“Vi el mapa, tiré un dardo, cayó en Noruega, y acá estoy”, suele contar la agrónoma Eliana Di Beco, “un poco en broma, otro poco en serio”, sobre la elección del país donde quería vivir una experiencia y trabajar un tiempo. Sin embargo, antes de eso estuvo en Italia (el pueblo donde se crió su padre), volvió a Argentina, se fue a Australia y volvió al terruño.
“Sin embargo, yo sentía que me quedaba experiencia por vivir afuera, que quería más, pero con algunas cosas claras: quería un país que funcione (sin inflación, tranquilo en lo político), tenía ciudadanía europea, con lo cual descartaba Estados Unidos o Australia donde necesitás visa o permisos, y quería un desafío con el idioma y en lo social (por eso también descartaba Italia y España). Puse el ojo en los nórdicos y apareció Noruega”, recuerda.

Antes y durante ese proceso hasta aquel país, Di Beco trabajó en CREA, entre los años 2012 a 2017, donde asegura que aprendió “todo lo que quería ser, me llevé lo mejor de cada uno y me fui siendo mejor persona y mejor profesional”. También lo hizo en la Subsecretaría de Agricultura de la Nación (2017-2019, presidencia de Macri, gestión de Luis Urriza), que le otorgó “una mirada más amplia del sistema productivo”; así como en las consultoras AZ Group y Simpleza. Hoy es manager en el área de empaque de Grieg Seafood, es una de las salmoneras más importantes del mundo. Vale recordar que Noruega es el líder mundial en la producción de salmón de acuicultura, con alrededor del 50% del salmón cultivado en el mundo.
Nació y se crió en Pilar, provincia de Buenos Aires. Su padre se vino de Italia, trabajó un tiempo campos del norte bonaerense, pero cuando Eliana era niña ya tenía su taller mecánico. De ahí que “Eli” es fanática de la Fórmula 1 (de hecho, uno de sus pasatiempos es armar autos de F1 en escala). Entre las particularidades de sus viajes, a todos los destinos llevó a su compañero de aventuras Flash, un Golden retriever al que considera su “amigo”.
“Eli” habla español como lengua madre, también inglés e italiano muy fluido. A eso hay que sumarle noruego, chino, francés y alemán “básicos”, con los que se defiende. ¡Es toda una políglota! A todo aquel que tenga entre sus sueños viajar le recomienda que se anima. Y en esta nota, vas a conocer cuál ha sido su estrategia. Ajústense los cinturones que este viaje arranca.

-¿De dónde viene el vínculo con el campo y por qué Agronomía?
-Nací y me crié en Pilar, provincia de Buenos Aires. Del campo recuerdo las historias que solía contar mi papá: la familia de él emigró desde Italia y se instaló en establecimientos del norte de Buenos Aires. Pero ya cuando yo era chica, trabajaba de mecánico. De hecho, cuando entré al CBC de la UBA estaba entre ingeniería mecánica y agronomía. Sin embargo, pesó más mi experiencia en la escuela, que si bien no era agrotécnica, te daba la posibilidad de hacer talleres y aprender tareas y oficios rurales. Trabajé con vacas, cerdos, gallinas, lo de la huerta. Producíamos ahí, aprendíamos y producíamos comida para la iglesia y el asilo. ¡Llegué a capar cerdos en el colegio!
-¿En qué momento te agarró eso de irte afuera? ¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué te fuiste?
-Yo me crié con las historias de mi padre en su pueblo en Italia. Mi papá tenía 10 años más o menos en el 1945 o 1946, cuando se fueron por la guerra de Montesilvano, provincia de Pescara, en el centro de Italia, del lado del Adriático. Y sentía curiosidad por eso de desarrollarse en otro país. Y después, a punto de recibirme de agrónoma, cuando empecé en a trabajar en CREA, muchos habían hecho maestrías en el exterior. No sabía bien qué hacer, pero me fui decidiendo por vivir al menos un tiempo en el pueblo de mi papá. Vivir un poco todo lo que me había contado y conocer el origen. Porque al final soy mitad italiana y mitad argentina.

