Aunque ya no ostenta el cargo de presidente de la Asociación de Pequeños Molinos Harineros (APYMIMRA), Oscar Marino continúa siendo uno de los representantes de ese sector, que al igual que las empresas más grandes ha tenido que surfear los distintos obstáculos que se fueron presentando al interior de la cadena.
“La idiosincrasia del empresario argentino en general, y creo que de los pymes también, es la de tener esa cintura y esa versatilidad para tratar de ir subsistiendo”, definió el molinero en conversación con Bichos de Campo, que hoy celebra los récords alcanzados por el trigo en la última campaña.
“Este año hubo un factor climático adicional que hizo que explotara en volumen y en cantidad. Obviamente que cuando hay tanto volumen, generalmente va en detrimento de la calidad, porque la nutrición no alcanza a ser suficiente. De cualquier manera, es bueno que Argentina produzca mucho trigo”, señaló Marino.
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Sin embargo, al igual que lo hicieron otros referentes del sector, mostró la necesidad que la cadena se muestre más integrada y apele al agregado de valor, en detrimento de la exportación del grano como mero commodity.
“Nosotros somos la primera transformación, pero también hay que pensar en las que siguen: pastas, fideos, galletitas y demás. Como sector tenemos capacidad ociosa, tenemos la capacidad de hacerlo y tenemos el trigo”, afirmó.
Para esto resulta clave contar con destinos de exportación, algunos de los cuales se han ido “pinchando”, según Marino.
“Tuvimos años buenos de exportación a Brasil pero eso se ha ido diluyendo. Hoy lo único que se está exportando es Brasil y Bolivia, pero muy poca cantidad, unas 500 mil toneladas. Necesitaríamos lograr exportar a países no tradicionales, pero para eso hay que limar muchas cuestiones como costos internos, costos logísticos, y ahí es donde tiene que actuar la interacción pública-privada. Nosotros dependemos de que los gobiernos encuentren la posibilidad de sanar los caminos para llegar a otros mercados”, sostuvo el molinero.
De acuerdo con sus estimaciones, la exportación a trigo desde otros países puede llegar a costar entre 20% y 25% menor. Y un modelo posible a copiar, para él, puede ser el de Turquía, que no produce trigo y sin embargo es uno de los mayores exportadores de harina del mundo.
“Lo hacen con un muy fuerte apoyo del Estado, que le da las condiciones para que sea posible. Nosotros necesitamos un empujón. Después la industria está preparado para hacerlo. Y eso generaría mucho más mano de obra, valor agregado, divisas para el país. Creo que es ganar-ganar”, destacó.
-¿Hay algún eco del gobierno?– le preguntamos.
-Sí, tenemos respuesta. Nosotros vemos predisposición al diálogo. Todo esto lo manejamos con la gente de la Secretaría de Agricultura, con la Subsecretaría de Mercados Agropecuarios, y hemos tenido buena acogida. Después veremos hasta dónde podemos llegar.




