Se crió en una familia de artistas: su papá era músico y su mamá practicaba danza y la expresión corporal. Ambos eran profesores. Pero a Adriana Godoy le picó el bichito del campo, estar al aire libre, las plantas, y también la vid. Claro, se crió bien cerquita de los imponentes Valles Calchaquíes salteños. ¡Hasta se imaginaba viviendo y trabajando allí! Pero las vueltas de la vida le propusieron un cambio: uno de sus primeros trabajos fue como vendedora de maquinaria agrícola. Y se animó. No faltaron reveses, pero ella encontró en la capacitación un aliado para avanzar en el mundo de la tecnología aplicada al campo, hasta convertirse en una referente.

Adriana es agrónoma, tiene una especialización en mecanización agrícola, lleva más de 20 años en el INTA, es docente y jurado en los Premios Ternium Expoagro a la Innovación Agroindustrial (10ma. edición), además de integrar el equipo técnico del Tecnódromo Mario Bragachini en dicha muestra. Vive en la localidad de Vaqueros, a 15 kilómetros de la capital salteña, es madre de tres hijos y, curiosamente, toda una apasionada por el arpa, instrumento que aprendió a tocar con su abuelo, el reconocido arpista Isbelio Godoy.
En el capítulo 139 de El Podcast de tu Vida (que está arrancando su séptima temporada), les propongo conocer algunos apuntes del camino de una mujer cálida, alegre, expresiva y de fuertes convicciones.

-¿Cómo y dónde fue tu infancia?
-Nací y me crié en Salta capital. Tengo un hermano. Nos criamos en un hogar muy dinámico, mis padres siempre fueron docentes pero artistas. Mi papá vinculado a la música, mi mamá a la danza y la expresión corporal. Hacíamos las tareas mientras mi papá daba clases y hacía un ensayo coral, o mientras mi mamá daba clases de baile.
-¿Cómo surgió lo de dedicarse al campo? ¿De dónde viene?
-Cuando era chica no entendía muy bien de dónde venía ese gusto por lo rural. Sí sabía que quería estar en el campo. De hecho quería entrar en la escuela agrotécnica pero no pude y terminé yendo a un bachiller pedagógico. Pero yo cada vez que estaba en el campo o compartía con gente que trabajaba en el campo la pasaba muy bien. Y tenía esa curiosidad de preguntar por qué hacían tal o cual cosa. Me gustaban las plantas.

-¿Y la música?
-Siempre estuvo. Mi abuelo, Isbelio Godoy, era un arpista muy reconocido, era un virtuoso del arpa. El nació en Paraguay y ese era su instrumento. Recorrió todo con el arpa, era su vida. Entonces también fue una opción dedicarme a eso profesionalmente. Pero pesó más el campo.
-¿Y cómo imaginabas tu futuro cuando elegiste Agronomía? ¿Cambió eso que pensabas antes respecto de lo que hacés ahora?
-¡Uy, si! Una de las cosas que más me gustaba era todo lo que está vinculado con la vid. Me proyectaba en una bodega en los Valles Calchaquíes, que son preciosos, incluso me imaginaba viviendo ahí. Sin embargo, cuando estaba terminando la carrera quise hacer una pasantía. Y en ese momento en la cartelera de la facu vi un llamado para hacer una en un concesionario de maquinaria agrícola. Primero dije no. Después me pregunté, ¿por qué no? Me gustó siempre incursionar en cosas nuevas. Fui y quedé. Lo que empezó como una pasantía se convirtió en mi primer trabajo y ahí me di cuenta que me gustaba mucho. Y eso que era un consecionario en pleno centro de Salta, haciendo ventas de salón. ¡Imaginate si me gustaba en ese contexto, cómo sería usándolas realmente en el campo!
-Claro combinar eso que vos te imaginabas de la naturaleza con los fierros…
-Lo que me atrapó en ese momento de las máquinas fue que significaban el medio para acortar la diferencia física entre el hombre y la mujer. “Si me subo a un tractor puedo hacer lo mismo que un hombre”, pensé en ese momento, con 20 años. Lo que nunca dimensioné fue lo masculino que era el ámbito. Y aparte, estoy en una provincia que siempre fue muy conservadora. Empezó un camino de desafíos permanentes.
-¿Y cómo te fue siendo mujer en el campo?
-Ahora te puedo decir que me fue bien, pero admito que fue duro. Sigue siéndolo. En algún momento me planteé, ¿cómo logro que me escuchen? Y la llave, para mí, fue el conocimiento. Entrar al INTA me dio esa posibilidad, tener una institución que me respalda, te da prestigio y representás algo más que un nombre. Hice una maestría en mecanización agrícola en La Plata, y también acepté que había lugares donde realmente no se podía. En mi primer trabajo, donde era vendedora, me llegaron a decir “de tractores no voy a hablar con una mujer”. Entonces yo le daba una tarjeta y le recomendaba a un compañero. Y listo. Eso lo vas aprendiendo con el tiempo. Saber que no es algo personal, que por ser mujer no podes opinar de ciertos temas.