-¿Y te fuiste con laburo o a probar suerte?
-Yo en ese momento hacía un trabajo bastante remoto en consultorías. Y cuando decidí viajar empezó la pandemia así que podía trabajar desde cualquier sitio. Quería vivir una experiencia en el exterior, aprender el idioma y ver qué se podía hacer.
-¿Conseguiste laburo de agrónoma ahí o rumbeaste para otro lado?
-No. Pasé un tiempo allá pero no veía futuro en agronomía. Ellos tienen más desarrollada la industria y el turismo que el campo. Encima mi papá estaba con un problema de salud y me volví a Argentina. Pero después de un tiempo allá, sentía que no quería volver a Italia pero que tenía ganas de explorar un poco más la vida afuera. Mi novio de ese momento había vivido en Australia y decidimos ir para allá, donde sí hay mucha agricultura.
-¿Y cómo te fue?
-La verdad que no me hallé. Hice lo que pude (se ríe). Si no estás seguro de quedarte, después de un tiempo entrás en un ciclo de permisos y visas que es estresante. Hablé con algunos referentes en agricultura para allanar el camino, pero no se dió. Me sentía muy lejos del mundo.
-¿Pero llegaste a trabajar de agrónoma?
-No. Trabajé en una fábrica de suplementos y en una empresa de audiovisual. De todos modos, mientras tanto, yo seguía haciendo consultorías para Argentina.
-¿Y después?
-Otra vez para Argentina. Estuve un año trabajando para una consultora. Tenía una mejor posición y nuevos desafíos. De todos modos, estando en Argentina no me hallé tampoco. No sabía por qué, pero sentía que me faltaba explorar algo en otro lugar del mundo. La intuición me decía que tenía que seguir intentando. Después de vivir en Australia me di cuenta de que se puede tener una vida balanceada entre el trabajo y lo social. Porque yo, en mis años en Argentina, disfruté de trabajar y tuve una gran experiencia, pero fue a costa de mi vida social. Todo era trabajo y trabajo. En Australia conocí que ese acelere con el que vivimos no es tan necesario. Trabajar y esforzarse, pero no a costa de otras cosas.
-¿Cómo fue lo de Noruega?
-Vi el mapa, tiré un dardo y cayó en Noruega. (se ríe). No fue tal cual, pero más o menos. Yo buscaba un país que funcione. Y quería el desafío de aprender idioma. Italia no, España, no. En algún momento se me cruzó Estados Unidos, pero yo ya tenía la ciudadanía italiana, entonces iba a ser más fácil alguno de Europa. Empecé a ver los nórdicos. Unos años antes había estado de vacaciones en Alaska y me había gustado mucho. No para vivir, pero si la naturaleza, otro lenguaje, un poco más salvaje. Entonces cuando empecé a ver países, evalué Alemania o Suiza, pero entre los pro y contras ganó Noruega por ser un país chico, con mucha naturaleza, próspero, con buenos indicadores en todo sentido y cercano a todo.

-¿Elegiste el país antes de saber qué ibas a hacer?
-No. Cuando estuve en Argentina se me acomodaron algunos “patitos” (se ríe de nuevo). Y me di por satisfecha con todo lo que había hecho en relación con la agronomía. Fue divertido y desafiante pero también me di cuenta de que el ciclo estaba cumplido. Después de viajar, recorrer, hablar y preguntar, considero que no soy la misma chica que a los 18 eligió Agronomía. Y me agrada que así sea. Es una carrera que elegí, pero no era una vocación.
-¿Qué te fuiste a hacer a Noruega?
-Vine con ganas de enfocar en desafíos en lo relativo a lo social, conocer una nueva cultura y el idioma. Y tener más espacio en lo personal. Busqué un trabajo operativo en lo que sea que me de la estabilidad suficiente para que el resto del tiempo lo pueda ocupar para seguir diagramando lo que venía y lo social. Así, desde Argentina me dieron una oferta de trabajo en una isla cerca de Trondheim, en una salmonera. Con la oferta laboral se me hizo fácil conseguir departamento. Y volé para allá. Pero en esa fábrica nunca arranqué porque estaba en una isla desolada y no me iba a servir para socializar.

