La problemática de las jaurías de perros asilvestrados o salvajes en Tierra del Fuego es de aquellos problemas recurrentes frente a los que casi nadie mueve un dedo: aunque los seres humanos son responsables directos de su abandono, nos vamos acostumbrando y naturalizamos, ya son parte del paisaje… Hasta que una nueva masacre vuelve a sacudirnos.
Esta vez la masacre sucedió nada menos que en una institución icónica de la isla, la Escuela Salesiana que ha formado durante décadas a muchas camadas de chicos. Allí, los perros cimarrones provocaron en solo dos días la muerta de 120 corderos, según denunciaron las autoridades de la escuela agropecuaria.

“En este caso, como le está pasando a muchas estancias en nuestra provincia, el ataque de perros asilvestrados nos dejó el saldo de 120 corderos muertos. El trabajo de todo el año, la inversión en alimentos para la enseñanza agrícola, y para la producción, se tiraron a la basura en dos días”, lamentaron desde la Casa Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria.
Mauricio Hoyos, directivo de esa escuela, contó a Bichos de Campo que el escenario puede ser aún peor, porque no se han terminado de reunir a todos los animales y hay muchos heridos. “El número de 120 lo vamos a superar seguramente. Nos queda algunos por recoger en el campo y tenemos 50 animales lastimados, que tenemos que ver si podemos recuperarlos o si terminarán muriendo”, señaló.
De las 550 a 600 ovejas que tiene la Escuela, este lote era el de reposición. Se trataba de corderos destetados hace apenas unas semanas, trabajo en el que asistieron los alumnos con seguimiento de los instructores.
“No es solo un impacto económico y productivo, tiene un impacto muy importante para la escuela, para el trabajo que hacemos con los alumnos. Esto está muy vinculado con la responsabilidad social, porque esta problemática que tiene Tierra del Fuego desde hace tanto tiempo no inicia en el campo, sino que inicia en la ciudad. Hay una cuestión de cuidado a nivel de políticas de los distintos gobiernos, sin importar el color político, de mantener un sistema de castraciones masivas, de chipeos, y después por supuesto está la responsabilidad social de las personas que indirectamente están vinculados a la producción. Si las ciudades no se hacen responsables, después terminamos acarreando estas situaciones que en la provincia viene siendo un gran tema hace muchos años”, sentenció Hoyos.
Por supuesto, no queda otra que tragar saliva y apechugar. Desde hace años que la proliferación de jaurías de perros salvajes en Tierra del Fuego es un problema severo. Se origina sobre todo en los alrededores de la ciudad de Río Grande porque allí está concentrada la mayor parte de la población que trabaja en las industrias ensambladoras. Muchos de los trabajadores allí radicadas provienen de las provincias del norte del país y tienen muy arraigada la cultura del “perro”: tienen varios animales por familia, que quedan sueltos y tienen el campo a la vuelta de la esquina.
Con el correr de los años, estos perros quedan diseminados por el campo, se van “asilvestrando, recuperando características de sus antecesores los lobos, se refugian en la zona de sotobosque más cercana a la localidad de Tolhuin y producen enormes daños sobre las majadas de ovejas tan características de esa región y también sobre la fauna nativa, como los guanacos”.
Tanto es el daño que el stock de ovinos de Tierra del Fuego- que alguna vez llegó a ser de 1,5 millones de cabezas- se ha reducido drásticamente a solo 317 mil cabezas en 2025. Las 58 estancias que quedan en la isla están sub-explotadas y solo en algunos casos han intentado una reconversión hacia los bovinos, que tiene mayor resistencia contra el ataque de los cimarrones. Los perros también han protagonizado ataques a seres humanos en la zona de Ushuaia.
En este escenario de acelerado despoblamiento de las zonas rurales, el trabajo de la Escuela Salesiana de Río Grande cobra una importancia adicional. “La dimensión ecológica de nuestra escuela tiene varias vertientes de estudio, entre estas, la que refiere a una ecología integral y a la responsabilidad ecológica en una mirada abierta a lo social, económico, productivo y con mirada evangélica, desde los más pobres”, escribieron sus autoridades luego de sufrir el ataque de los perros.
Luego, sin odios a cuestas, explicaron: “En referencia a la responsabilidad ecológica, no se trata solo de defender el equilibrio natural, sino en ser responsables a la hora del cuidado animal. Que no solo significa el “no” al maltrato animal, sino a nuestra responsabilidad en el cuidado y control de la vida animal”.
Desde hace rato que se sabe que un principio de solución al tema de los perros que afectan tanto la vida rural en la isla es que la población de Río Grande asuma responsabilidades y cambie conductas frente al cuidado de sus propios perros. Desde la escuela Salesiana se insistió en este aspecto: “En concreto, el chipeo de animales, la castración, el no abandono de animales cuando dejamos nuestras casas, la intervención de zoonosis, son todos elementos que hacen a la ecología. No es solo llorar por televisión cuando vemos faenar animales para la alimentación de proteínas necesarias, sino en ser responsables. Las consecuencias de la falta de conciencia, están a la vista. Hoy, el trabajo de nuestros alumnos y docentes, está destruido”.





