Hay una tendencia dentro del sector frutícola que en los últimos 20 años no hizo más que profundizarse: la exportación de frutas frescas se encuentra en franco declive y por debajo de su industrialización, como consecuencias de políticas poco favorables para la actividad y el comercio. A este escenario se suma ahora un diagnóstico todavía más preocupante: las importaciones se han disparado y ya le pisan los talones a las ventas al exterior. En divisas, las igualan.
De acuerdo con un reciente informe de la consultora Top Info Marketing, a cargo de la ingeniera agrónoma Betina Ernst, la falta de políticas de apoyo complicaron el sostén de una fruticultura moderna, que no puede incorporar la tecnología necesaria para competir a nivel internacional ni para ofrecer la calidad que hoy exigen los mercados más exigentes.
A eso se suma otro efecto negativo: la industria frutícola tiene un escaso peso relativo dentro del comercio exterior argentino.
Como se ve con claridad en los gráficos elaborados por Ernts, en este escenario las exportaciones de frutas frescas se han estancado o caen en los últimos años tanto en volumen como en valor, mientras que las importaciones vienen creciendo sin prisa ni pausa, al punto tal que en 2025 la Argentina gastó tantas divisas en frutas como las que generó exportándolas. Las que entran no son solo la tradicional banana, del cual siempre el país dependió de importaciones, sino un poco de todo. La picardía es que la mayor parte de esa fruta importada se puede producir perfectamente aquí.

“Los principales generadores de divisas del país son las oleaginosas, los granos, los hidrocarburos y la minería. En un contexto de crisis económicas recurrentes y riesgo de default, el país tiende a priorizar los sectores que mayor ingreso de divisas aportan, relegando a las economías regionales. De este modo, la importancia de la fruticultura como generadora de empleo, sostén social, proveedora de alimentos saludables y garante de la sustentabilidad de los ecosistemas agrarios queda subordinada a las situaciones de emergencia”, explica la consultora en su descarnado análisis.
Aquí se agrega el famoso “costo argentino”, que entre la mayor presión tributaria y el complejo sistema laboral actual conlleva a una pérdida de competitividad y a una fuerte caída en las exportaciones.
En cifras, entre 2022 y 2023 se alcanzó un piso histórico en la actividad, con exportaciones totales inferiores a la mitad de las registradas una década atrás. Eso se combinó con la apertura del mercado local a productos importados, que si bien buscó forzar al producto nacional a mejorar su competitividad y calidad, generó el efecto contrario.
“La apertura se concretó antes de reducir a los productores la carga impositiva, bajar los costos internos e implementar una reforma laboral. Como resultado, el productor local enfrenta una competencia desleal, al tener que competir con productos provenientes de países con estructuras de costos considerablemente más bajas”, indica el informe.
“Las estadísticas de comercio exterior reflejan con claridad esta problemática. Mientras las exportaciones apenas mostraron una leve recuperación, las importaciones se dispararon, hasta el punto de que en 2025 el valor importado igualó al exportado”, añade a continuación.
Datos aportados por la consultora Alfa, especializada en estadísticas vinculadas a la producción de alimentos frescos en Argentina, permiten graficar el panorama.
En el caso de la pera, las importaciones desde Chile se incrementaron un 100% en 2025 respecto al año 2024, alcanzando las 370,16 mil toneladas, contra las 338,11 mil exportadas.
El limón y la naranja, por su parte, crecieron en importaciones en mayores porcentajes: 130% y 175% respectivamente para ese mismo periodo. Se importaron 19,17 mil toneladas de limón y se exportaron 216,92 mil toneladas (un 26,5% más que en 2024), mientras que de naranja se importaron 6,6 mil toneladas y se exportaron 80,2 mil (20% más).
La nota la dio el durazno, con un aumento de 292% en sus ingresos en 2025 al país, alcanzando las 113,99 mil toneladas provenientes principalmente de España y Chile. Sin embargo, sus exportaciones cayeron un 44,4%, con 2,7 mil toneladas exportadas.
La manzana y la ciruela también registraron subas aunque menores a las mencionadas. La primera aumentó sus importaciones en un 44%, alcanzando las 3,3 mil toneladas, y la segunda lo hizo en un 67%, alcanzando las 2,29 mil. Por el contrario, de manzana se exportaron 91,54 mil toneladas y de ciruela 1,36 mil.
Top Info suma a estos ejemplos los casos de las paltas, las limas, ananás, uvas, kiwis y cerezas, cuyos ingresos compiten directamente con la producción local y reducen su espacio en el mercado interno.
“Las bananas concentran la mayor parte de estas compras externas. Cabe recordar que Argentina supo tener una producción bananera significativa, pero la desidia, los intereses contrapuestos y la ausencia de políticas de apoyo llevaron a una fuerte reducción de la producción”, demuestra la consultora.
Para concluir, el informe señala: “En términos de volumen, las exportaciones aún superan a las importaciones, dado que su valor unitario es inferior. Tradicionalmente, Argentina fue un país netamente exportador; sin embargo, por primera vez esta condición se diluye, pasando a ser también un país importador de frutas”.




