hasta que la rodilla se lo permitió.
Se la escucha reflexiva pero punzante. Directa. Al hueso y sin pelos en la lengua para relatar su camino y abrir las tranqueras de su vida, la cual, vive con intensidad.

-Contame de tu infancia, ¿Dónde y con quienes te criaste? ¿Cómo era ese hogar?
-Nací en La Dulce, sureste de Buenos Aires, un pueblo de 3000 o 4000 habitantes a 60 kilómetros de Necochea. Mi papá, Angelito, era camionero; mi mamá, Mari, peluquera. Tengo dos hermanos menores y ahí pasé mi infancia y adolescencia. Un pueblo que se dedica a la agricultura y a la ganadería con la Cooperativa como epicentro.
-¿Qué era el campo para vos durante la infancia?
-Mi abuelo paterno, que había venido de Italia, tenía un campo de unas 200 hectáreas cerca de La Dulce. Asique allí íbamos con mis muchísimos primos y tíos cada vez que podíamos. Había un rancho de barro, criaban conejos, gallinas, ovejas, se hacía la yerra. Lo hacían mis abuelos, mi papa y sus 9 hermanos. Era un juego ir al tractor con mi tío y disfrutaba de andar a caballo. Yo siempre pienso que era “la Disneylandia” de los simples, de los comunes que no teníamos mucho. Esperábamos esos momentos con mucha alegría.

-Qué olores y sabores se te vienen de aquella época directo al alma?
-Éramos tantos que mi abuela Susana cocinaba los tallarines caseros en una olla enorme que ponía directo al fuego. Así que el olor al fuego y esos tallarines al tuco son parte de la infancia tanto como el olor al barro del rancho. También obvio los asados, los chorizos secos, todo artesanal y el olor a los animales: vacas, gallinas, ovejas.
-Llegó el momento de estudiar y elegiste Comunicación ¿Por qué? ¿Qué querías ser o hacer?
-En realidad, elegí abogacía y me fui a Mar del Plata. Toda mi infancia y adolescencia decía que iba a ser abogada. Pero estuve un año y en ese momento murió mi papá, a los 50 años y me tuve que volver. Por ese motivo tuve una crisis, dejé de creer en la justicia, en Dios, que se yo, un momento bisagra. En ese contexto me decidí por estudiar comunicación en La Plata. La verdad que no sé por qué. Algo inconsciente, pero cero vocacional. Aunque retrospectivamente, creo que acerté porque no me veo hoy como abogada.
-¿Y agronomía o veterinaria nada?
-No, y eso que estaba en las juventudes de ACA. Pero cuando me fui a estudiar salí corriendo del pueblo y no estaba en el horizonte cercano relacionarme con el campo. Sino todo lo contrario. De hecho, me gustaba el periodismo deportivo, de opinión y político. Pero nada con el campo. +}

-¿Cómo llegaste a Expoagro? ¿Para hacer qué?
-La cosa es así: Cuando me fui a estudiar lejos de casa, con mamá peluquera y papá camionero tuve que empezar a mantenerme y empecé a trabajar de cualquier cosa para ganarme el mango: hacía guardias inmobiliarias, en los veranos en algo de turismo en Necochea, lo que sea. Y en uno de esos trabajos en una consultora nos acercaron para hacer unas desgrabaciones a máquina, no había computadoras, desde un casette en las que un ingeniero agrónomo hacía entrevistas a empresas.
-¿Qué época era?
-Estaban por salir las sojas RR y había mucho trabajo. Así empezó mi relación, de grande, con el sector agropecuario. Y después, durante 10-12 años, empezamos a organizar las Uedaps de Monsanto (N de la R: Unidades Experimentales Dekalb de Alta Producción). ¡Hacíamos 30-40 eventos por año! Ahí empezó la historia. Y una vez, hablando con Reynaldo Postacchini (N de la R: hoy vicepresidente de Claas) me planteó el problema de que los operarios de maquinaria no tenían capacitación suficiente para las tecnologías que se venían. Así que un día que no podía dormir, con eso en la cabeza, escribí los lineamientos de Admite, que era un evento, justamente para capacitar operadores de maquinaria agrícola. Le compartí la idea a mi jefe y se lo presentamos a Clarín, que lo tomó y empezamos a organizarlos. Lo hicimos durante 3 o 4 años. Y después de eso terminé trabajando en Ferias y Exposiciones, que hacía Feriagro, y así después pasé en Expoagro.

