De las múltiples ocasiones en que los cronistas de Bichos de Campo nos cruzamos con productores y agrónomos argentinos que nos advierten que el modelo agrícola vigente está tocando sus límites porque no está cuidando como debe a su principal recurso, el suelo, el testimonio de Fernando Herzel ha sido uno de los más contundentes. No solo porque sus palabras han sido sentidas y su diagnóstico certero. También por el rol que ocupa Fernando como gerente de Producción de Pelayo, un grupo agrícola que siembra unas 70 mil hectáreas entre el este de La Pampa y el oeste bonaerense.
“Realmente es una preocupación que los ingenieros de nuestra generación tenemos”, blanqueó Herzel en un encuentro que esa empresa organizó en Catriló, justamente para hablar de estos asuntos y ver cómo se comienza a hacer una agricultura certificada, que ponga el foco de nuevo en la salud de los suelos.
-¿De qué generación sos? En un momento dijiste que eras de los hijos de la Soja RR…
-Exacto, soy hijo de las Sojas RR, porque salí al trabajo junto con la salida de las RR a fines de los 90. Y la verdad que esos modelos de agricultura de receta, de paquete tecnológico, hizo que pasemos muchas campañas y muchos años, los ingenieros, mirando solamente la productividad, pero desde la línea del suelo hacia arriba. Y la verdad es que nos olvidamos un poco del suelo.
-Los suelos nuestros son, o fueron, suelos muy buenos, muy fértiles. Muy generosos. ¿Aún así siguen produciendo?
-Exactamente, los suelos tienen un poder buffer, de aguantarse esa extracción, ese mal uso. Pero los suelos empezaron a hablar. Y ya hace unos diez años se notan, con un crecimiento exponencial, problemáticas de suelo que se hacen generalizadas, en campos arrendados y en campos propios de productores que los trabajan también. Esto hace que no funcione bien todas las otras cuestiones tecnológicas, los eventos, los nuevos híbridos o variedades de maíces o soja, nuevos fungicidas, nuevos productos estimulantes. Todos son buenísimos, nadie discute que no funcionan. El tema es que ya no te rinden. A nivel de campo, esa tecnología no pueden expresar su potencial, porque los campos están limitados, los campos están enfermos.
Fernando fue uno de los agrónomos que propuso a los directivos de Pelayo comenzar a certificar la salud de los suelos que ellos alquilan con los especialistas de la consultora pampeana Agsus, que utilizan doce variables para el análisis. “De los doce parámetros que hay en las calicatas, hay varios de ellos que están con algunas alertas, y esos parámetros que no están bien hacen que las nuevas tecnologías no puedan expresar su potencial”, reflexiona.
Mirá la entrevista con Fernando Herzel:
Este círculo vicioso, según la visión de este agrónomo, conduce en primera medida a que la agricultura moderna vaya asumiendo mayores costos tratando de empardar la productividad que la salud de los suelos comienzan a negarle. “Nos vende el sistema que tenemos que ir por ahí, por el camino de más fertilizante, más tecnología, más híbrido, y no miramos abajo. Y sí, el sistema es más de todo eso, pero con un suelo sano”, se planta Herzel.
Que es contundente desde su experiencia práctica: “Ninguna tecnología va a redituar bien en un suelo enfermo, este es el concepto”.
“No es mirar atrás y buscar culpables. Es decir, che, miremos para adelante”.
Y en ese mirar para adelante, para ver como seguimos sembrando en un país que depende básicamente de sus producciones agrícolas, es inevitable ingresar a otro tema medio tabú, que Fernando tampoco esquiva: la relación entre quienes siembran y los dueños de los campos.
“El 70% de la Argentina se produce bajo alquileres, en arrendamientos o aparcerías. Entonces, en ese contexto de tenencia de la tierra, ¿cómo hacemos para buscar negocios a medianos y largo plazo que tengan muy claro que hay que cuidar el suelo, porque sin un suelo cuidado y sano, no hay tecnología ni potenciales que se expresen?”, pregunta el especialista.
Para este agrónomo, los propietarios de campos a esta altura de la historia deberían tener más que claro que parte de la rentabilidad que obtuvieron en los últimos veinte años se hizo a costa de degradar el recurso suelo, finalmente su patrimonio.
“Lo muestran los mapas de fósforo a nivel regional. Si uno compara quince o veinte años de diferencia en mapas de fósforo, los colores son tremendos. Y con la materia orgánica pasa lo mismo. Respecto de la física del suelo, que no sé si hay mapas, los suelos están muy complicadas”.
-¿Puede ser que haya muchos dueños de campo que ignoren que quizás ganaron más plata ellos, porque fueron subiendo el alquiler paulatinamente, pero perdieron en realidad, porque el suelo fue subsidiando todo el proceso?
-Totalmente, o sea, es una renta mentirosa. Porque sin lugar a dudas ahora están con un suelo mucho más degradado que hace veinte años atrás. Deberían saberlo, deberían pensarlo, es una posibilidad muy probable. Solamente con darse vuelta, mirar un poco los rendimientos a nivel nacional de los cultivos tradicionales, hace veinte años y ahora, los rendimientos están planchados, prácticamente no crecen. ¿Cómo puede ser si estamos invirtiendo mucho más en tecnologías, que son mucho más precisas que hace veinte años, produzcamos lo mismo que hace veinte años?”
Recordemos que la de Herzel no es la mirada de un agrónomo cualquiera, sino de uno que tiene responsabilidad sobre la producción de 70 mil hectáreas agrícolas. “Tenemos una gran heterogeneidad de zonas, de cultivos y de situaciones. Sin embargo, hay una homogeneidad en la degradación, o sea todos los suelos tienen algún parámetro flojo”, define desde esa mirada más abarcativa.
Tiene clara una cosa Fernando: Que la respuesta a esta problemática requiere del compromiso de todos los sectores involucrados en la cadena. “Hagamos algo pensando en una sustentabilidad real, no un numerito o un cartelito, no pensando en un certificado. El certificado es una consecuencia de una decisión. Nuestro propuesta es darle objetividad a un programa”, se ilusiona.
-Vos sos gerente de producción de una empresa agrícola importante. Cuando charlás con otros gerentes de empresas de la misma dimensión, ¿exponen la misma problemática? ¿Y la entienden los dueños de los campos?
-Mirá, la problemática de la degradación de los suelos no es un tema mío. O sea, es un tema muy fácil de de ver. Es el país el que está así. A este programa (para certificar la salud de los suelos) -que hace ya tres o cuatro años lo veníamos pensando, hace dos años lo pusimos en marcha, con cautela, pensando que iba a ser difícil. Pero hay mucha gente interesada en escuchar, porque realmente los problemas están. Cuando se los explicás con docencia, los propietarios de campo se esmeran en escuchar estas problemáticas. Y tal es así que hoy estamos en un poquito más del 20% de nuestra superficie certificada.