-¿Y entonces?
-Me volví a Oslo y empecé a trabajar en una fábrica que procesaba distintos tipos de pescado, mayormente el bacalao. Ahí estuve hasta octubre de 2025, cuando empecé en otra planta procesadora de salmón, cerca del aeropuerto de Oslo. Es una planta nueva, una de las cinco más importantes del país. En la primera era operaria y en esta soy manager del departamento de empaque. Me ocupo de que todo lo que se procesa se empaquete bien.
-¿Y cómo es vivir en Noruega? El clima, los horarios, tu día a día…
-Oslo es una ciudad pero con espíritu de pueblo. Yo vivo en las afueras, a unos 40 kilómetros de la capital. En cuanto al clima, me sorprendí porque creí que era team verano, pero te puedo decir lo que me pasé al team invierno. Es durísimo, ojo. Y si no te suplementás en invierno la podés pasar con mucha fatiga. Porque hay muy poca luz. El mes más oscuro es diciembre. Y si está nublado pueden pasar semanas en las que no veas el sol. El año pasado, en Noruega y otros países nórdicos fue de fin de otoño a principio de invierno de los más oscuros de la historia, con días de pocas horas de luz y muchos días nublados. Se hace duro. Tenés 2-3 horas de luz y el sol no es pleno, es como un amanecer o atardecer. En invierno te dan ganas de dormir todo el tiempo porque nuestro cuerpo está seteado para dormir cuando no hay luz, te sentís agotado.
-¿En el verano es todo al revés?
-Si, son las 12 de la noche y tenés un sol tremendo. Estás muy desorientado. Tenés que obligarte a dormir, pero no tenés sueño. Se vive entre extremos. Pero una vez que te acostumbrás, estás bien. Y de temperaturas en verano hace 15-17 grados con toda la furia y en invierno hace 5 bajo cero, pero se va a 18-20 bajo cero. No obstante, yo le digo a mi mamá que he pasado más frío en Buenos Aires. También es cierto que las casas y el transporte están preparados para el frío.
-¿Qué extrañas y qué no de Argentina?
-Extraño a mis papás y mis amigos. ¡Y la carne! ¡Las achuras! Porque acá me acostumbré fácil a comer pescado, el salmón es más barato que el pollo, es rico y saludable, pero a la carne argentina no hay con qué darle.
-¿Son fríos como dicen los nórdicos?
-La verdad que no. Todo noruego que conocí, incluso en los cambios de trabajo que tuve, son muy amorosos y amables. Quieren que aprendas el idioma. Te ayudan. Son amigables.

-¿Y en lo laboral qué diferencias ves?
-Te podría decir la diversidad cultural que hay acá. En mi equipo tengo dos noruegos, dos suecos, un ucraniano, tres letones, un somalí, un húngaro, un serbio, un italiano y una española. Uno se acostumbre a trabajar con distintos perfiles de personas, pero acá, además, vienen de culturas muy distintas y, si bien todos nos comunicamos en inglés, a veces las costumbres son diferentes para cada uno.
-¿El idioma noruego es difícil? ¿Se parece a qué otro idioma?
-Tiene muchas menos palabras que las que usamos en español, también que el inglés. Es difícil la pronunciación porque son bien diferentes de lo que estamos acostumbrados. Y a mí me pasa que sé hablar tantos idiomas que me hago una ensalada. Por ejemplo, “Gate” en inglés se pronuncia “gueit” y significa puerta pero en noruego se pronuncia “gote” y es calle. Encima en el trabajo hablamos en inglés, salgo a comprar algo y hablo noruego, con mi familia en español, con el italiano hablamos en italiano. Una buena ensalada.
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-De los lugares que has conocido, ¿a dónde le recomendarías ir a alguien que quiere viajar para allá?
-A mí me falta viajar un poco, porque he dedicado tiempo a asentarme. Pero me han dicho que el norte es muy bonito, Tromsø, las islas Lofoten. Estoy fascinada con ir a Svalbard porque me muestran fotos y dicen que te vuela la cabeza. Es más extremo. Es una latitud donde en invierno no tenés día. Hay más osos polares que personas. Tiene algo salvaje que me atrae mucho. Y el pueblo en el que estuve cuando llegué, Trondheim, es muy lindo. En el camino vi muchos pueblos como ese. Mirá, hay una serie que se llama “Lilyhammer” que se filmó en un pueblo que se llama así. Ahí vas a poder ver un poco lo que te digo. Todos los pueblitos son bellísimos. Y Oslo me enamoró desde que llegué. Ir a los fiordos, vas y venís en ferry. Es fascinante.
-¿Tenés algún hobbie que te despeje la cabeza después del laburo?
-Yo vivo con “Flash” que es mi Golden retriever, paso mucho tiempo con él, me obliga a caminar aún si hay dos metros de nieve. Es mi gran amigo. Y estando acá me reencontré con el modelismo a escala. y me suscribí a la colección de autos de fórmula uno para armar. De chica solía construir buques de guerra con mi papá. Me encantaba. Ahora volví, pero con autos de F1 escala 1-18 y cuando me van llegando piezas voy construyendo. Son grandes como una notebook más o menos. También me gustaba el ferro modelismo, armar trenes. Y un hobbie que adquirí estando acá es ir al sauna. ¡Hasta tengo membresía!

