Aunque gran parte del ananá que se consume en Argentina proviene de países como Brasil y Ecuador, la producción local de esa fruta veraniega sigue buscando alternativas para subsistir y expandir sus alcances.
En Misiones -provincia que desde finales del siglo pasado concentra casi la totalidad de la superficie destinada a ese cultivo, siendo las localidades de Jardín de América y Colonia Aurora las principales exponentes-, la incorporación de alternativas de manejo como el mulching plástico permiten alcanzar rindes cada vez más atractivos para los productores, que lo suman a sus fincas de forma progresiva.
“El mulching protege el suelo, evita el escurrimiento, reduce la pérdida de nutrientes y mantiene la humedad”, explicó Rodrigo Kramer, técnico del INTA Comandante Andresito y uno de los promotores de esta herramienta que comenzó a implementarse desde hace tres campañas.

Caracterizado por el armado de camellones a base de distintos materiales orgánicos, este sistema colabora con el cuidado del recurso suelo, así como con el control de malezas y la sanidad del cultivo. En este caso particular, el mulching plástico comprende arado taipero, fertilización e incorporación de piedra dolomita antes del plastificado, lo que favorece el drenaje.
De acuerdo con el técnico, este manejo permitió lograr precocidad con respecto a aquellas plantas sin mulching, un mayor número de hojas, plantaciones más uniformes, maduración más pareja y frutas “más dulces y de mejor calidad”.
A esto hay que sumar una correcta selección de los plantines a utilizar, para evitar la presencia de enfermedades como Fusarium y Phytophthora, que pueden ocasionar manchas marrones en la planta, obligando a su descarte.
“La preparación del suelo, el uso de mulching y un plan de fertilización adecuado resultaron determinantes para que la planta alcanzara al menos 30 hojas y pudiera inducirse la floración. A partir de ese momento, la fruta estuvo lista para cosechar en aproximadamente seis meses”, señaló a su turno Luis Acuña, integrante del INTA Montecarlo.
El técnico destacó que ensayos recientes del INTA mostraron buenos rendimientos con el uso de trichoderma, fertilizantes granulados y nanofertilizantes. Aún así, reconoció que persiste una brecha entre las recomendaciones y el manejo dentro de los campos, por lo que es clave continuar con el acompañamiento.