-¿Qué depende de vos de todo lo que vemos cada año en la muestra?
-Básicamente los contenidos y la atención al público. Además, colaboramos con el bot. Cada año hacemos propuestas de contenidos, algunos se mantienen, otros se van (por citar algunas: Tecnódromo, Auditorio Carne Argentina, el Centro de Agronegocios, Anfiteatro ArgenINTA y Auditorio Agtech. Además de “El club del riego”, “Jornada punto clima”, “Cumbre de contratistas”, “Foro económico”, “Jornada nacional de jóvenes”, “Encuentro de mujeres rurales” o “Eureka: drones).
-¿Qué de todo lo que han ido haciendo te sorprendió para bien?
-Hubo mucho. Ojo, también fracasos. No es que todo sale bien. Pero me sorprendió algo histórico que fue la plaza del bicentenario de 2010, en donde trajimos máquinas antiguas, hicimos una cosecha incluso. Me acuerdo aún hoy un señor con su hijo o nieto, lagrimeando al lado de la máquina. ¡Llorar al lado de un tractor Pampa me conmovió! Y el año pasado me sorprendió la jornada de jóvenes, ¡500 chicos de todo el país! Me emocionó ver tantos chicos.

-En un puñado de palabras, ¿Qué es para vos, para tu alma, Expoagro?
-Hubo un eslogan un año que es “el lugar donde todo sucede”. Para mí es eso. La mayoría de las veces suceden cosas increíbles ahí adentro. Te encontrás con todo el mundo y en esas charlas surgen ideas insospechadas.
-¿Qué fue lo más difícil de estos 20 años?
-Te diría dos momentos. Uno, en 2017, que me fui de la empresa y estuve tres años y pico fuera. Es una empresa en donde se involucra mucho lo personal y necesitaba un respiro. Fue muy difícil para mí. Me sirvió, pero me dolió. Y en lo personal, hace un año y medio me diagnosticaron cáncer de mama y superar el tratamiento fue muy importante. Sobrevivir. Esas dos cosas me marcaron. No soy la misma persona que era hace 3 o 4 años. Me marcaron para bien. Me hicieron ver la fortaleza que tengo que pensé no tenía, me cambiaron el orden de prioridades y me ayudaron a disfrutar de cosas que antes no le daba bolilla.

-¿Cómo te imaginás Expoagro en 10 años?
-Creo se va a terminar expandiendo hacia atrás, hacia el lado del campo porque está muy completa. Y en lo conceptual, la tecnología avanza y necesitás lugar para mostrarla. Nosotros tenemos problema que antes no teníamos que es que necesitamos volar drones. Un ejemplo es que ahora tenemos un problema que, hasta hace unos años no, hoy necesitamos volar drones. Yo creo que vamos más a una feria en donde se puedan ver cosas que no se pueden apreciar por internet. Y una feria más a medida del consumidor. Que haya una guía que te ordene tu agenda, creo que con bots y las nuevas tecnologías lo vamos a hacer en poco tiempo.
-¿Hay algo de otras muestras como Agrishow de Brasil o el Farm Progress Show de Estados Unidos que veas como para replicar?
-Aunque no lo creas, nunca fui a una de esas ferias. Me encantaría, pero lo que sí sé es que ninguna invierte lo que nosotros en mostrar las máquinas a campo. Algo como el tecnódromo es único en el mundo. Mostrar en 45 minutos las máquinas, que puedas ver siembra, cosecha, pulverización, las maquinarias ganaderas… Ese show no existe en ningún lugar del mundo y es nuestro orgullo porque cuesta mucho.