-Pero ¿cómo es la dinámica?
-En Oslo están frente a la ópera, hay saunas flotantes, son sesiones de 90 minutos en las que pasás del sauna al mar, que si está congelado le hacés un agujero y te metés. Y si no te metés directamente. Me voló la cabeza. También hay lagos y lagunas con saunas con la misma modalidad.
-¿Es algo social o personal?
-Y… en general es social. Yo por ahora he ido sola. Es un momento de relajación. Pero también se hace en grupo de amigos. Puede ser super divertido.
-Hablaste de fórmula 1, imagino seguís mirando hoy. ¿Te animás a armar un podio de pilotos desde que mirás F1?
-Fui a Monza el año pasado. Así que sí, miro y mucho. Qué difícil armar un podio. El uno es Schumacher, porque como fanática de Ferrari me crié durante su época dorada en Ferrari. El segundo es Lewis Hamilton. Y tercero está Vettel. Un encanto de piloto.
-¿Se gana igual, más o menos que en Argentina? ¿Cómo te rinde la plata?
-Te diría que, en una posición similar, se gana tres veces más acá que allá. Y el sueldo te rinde más también, porque la economía es más estable, inflación no hay.
-¿Qué le recomendarías a alguien que como vos alguna vez puede estar pensando en hacer su experiencia afuera?
-Primero, que si tiene la curiosidad por hacerlo, que lo haga. Incluso si no sabés que estás buscando o no tenés claro el destino. Lo mío fue una cuestión de intuición. No sabía qué estaba buscando hasta que lo encontré. Segundo, es un quiebre mental hacer una experiencia afuera y el movimiento que genera empezar de cero en otro sitio es grande. Entonces, recomiendo simplificarlo lo más posible. Ojo, te lo dice alguien que se llevó un perro para todos lados, eso no es simplificar, pero no me contradigo porque Flash agregó un montón de valor a mi experiencia. De hecho, si hay alguien que está en duda de llevar o no a su mascota yo le diría que se la lleve, porque es un soporte emocional importante.

-¿Qué otras cosas te sirven?
-Si se deciden y lo hacen, les recomiendo que no se encierren en un mismo círculo de confort, de conocidos o de argentinos. Si querés hacer la experiencia de vivir afuera, expandan su mente, vayan un poco más allá de la gente conocida que esté viviendo ahí. Vivan la experiencia a fondo.
-¿La Agronomía ya fue o puede haber Agronomía en el futuro?
-A los fines prácticos sigo en Agronomía, en producción de alimentos. De hecho, para mí fue sencillo entender cómo es el ciclo biológico del salmón y cuestiones nutricionales. Y te digo que estando acá, con el background más enfocado al management, aplicándolo a una nueva industria, estoy viendo que tengo para unos cuantos años más en esta planta que arranca de cero. Estoy aprendiendo mucho de maquinaria y de automatización de procesos que es algo que siempre me gustó. Pero no descarto, en algún momento, incursionar en la industria petrolera. Aunque eso sería después de unos cuantos años afianzada donde estoy. Ahora quiero ver qué tan lejos llego acá. Eso me intriga.






