Como tercera generación de una firma que lleva su apellido, nacida en la localidad cordobesa de General Deheza, el molinero Gabriel Gastaldi es uno de los que elige hablar con cautela luego de la reciente campaña récord de trigo. Si bien finalizó con un 40% más de producción que el año anterior, lo que viene ahora es la ardua tarea de colocar aquella cosecha, en un contexto de menor competitividad de la que gozan otros países.
Como reacción a una cosecha récord de 28 millones de toneladas, la primera reacción es mirar a la molinería argentina para agregarle valor a ese cereal. Pero Gastaldi impone serenidad de entrada. “Son 13 millones de toneladas de capacidad instalada las que tiene la industria argentina, pero se suelen moler 6,5 a 7 millones como máximo”.
¿Y por qué no se muele más trigo, usando al capacidad instalada al 100%? “El problema es que no se logra un mercado externo (para la harina) que permita ser competitivo, fundamentalmente en precio”, señaló Gastaldi en conversación con Bichos de Campo, en el marco de la Fiesta Nacional del Trigo en Leones.
“Hay países que tienen esquemas de subsidios en toda su cadena como Turquía, que subsidia al productor, los molinos, la fábrica, etcétera. Con la incidencia que tenemos de flete para llegar a países de África, que serían los mercados potenciales, es casi imposible competir”, marcó a continuación.
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Para el empresario, que forma parte de la conducción de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), la disponibilidad de materia prima nunca fue un problema para esa actividad. Por el contrario, ya ha habido campañas donde la marca de las 20 millones de toneladas se ha superado por amplio margen. Donde el sector pone su foco es en la capacidad ociosa de la industria, que hoy llega al 50%.
“A Brasil y Bolivia, que son siempre los dos mercados tradicionales a los que se exporta harina, enviamos 350 a 500 mil toneladas como máximo. Argentina necesita exportar 3 millones para poder lograr que la molinería trabaje a un 80% o 90% de su capacidad”, afirmó.
Aquí tampoco entraría en juego el aumento del consumo per cápita. De acuerdo con el industrial, aquel se mantiene más o menos constante y se mueve en función del crecimiento poblacional. “La unida salida para que la industria logre trabajar y moler esa cantidad de toneladas es tener mercados externos”, sentenció.
-¿Y cómo nos convertimos en competitivos?– le preguntamos.
-Sacando trabas impositivas. Lo que pide la industria no es que le den, sino que no le pongan un salvavidas de plomo arriba. Si tuviésemos esa libertad, no habría cargas tan elevadas para exportar. Argentina tiene la capacidad, a nivel tecnológico, de competir con cualquier industria del mundo. El tema es que estamos lejos y somos caros desde el punto de vista impositivo. De esa manera es muy difícil.