-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?
-Me divierte mucho idear, pensar las secuencias del Tecnódromo. Imaginar qué hacer primero, que viene después. Me gusta traducir lo que hace una máquina en un lenguaje apto para todo público. Que se vea una presentación entretenida.
-Te propongo un pin-pong cortitas y al pie. ¿Cómo despejas tu cabeza?
-Depende la época. Miro series o películas, salgo a caminar, me gusta viajar, me gusta el mar y la playa. Y siempre es bueno estar con amigos que no tengan que ver con el palo del campo.
-¿Series y películas? ¿Qué mírás?
-Me gustan las policiales de investigación científica. Y ciencia ficción.
-También sos fanática de Boca…
-Si, claro, no me pierdo ni un partido. Fui muchas veces a la cancha.

-Armate un podio de tus tres jugadores de Boca preferidos.
-Guillermo (Barros Schelotto), (Martín) Palermo, y (Carlos) Tevez. Lo voy a sacar a Román (Riquelme) por todo lo que está haciendo ahora como presidente. Y de los más viejos, (Gabriel) Batistuta y, obvio, Diego (Maradona).
-¿Tenés o tuviste mascotas? ¿Qué vínculo te une con los animales?
-Si, muy bien. Tengo a la Gringa, mi perra de 5 años, vivimos juntas, una gran compañera.
-¿Cómo la llevás con la cocina?
-Teléfono. Llamo y pido (se ríe). Mi mamá fue cocinera, uno de mis hermanos fue cocinero… Yo no tengo ese don.

-¿Tu desayuno habitual?
-No me levanto de buen humor, así que tomo mate 40 minutos, que son muy personales, muy míos. Y eso me ayuda (se ríe).
-¿Libros? ¿Qué leés cuando no leés?
-Leí mucho en otras épocas. Cuando hacía teatro, estudiaba. Me gustaba mucho leer de psicología. Amo la semiótica entonces leía también de eso. Pero con el tiempo ya no tengo capacidad para seguir leyendo después del trabajo.
-¿Hiciste teatro?
-Hice mucho tiempo teatro durante mi juventud, cuando estaba en la UBA. Era un elenco estable y yo era asistente de dirección, no actuaba. Hice cosas experimentales como teatro japonés, aprendí a usar mi cuerpo, mi voz, me enseñó mucho. Te mueve muchas estructuras. Pero no me podía dedicar al teatro porque tenía que pagar el alquiler.

-¿Algún superpoder te gustaría tener? ¿Por qué o para qué?
-Me gustaría tener el superpoder del buen humor y la relajación. No sé si sería algo que me quite la pasión, pero querría estar más tranquila. ¡No sé cómo hace la gente que está siempre contenta y relajada! Nunca lo logre (se ríe).
-Si pudieses agarrar el Delorean, el auto de Volver al Futuro, y viajar en el tiempo. ¿A dónde irías y para qué?
-Al futuro. Mi duda es si vamos a lograr el objetivo de alimentar al mundo y cuidar al planeta al mismo tiempo. Por eso querría viajar a 50 años por ejemplo a Cabo Polonio, Uruguay, a ver si está la misma playa virgen libre de humo y todo eso.
-Imaginate que la Andrea que sos hoy se cruza con la Andrea de la facu, la de 18-20 años, ¿Qué le dirías que pueda ayudarla?
-Que disfrute más y que se preocupe menos. Que suelte y haga lo que más le gusta sin preocupaciones. Yo vengo con una estructura de pueblo, y tenía el mandato de trabajar, comprar una casa, tener un auto, todo eso. Tarde me di cuenta de que tendría que haber relajado un poco más. En realidad, de alguna manera hacía las cosas, pero con culpa. Por ejemplo, jugar al fútbol. Jugaba igual, pero estaba pensando todo el tiempo qué iban a decir.

-¿De qué jugabas?
-De delantera. Me ponían ahí porque era medio desastrosa. Fútbol 5 y 11. Para mí era un entretenimiento. Y me enseñó muchas cosas: el trabajo en equipo, darlo todo por el compañero, las lealtades.
-¿Sos feliz trabajando vinculada al campo?
-Si, soy feliz. Hay miles de cosas que me gustaría cambiar, siento sectores muy conservadores todavía, que a las mujeres nos cuesta muchísimo, que tenemos que seguir demostrando y dando examen todo el tiempo. Siento que necesitamos cambiar la mentalidad. Ojo, desde que empecé hace 30 años cambió. Pero siento que quedan rezagos de conservadurismo en el sector y es hora de sacarlo.