-¿Cómo ves a los jóvenes y ese vínculo con el campo? ¿Qué pueden aportar?
-Los chicos ahora tienen un rango muy pequeño de frustración, y eso es fruto del momento en el que les toca crecer. Por eso, me parece importantísimo que hagan deporte, o música, el arte en general, porque te forma en las frustraciones, las cosas no te van a salir bien desde el primer momento. Para mí es maravilloso todo lo que pueden hacer hoy con la información a la que tienen acceso. El desafío es enseñarles el pensamiento crítico, y esa paciencia que por ahí no tienen.
-¿Hay más o menos interés en las carreras relacionadas con el campo?
-Yo creo que hay más interés. Es interesante entender también el trabajo interdisciplinario y en equipo que se puede hacer. Hay muchas profesiones y oficios que ayudan a resolver cosas que pasan en el campo.

-¿Qué nuevas tecnologías vinculadas a los quehaceres rurales te parecen más prometedoras o útiles?
-Es maravilloso todo lo que hay. Gracias al Tecnódromo, que es donde se muestran todas las innovaciones en Expoagro, y a ser jurado en los premios Ternium, voy conociendo cosas increíbles. La automatización me parece maravillosa. Todos los sensores que permiten detectar errores en tiempo real y resolverlos, sea en siembra, pulverización o cosecha. Me asombra la IA en todos los sistemas de aplicación selectiva. Ni hablar lo que pueden hacer los drones.
-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?
-Me gustan muchas cosas. Pero lo que creo más me gusta es cuando tengo que calibrar, poner a punto una máquina. Porque es como más se aprende. Probando, experimentando, ajustando.

-Arranquemos con el pin-pong. ¿Tenes o tuviste mascotas?
-El mundo de las mascotas era absolutamente desconocido para mí hasta que mis hijos trajeron un perro a casa. Cuando éramos chicos la dinámica familiar no nos permitía darle la atención que merece a una mascota. Hoy tenemos una perrita border collie, que se llama Frida y realmente es un hijo más. No sabía lo lindo que era el vínculo con una mascota hasta que lo viví.
-Sos una apasionada por lo que hacés, pero ¿cómo despejás tu cabeza?
-Para mí es re importante hacer esa desconexión. Soy música, toco el arpa desde los 10 años. Es un cable a tierra increíble. Además, me gusta mucho leer, me gustan autores latinoamericanos y los clásicos.

-¿Qué lees?
-Cortazar, Neruda, Borges, García Márquez. La poesía de Benedetti. Y voy explorando con autores no tan renombrados como Jorge Arlt. Estoy abierta a todo. Amo Drácula también, si hablamos de clásicos. Me atrapa la creatividad.
-¿Y cuando escuchás música qué te gusta?
-La música me gusta. Exploro todo. Obvio algunos géneros me gustan más que otros, como el rock, rock nacional, el reggae, el folclore nuevo, porque del viejo ya escuché mucho durante mi infancia. Me gusta la música clásica, escucho mucho Piazzola. Al ser músico te atraen otras formas de interpretar, las armonías, las melodías.

-¿Qué tema elegís?
-Uno de mi abuelo, Isbelio Godoy, “Vuelo de mariposas”,
-¿Qué tal te va en la cocina? ¿Alguna especialidad?
-Me llevo bien, he ido aprendiendo pero mi especialidad son las pizzas amasadas y a veces lo hacemos con mis hijos, amasamos los cuatro. Disfrutamos de la previa. Ponemos música mientras amasamos, conversamos, la cocina queda hecha un lío, pero es lindo.
-¿Series? ¿Pelis? ¿Por dónde vas?
-Me gusta el suspenso, la intriga para resolver cosas. El último tiempo nos enganchamos con una serie viejita pero muy buena que es “Criminal minds”. En algún momento vi “Game of thrones”. Pero no tengo mucho tiempo tampoco.

-Si pudieses subirte al Delorean y viajar en el tiempo ¿A dónde te gustaría ir?
-Creo que me gustaría compartir un momento con mi abuelo, porque él me enseñó tocar el arpa. Cuando elegí hacerlo tenía diez años. Y eso que ninguno me había presionado para hacerlo. Hay un dicho entre músicos que uno no elije el instrumento sino que el instrumento te elige a vos. Mi abuelo era un músico intuitivo, no leía partituras, de hecho sólo terminó la primaria, se había criado en el campo en Paraguay. Entonces me hacía escuchar y tocar. Y pasamos muchas horas juntos. Sería hermoso volver un rato a esos momentos.
-¿Qué le diría la Adriana de hoy a la Adriana de los 18-19 años, que estaba arrancando en la adultez?
-Probablemente tomar las cosas con más calma. Cuando era chica no paraba. Hoy sigo parecida (se ríe), pero me tomo mis tiempos en otras cosas que me apasionan como la agronomía, la música y ser madre.





