A principios de febrero, funcionarios de Argentina y Estados Unidos finalmente pusieron la rúbrica al esperado acuerdo comercial y se conoció en detalle la letra chica de los compromisos. Se sabe que la sorpresa fue grata para el sector cárnico, que vio ampliar su cuota en 80.000 toneladas extra, pero no para los productores de cítricos, que confirmaron haber perdido una oportunidad histórica para su sector.
El protocolo de exportación de naranjas y mandarinas a Estados Unidos está aprobado desde 2019, pues había surgido al calor de la apertura -2 años antes- al sector limonero. Pero, desde entonces, ningún esfuerzo bastó para sacarlo del cajón. Ni aún dándole todas las de ganar al socio comercial se logró escribir esta sencilla nota al pie para un trámite ya finalizado.
La falta de lobby sectorial y la “amnesia” de los negociadores volvieron a dejar a los cítricos dulces bajo la alfombra, en un contexto de caída sostenida de la rentabilidad, aumento de las importaciones y la necesidad imperiosa de encontrar nuevos mercados como ese. Hoy, productores y exportadores ya hablan de una “gran oportunidad perdida”.
En un artículo publicado en el medio Elentrerios, Santiago Caprarulo, quien es abogado y productor, y además fue director ejecutivo de la Cámara de Exportadores del Citrus y vicepresidente de la Federación Argentina de Citrus, aseguró que el citrus entrerriano es “el gran ausente” del acuerdo con Estados Unidos.
“Es que todo el proceso técnico está hecho y la oportunidad que se deja pasar ahora es inmejorable. En 2019 vinieron todos los especialistas de ellos a revisar las quintas y los empaques y certificaron todo. Se fueron super contentos, les encantó lo que teníamos preparado acá y quedó todo listo para empezar al año siguiente. Pero nunca empezó”, explicó luego, en diálogo con Bichos de Campo.
Por eso es el gran ausente de esta negociación bilateral ya que, tras años de esfuerzos y gestiones fallidas, era el momento de aprovechar que el tren partía con muchos pasajeros y sumar a uno más.

En términos de tamaño, de hecho, sucede lo mismo que con otros sectores, incluido el cárnico: el volumen que puede aportar Argentina con sus cítricos dulces es insignificante para el mercado norteamericano, en el que se importan unos 500 millones de dólares en frutas al año.
“Para ellos, nosotros seríamos un error estadístico. Pero a nosotros nos cambiaría completamente la matriz exportadora porque es un mercado muy buscado, tiene una gran capacidad de compra y te da la posibilidad de llegar con un transit time corto”, agregó Caprarulo.
En términos de cantidades, en el sector estiman que, de haberse producido esa apertura, se incrementarían las exportaciones de mandarinas y naranjas en unas 20.000 toneladas. Para el volumen estadounidense es poco, pero para el sector, que incluso ha visto caer sus exportaciones a la mitad en los últimos 15 años, significaría un gran avance. En términos de divisas, no son menos de 10 millones de dólares extra.
Lo cierto es que este sabor agrio se siente en toda la cadena entrerriana, y no sólo entre los exportadores. Consultada por Bichos de Campo, Melania Zorzi, presidenta de la Federación del Citrus provincial, explicó que acuerdo de ese tenor “permite colocar más producto y a mejor precio, porque de por sí el mercado interno de fruta fresca ya está saturado de cítricos”.
Es sabido que, en las últimas dos décadas el sector ha perdido competitividad y presencia en otros mercados internacionales. Pero además, sobre todo este último tiempo, el problema se agrava por el aumento de las importaciones desde países “premium”, como Egipto o Marruecos, que agregan más oferta a un consumo interno estancado y socavan aún más la rentabilidad de un sector local golpeado por los altos costos.
“Tener una apertura de mercados como el de Estados Unidos te mueve toda la cadena y te revaloriza la fruta del mercado interno. Está lleno de vitaminas, a nadie le va a hacer mal”, expresó Caprarulo, que destacó el impacto de ese tipo de decisiones a nivel de inversiones, producción y hasta empleo de mano de obra.

Y el sinsabor se siente también puertas adentro, porque los dirigentes sectoriales también señalan que lo que faltó fue mayor “lobby” en favor de la fruticultura y, particularmente, de los cítricos entrerrianos.
“Sectorialmente estamos debilitados porque pareciera que representamos sólo a una región, y que no movemos el amperímetro a nivel país. La lucha es desigual”, lamentó Zorzi, que bien sabe que el sector es punta de lanza en cuanto a protocolos, trazabilidad y sanidad, incluso a nivel regional.
“Lo que pasa es que toda esa sumatoria de deberes bien hechos se corona con buenos marcados y los buenos mercados son negociaciones entre estados”, observó, por su parte, el ex titular de la cámara exportadora entrerriana. Lo que faltó fue que el sector privado también pusiera al tema en agenda.
“Nosotros tenemos todos los argumentos como para un tema tan chiquito como este y tan avanzado. Yo juzgo imperdonable que no se haya directamente aprobado y la ausencia de cualquier tipo de mención al tema me parece una mala praxis público-privada fatal”, agregó.
Lo que sucede también es que, aunque duele por lo abarcativa que fue la negociación y lo cercana que estaba la apertura, esa “mala praxis” no es la única acumulada desde 2019. De hecho, observan en el sector, gran parte del letargo se debió a la inestabilidad política que atravesaron los últimos gobiernos argentinos, las sucesivas elecciones en Estados Unidos -donde nadie quería generar bronca entre los productores- y la posterior decisión de Trump de endurecer su política comercial.
Entretanto, los años de indefiniciones tuvieron en el limbo a los más de 1800 productores citrícolas entrerrianos, que además vieron caer los precios en la industria del jugo -una de las aristas clave para el agregado de valor-, en un contexto complejo de por sí por los altos costos operativos, logísticos y de mano de obra.
“Hubo una concentración de mayor superficie y en toda la cadena productiva, desde lo que es la producción, el empaque, la comercialización y la industria. Las empresas que van logrando absorber los distintos eslabones de la cadena son las que hoy persisten en en el sector”, evaluó Zorzi.

El 2025 trajo un leve repunte en las exportaciones del sector, sobre todo a destinos de cercanía, como Brasil y Paraguay. Así y todo, ni el volumen, ni los montos de esas ventas son significativos para el sector.
“Lo que pasa es que hay que volver a jugar en primera en algún momento. Jugar en primera es exportar a Estados Unidos, es el acuerdo con Europa y, si se quieren tomar más riesgos, el sudeste asiático”, apuntó Caprarulo, que considera que, además de Estados Unidos, Argentina está en condiciones de abastecer a Canadá y México si se quisiera.
Aunque la firma del acuerdo no clausura todas las instancias de diálogo, en el sector saben que la oportunidad más grande de desempolvar el protocolo, y embarcarse en el “sueño americano” acaba de concluir. El corolario de esta nueva lección aprendida, lamentablemente por las malas, es que la fruticultura no es una política de Estado.





